(in)Visibilizando la brecha digital por género

Comparto una nota del blog http://ensororidad.wordpress.com

Taller Cuetzalan 1 byn

Si bien la brecha digital por género es un tema que me preocupa, apasiona, interesa y sobre el que vengo trabajando hace un tiempo, este post fue motivado especialmente por el suceso que protagonicé con un “Macho Progre” y sus súbditos en Twitter, quienes rotundamente niegan una desigualdad de género en este ámbito. A fin de contribuir con la instrucción de estos cyber-patoteros, sintetizo algunas de las principales características de este fenómeno que lxs representantes del pensamiento misógino y patriarcal pretenden continuar invisibilizando.

En la última década, lxs latinoamericanxs estamos siendo protagonistas de un gran proceso de fortalecimiento de derechos sociales. Uno de los avances más contundentes es, sin dudas, el fortalecimiento de distintas líneas de acción que contribuyen a facilitar un acceso más equitativo a las herramientas conocidas actualmente como TICs (Tecnologías de la Información y la Comunicación).

Con diferentes matices, varios países del cono sur han puesto en marcha políticas públicas destinadas a garantizar que en todos los hogares y escuelas “haya una computadora”. Desde el año 2009, Venezuela lleva adelante el desarrollo de Canaima Educativo. En 2010 Uruguay implementó el Plan Ceibal mientras que el mismo año en Argentina fue creado el Programa Conectar Igualdad. Y a partir del 2011 Ecuador impulsa un plan nacional para aumentar la conectividad mediante el Programa de Acceso Universal a las Tecnologías de Información y Comunicación en el marco de la Estrategia para el Buen Vivir.

Ahora bien, garantizado el acceso básico, ¿podemos afirmar que hay igualdad en el uso, apropiación y beneficio que usuarios y usuarias obtienen de la tecnología? Claramente, la respuesta es NO. Y en este punto vale llamar la atención sobre el uso tendencioso de las estadísticas que ocultan que, detrás de una distribución equitativa de recursos formales, existe aún una desigualdad real en el desarrollo tecnológico por parte de mujeres y varones.

En la XII Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe que se realizó en República Dominicana a fines del año pasado, se presentaron algunos datos que deberían al menos llamarnos la atención… Ya promediando la segunda década del siglo XXI, las dos terceras partes de la población analfabeta de Latinoamérica son mujeres.

A pesar de las múltiples iniciativas que promueven una mejor distribución de recursos tecnológicos entre la población, en la cultura latina las mujeres siguen siendo consideradas menos capaces que los hombres en materia de ciencia y tecnología. Por otra parte, no se cuestiona la división sexual de las tareas domésticas, que sigue redundando en “horas extra” de trabajo para las mujeres y, en consecuencia, menos tiempo libre para sentarse frente a una PC. Es decir que la brecha digital por género existe y persiste más allá de las políticas públicas bienintencionadas que intentan garantizar la igualdad en el acceso.

Por supuesto, esta desigualdad en el manejo de la tecnología aumenta a medida que se avanza en niveles de profesionalización. Lila Pagola señala que actualmente la participación de mujeres profesionales alcanza el 25% en el sector de las tecnologías de la información. Y aún peor,

“en algunas comunidades específicas, que es bastante paradójico respecto de su objetivo principal de existencia, como la comunidad de Software Libre, ese porcentaje baja al orden de entre el 2 y el 5% de mujeres participando como programadoras”

Como todo proceso social, las causas no son tan lineales como para encarar el problema desde un sólo frente. Hay muchos desafíos por delante, empezando por problematizar los prejuicios y sentidos comunes que relegan a las mujeres de los ámbitos científico-tecnológicos. Cuando buscamos un técnico, un programador, un ingeniero, ¿qué idea de ciencia y tecnología hay por detrás?

Volviendo a la idea inicial, para pensar en una construcción colectiva de una “solución” no se trata de aplicar una receta mágica. Pero sí hay un necesario punto de partida que es identificar, reconocer, visibilizar que la problemática existe. Sólo haciendo visibles las barreras sociales, económicas, políticas, educativas que limitan una igualdad real en términos de género, podemos empezar a vislumbrar formas de comunicación tecnológica basada en la justicia.

Fuente: http://ensororidad.wordpress.com/2014/03/11/brecha-digital-por-genero/

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