Llega la red social para la gente ANTI-social

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Las redes sociales, a pesar de los mensajes agoreros de luditas o ignorantes tecnológicos, están propiciando el contacto humano a todos los niveles. Generan fenómenos como la democracia líquida. Incluso cristalizan un tipo de colaboración inaudita en la historia de la humanidad que compete todas las áreas, incluso la propia divulgación científica.

Sin embargo, hay personas que no nos gustan, o sencillamente no tenemos ganas de ver (y lo de descolgar el teléfono, en una época 1.0, ya no funciona). Y el poder de las redes sociales también podría emplearse para evitarlas. Esa es la idea central de la app Cloak.

La app usa los datos de localización de plataformas sociales para mostrarte sobre un mapa el paradero físico de tus contactos, de forma que tú puedas evitar encuentros “accidentales”. De momento, Cloak toma información de localización de Foursquare e Instagram, pero sus desarrolladores trabajan para conectar la app a otras varias redes sociales en el futuro próximo.

O incluso puede servir para no toparnos con nuestra ex novia, lo cual simplificaría esta escena de la serie de televisión Cómo conocí a vuestra madre donde Ted muestra un mapa de Manhattan con los lugares a los que no pueden ir so pena de encontrarse con su ex novia:

–Joder, Ted, ¿hay algún sitio en Manhattan donde podamos ir a cenar?

–Por supuesto. Mirad esto.

–¿Qué es eso, Ted?

–Un pequeño mapa que he fabricado. Una guía con los sitios en los que podría encontrarme con Stella. Las zonas en rojo hay que evitarlas. Las blancas son seguras. Y la azul es agua.

–Esto es ridículo.

–Bueno, el agua es azul.

 

Fuente: http://www.xatakaciencia.com/tecnologia/llega-la-red-social-para-la-gente-anti-social?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+xatakaciencia+%28Xataciencia%29

Cuando nuestro planeta se rompe

Cuando nuestro planeta se rompe

Comparto un video publicado en http://www.xatakaciencia.com En el siguiente vídeo nuestro planeta se rompe. Más atinadamente, lo que se rompen son distintos glaciares del planeta. El vídeo procede del fotógrafo James Balog. Los dos chicos en el acantilado al principio … Sigue leyendo

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Debés viajar para comprobar que algo existe de verdad: la montaña irreal que estuvo 100 años en los mapas

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Una de las razones que deben propulsar nuestros viajes, entre tantas otras, es la mera consignación de que lo que nos contaron es real. A veces, para demostrarnos que lo contado era exagerado (cuántas veces hemos descubierto que tal o cual lugar no era para tanto); otras veces para descubrir rincones de los que nadie habló. También para desmontar mitos o estereotipos (¿de verdad alguien que ha viajado al sur de Alemania puede afirmar que los alemanes son cuadriculados?).

Y en ocasiones, también, para descubrir sencillamente que lo que nos dijeron no está allí realmente. Que la gente repetía como loros porque nadie viajaba allí a comprobarlo.

Mapas que dicen mentiras

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De hecho, hay viajeros que se dedican a visitar lugares que en los mapas sí figuran, pero en el mundo real no existen. No se trata de errores de los mapas, al menos no son errores deliberados, sino pequeños gazapos que las editoriales que publican mapas introducen a fin de demostrar que otra editorial les ha copiado literalmente el contenido, incluyendo el gazapo, frente a un tribunal. Se llaman Trap Streets (calles trampa).

Los errores son mínimos, lo suficientemente pequeños como para no molestar a los usuarios. Un callejón que no existe, por ejemplo. O introduciendo unas curvas en una calle que no existen en la realidad. O dibujando un carril estrecho para una calle que en realidad es importante. O alterando algún nombre de la calle.

Si queréis visitar alguna calle trampa en España, el caso más célebre está en La Rioja. Tanto en Google Earth como en Google Maps, en el término municipal de Alfaro, aparece una población llamada Eixt. Sin embargo, que no se os ocurra acercaros hasta allí. En realidad, Eixt no existe (irónicamente su nombre casi puede leerse como «Existe»).

En Alemania también podéis encontrar muchas calles trampa. Sólo en Zeuthen, se reflejan cuatro calles que en realidad no existen (Wiesenstrasse, Adolph-Menzel-Ring, Otto-Nagel-Allee, Max-Liebermann-Strasse y Otto-Dix-Ring). Estas calles aparecen dibujadas en el interior de un bosque. Las calles reales, sin embargo, están más al norte.

Pero esto son minucias. Si realmente queréis ver (o no ver) algo grande deberéis ir a África. Imaginad toda una cordillera montañosa de mentira.

Las lengendarias montañas Kong

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En 1798, el cartógrafo inglés James Rennell inventó una cordillera entera de montañas que se extendía nada menos que miles de kilómetros en África occidental, de oeste a este desde la actual Nigeria hasta Sierra Leona. Una barrera que tiró para atrás a muchos exploradores europeos de la época. Las bautizó montañas Kong.

Lo más curioso es que tales montañas imaginarias se creyeron reales durante más de cien años. Hasta que un aventurero francés llamado Louis-Gustave Binger decidió ir a visitarlas por sí mismo. ¿Cómo es posible que el engaño durara tanto tiempo? En primer lugar, porque la gente viajaba poco… ahí reside la magia de viajar, en parte. Y, en segundo lugar, a causa de la falacia de autoridad: Rennell fue uno de los fundadores de la mítica Royal Geographical Society, de la que ya os hablé en otra ocasión en Conoce los secretos del mayor santuario de aventureros y viajeros de la historia (cuyo presidente es un famoso humorista). Abunda en ello Simon Garfield en su libro En el mapa:

Los especialistas estadounidenses Thomas Bassett y Philip Porter han identificado cuarenta mapas que muestran las montañas de Kong en distintas fases de desarrollo desde 1798 hasta 1892, llegando a formar una cordillera del tamaño de un estado pequeño africano. Ante la falta de testimonios que desmintieran su existencia, los cartógrafos se fueron copiando unos a otros, eso está claro. Pero el hecho de que algunas de las representaciones más convincentes de las montañas Kong aparecieran en los mapas muchos años después de que los hermanos Lander confirmaran que el Níger desembocaba en el golfo de Guinea ponía en entredicho la teoría de que habíamos entrado en una nueva era científica.

Hoy en día, los mapas son un poco más fiables, aunque todavía contienen imprecisiones (deliberadas o no), e incluso errores de bulto, como el reciente descubrimiento de que una isla del Pacífico Sur llamada Sandy no existe a pesar de que igura en mapas de hasta el año 2000.

Leer libros de viajes está bien para conocer la idiosincrasia de un lugar a través de los ojos de un viajero particular. Las guías de viajes son meras consignaciones de sitios célebres porque un grupo suficiente de gente ha decidido que sea así. Viajar por un mismo, con la mirada lo más clara y escrutadora posible, permite anular un poco, aunque solo sea un poco, todas las dioptrías propiciadas por lo anteriormente enumerado.

Viajad por vosotros mismos siempre. Viajad. Vuestra experiencia sensible vale más que lo referido por mil mapas, mil libros y mil habladurías. Viajad para derribar miedos y manías. Viajad por todo eso, y porque resulta tremendamente divertido.

Fuente: http://www.diariodelviajero.com/cajon-de-sastre/debeis-viajar-para-comprobar-que-algo-existe-de-verdad-la-montana-irreal-que-estuvo-100-anos-en-los-mapas?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+diariodelviajero+%28Diario+del+viajero%29

Relámpagos en Rosario, Santa Fe – Argentina

Esta galería contiene 32 fotos

Comparto una galería de fotos tomadas el 03/02 y 04/02/2014 en Rosario, Santa Fe, Argentina. Click en la foto para agrandar. Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 3.0 Unported.

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Secuencias de Fotografías

Secuencias de Fotografías

Comparto una galería muy interesante, que se publicó en el Blog 1 Design Per Day Red Bull Illume es el principal concurso de fotografía internacional dedicado al mundo de la acción y los deportes de aventura. Su propósito es dar … Sigue leyendo

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Síndrome del viajero eterno o choque cultural

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En general, no nos paramos a pensar sobre la sensación de tener un “hogar”. No hablo de un espacio físico como es una casa o un piso, sino de la ciudad en la que vivimos. El lugar donde al volver de vacaciones, aunque haya sido por poco tiempo, sentimos una sensación de familiaridad, seguridad y calma.

Es importante para el desarrollo de la identidad personal tener un hogar, un lugar del que sentir que se forma parte.  Pero a veces por circunstancias de la vida, hay que marcharse de ese lugar y empezar una nueva vida en otro, entonces ¿Qué pasa con nuestro hogar? ¿Sigue siendo el mismo?

En estos casos suele aparecer lo que se llama, Síndrome del viajero eterno. En psicología, también es conocido como Choque cultural.

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Es el impacto psicológico que tiene una persona cuando regresa a su país o ciudad de origen, después de haber vivido en un lugar distinto durante un periodo largo de tiempo. Deben enfrentarse a una readaptación, ya que la sensación que tienen es que no son de ninguna parte, no se sienten parte del lugar actual, pero al volver tampoco sienten que éste es su hogar, perciben que es distinto a lo que recordaban y ya no se sienten identificados con el. Deben aprender nuevos procesos, ya que muchas de las reglas sociales y de comportamiento han cambiado en su ausencia.

Todo esto provoca una tensión emocional y mental, que les provoca miedo, ansiedad, nostalgia…e incluso puede traducirse en sintomatología física, como dolores de cabeza, insomnio, aburrimiento, apatía, agresividad, pérdida de apetito o bien al contrario, comer, beber o limpiar compulsivamente, ataques de llanto injustificados…

Lo curioso, es que se mezclan las ganas de volver al país de origen, por la sensación que se tiene de perder a la familia, los amigos, etc pero al llegar se siente nostalgia y ganas de volver al país actual. Es como ser de ninguna parte. Toda esta tensión psicológica puede producir afectación en la identidad personal  y en la autoestima.

Pero ¿cuáles son las causas? Conozcámoslas:

– En todas las culturas y países, existen una serie de claves culturales y pautas conocidas de forma inconsciente que nos dan sensación de pertenencia. La separación de estas, y el aprendizaje de las nuevas, hace que al volver al país de origen sientas algo parecido a lo que sentiste cuando llegaste al nuevo lugar, porque esas pautas ya no son las tuyas.

– La ambigüedad de lo nuevo. Cuando llegamos a un nuevo lugar todo nos parece extraño, pero poco a poco vamos adaptándonos, hasta tal punto, que cuando volvemos al lugar de origen es ese el que nos parece raro y nuevo.

– Al llegar a un nuevo lugar, nos empezamos a cuestionar valores de nuestra cultura o país que antes nos parecían del todo adecuados y normales, debido a las diferencias culturales. Este cuestionamiento al volver al país de origen, se agravan al comprobar de primera mano esas diferencias.

Pero no os preocupes viajeros, que esta sensación no dura eternamente. Veamos las fases del Choque Cultural:

La luna de miel o euforia inicial: Durante los dos primeros meses aproximadamente, todo es novedad, la ciudad, los olores, la comida, las personas…casi no tienes tiempo de pensar en nada más, son como unas vacaciones.

El rechazo o irritabilidad y hostilidad: la luna de miel ya ha finalizado. Lo nuevo ya no te llama la atención y empiezas a encontrarte con problemas que no tenías antes. Empiezas a comparar aquellas cosas que aquí te suponen un problema y en tu ciudad de origen ni lo tenías que pensar. La comida no está tan buena, la gente es más fría, me cuesta hacer amigos…

La regresión: empiezas a echar de menos tu ciudad y te planteas constantemente que estás haciendo allí, porque tomaste esa decisión y que estás haciendo en un país como ese que ni siquiera es tan bueno como tú pensabas. Empiezas a idealizar tu ciudad, a recordarla como perfecta.

La negociación o ajuste gradual: la sensación de la regresión empieza a disminuir y empiezas a recordar porque decidiste irte y con qué objetivo. Dejas de verlo todo de color tan negro y empiezas a aceptar las cosas como son: de acuerdo, la gente es fría, la comida no es tan buena…pero es lo que hay. Te esfuerzas por aceptar esa nueva cultura en la que estas inmerso.

La recuperación o adaptación o biculturalidad: ya estas casi adaptado al nuevo lugar y a su forma de vida. Ya conoces lo que te gusta y lo que no, así que disfrutas de lo que te gusta y evitas lo que no. Cada lugar es diferente, y esa nunca será como tu ciudad de origen, pero no hay que comparar. Te limitas a vivir.

Y aquí viajeros es cuando aparece esa sensación…

El choque cultural reverso: Vuelves a tu país y las cosas no son lo que eran. Lo habías idealizado tanto, que solo recordabas las cosas buenas. Tu país sigue igual, pero tú tienes la sensación de haber cambiado. Ya no te sientes tan cómodo en lo que era tu “casa” y ahora lo que idealizas es el nuevo lugar. Tienes ganas de volver allí. Sientes que no eres ni de aquí ni de allí, de ninguna parte.

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Pero no os preocupéis, como he dicho esta sensación no dura para siempre. Veamos ahora algunas formas de minimizar o llevar mejor el choque cultural:

– Intentar conocer al máximo ese nuevo lugar. Contra más información tengamos, más sensación de pertenencia tendremos.

– Buscar conscientemente razones lógicas para lo que nos parece extraño, confuso o amenazante, tanto en la nueva cultura como al volver al país de origen.

– No despreciar la nueva cultura o sus actitudes. Eso hace que idealicemos aún más nuestra cultura y vayamos olvidando sus cosas malas. Cada lugar es diferente y tiene cosas positivas y negativas.

– Esperar y buscar una experiencia positiva de cada situación. Aunque es difícil debemos limitarnos a vivir la experiencia y a sacar el máximo provecho de ella.

– Ser consciente de que estás viviendo un cambio emocional y físico. Y que al volver al lugar de origen te sucederá eso. El darle consciencia y que no sea una sorpresa minimiza los efectos.

– Canaliza esa sensación de forma positiva. En lugar de llorar, vete a comer con tus amigos/as a una terraza al sol y ríete durante horas, vete de compras o a pasear, disfruta de tu ciudad de origen y reencuéntrate con ella.

Finalmente recordar, que esa sensación no durará para siempre, o bien os volveréis a sentir de vuestra ciudad de origen si os quedáis, o bien vuestra identidad de pertenencia viajará con vosotros al nuevo lugar.

 

Fuente: http://psicotip.wordpress.com/2013/05/15/sindrome-del-viajero-eterno-o-choque-cultural/

¿Qué pasaría si todos los chinos saltaran simultáneamente?

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Uno de los mitos más cartoonescos que corren por ahí dice que si todos los chinos saltaran a la vez, alterarían el eje de rotación de la Tierra. Ello se debería, presumiblemente, a que chinos hay muchos.

¿Cuánta veracidad le podemos otorgar a este mito?

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En primer lugar debemos asumir la premisa de que no hay tantos chinos como creemos. De hecho, ni siquiera hay demasiados seres humanos. De acuerdo, tal vez haya muchos seres humanos si tenemos en cuenta el gasto energético de cada uno de ellos según los estándares actuales. Pero en peso bruto, para entendernos, la masa de seres humanos en la Tierra es despreciable: de hecho, todos los seres humanos del mundo podrían instalarse en casas unifamiliares y cabrían holgadamente en el estado de Texas.

Pero vayamos a las cifras. Por ser optimistas, imaginemos que cada chino pesara 100 kg. Si hay mil millones de chinos, entonces estamos manejando un peso de 100 mil millones de kg impactando súbitamente contra la superficie del planeta. ¿Os parece mucho?

Hoy se sabe que nuestro planeta pesa uno 5.975 trillones de toneladas. Es decir, un 6 seguido de 24 ceros. La proporción del peso de los chinos, entonces, se queda en un ligero soplo de aire. La Tierra pesa diez billones de veces más que todos sus habitantes humanos juntos.

Tal y como compara Daniel Closa i Autet en 100 mitos de la ciencia, sería como si una mosca saltara sobre la superficie de un barco.

Bueno, en realidad la Tierra no pesa nada, es sola una manera de hablar. Para que un cuerpo pese, su masa debe ser sometida a una atracción gravitatoria. Es decir, cuando calculamos el peso de cualquier objeto debemos tener en cuenta la fuerza de gravedad con que la Tierra atrae a su masa, por lo que no podemos hablar de ‘peso’ de la Tierra porque no se atrae a sí misma.

Además, China es un territorio muy amplio, y en el mito no se especifica cómo estarían distribuidos los habitantes durante el salto simultáneo. Pero no importa: ni siquiera en el país con más densidad demográfica de Europa, por ejemplo, podríamos afectar a la Tierra tras un salto unánime.

También hay que tener en cuenta que la masa no lo es todo, también importa la velocidad. Para que ésta fuera decisiva, el salto debería salir del sistema, o sea, de la Tierra:

Aunque el planeta fuera muy pequeño y los chinos muy pesados, para modificar la trayectoria de la Tierra sería necesario aplicar una fuerza exterior al sistema. A la práctica, eso significaría que, cuando los chinos saltaran, ellos saldrían en una dirección y el planeta en dirección contraria, a causa de la fuerza que habrían aplicado los saltadores para hacer el salto. Y, acto seguido, los chinos caerían al suelo por la gravedad, pero la Tierra también se desplazaría hacia los chinos, también por la gravedad, porque esto funciona en todas direcciones. Al final, el resultado global es que todo quedaría igual que estaba en principio.