Apuntes Psicología Social – Grupo Operativo

Comparto los apuntes de la materia “Teoría de los Grupos” de primer año de la carrera Operador en Psicología Social

GRUPO OPERATIVO

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Partiendo de la experiencia de vida de Enrique Pichón Riviere, podremos rastrear los orígenes del Grupo Operativo en la teorización pichoniano.

Comentamos en reiteradas oportunidades que Pichón Riviere, observó, al interior de los grupos donde se desempeñaba profesionalmente, dificultades que se relacionaban con el desconocimiento de la enfermedad mental, por parte de las familias y los enfermeros que acompañaban a los internos. Lo que generaba dificultades de relación entre ellos, las familias muchas veces abandonaban a los enfermos en el hospicio, y los enfermeros atendían a los pacientes de forma distante, a veces violenta.

Además de estas observaciones, también pensó una posibilidad de modificación para esa situación: la reunión de los sujetos involucrados en la situación, en grupos. Para preparar teóricamente hablando a los profesionales sobre el tema, y permitiendo la expresión de los miedos, dudas y sentimientos por parte de familiares y enfermeros. Los resultados fueron positivos, o mejor dicho, fueron operativos. Lograron el objetivo que buscaban.

Otro punto importante que podemos indicar como situación de origen de la teoría se da, cuando Pichón Riviere, en el Hospicio de la Mercedes, implementa sus conocimientos sobre los grupos, ante una situación de emergencia implementa un “curso de enfermería” entre los pacientes en mejores condiciones. Nuevamente los resultados fueron positivos, operativos.

En 1.958, Enrique Pichón Riviere organiza y lleva a cabo la llamada “experiencia Rosario”, donde se formaron grupos heterogéneos para reflexionar sobre temas cotidianos, que más tarde serán debatidos en el grupo general, coordinados por un equipo. Los resultados obtenidos dan cuenta de la importancia y los efectos de la situación grupal. Fueron resultados operativos. Allí nace entonces, no sólo buena parte de la conceptualización teórica pichoniana, sino la técnica que la caracteriza: el grupo operativo

En reiteradas oportunidades incluí el término operativo, para mencionar los resultados obtenidos. Nos detendremos en el concepto, para desmenuzarlo y poder utilizarlo de manera acertada. Cuando hablamos de GRUPO OPERATIVO, de que hablamos? A qué nos referimos con el término operativo?

El diccionario lo define como: “que logra hacer efectivo un intento o propósito”

Allí lo leemos como un adjetivo; es decir que un grupo puede ser adjetivado como operativo, si cumple con su propósito, es decir el adjetivo apunta a la eficiencia. Podemos ejemplificarlo pensando en un grupo de trabajo en una oficina, un equipo de futbol, un aula de la escuela media.

Enrique Pichón Riviere decía que todo grupo es una estructura, que intenta satisfacer las necesidades de sus miembros y por ello tiene una potencialidad operativa. Es una capacidad, una posibilidad que le permite ser eficientes. Es una situación en “potencia” ya que puede o no cumplirse. La operatividad es la virtud o facultad de lograr un efecto determinado. Si el objetivo se cumple nos permitirá pensar en la operatividad del grupo, es decir que han cumplido con su tarea de manera eficaz.

Pero el concepto “operativo” también puede considerarse como un sustantivo, en tanto es una “técnica”. Podemos pensar “lo operativo” como el nombre o denominación de la técnica.

Así hablamos de operativo como un instrumento, una herramienta que se da con un modo de trabajo específico. Técnica como “conjunto de procedimientos y recursos de que se sirve una ciencia o un arte”

Hablar de “grupo operativo” implica hablar del uso de ciertos procedimientos y recursos, para potenciar la capacidad de operatividad que todo grupo tiene. Es decir que un motivo para la utilización de la técnica de grupo operativo, tendría como posible objetivo: lograr que los integrantes del grupo sean conscientes de sus capacidades, y restablecerlas si se las percibiera obstaculizadas.

Un grupo que trabaja con “técnica de grupo operativo” (como sustantivo) puede no ser operativo (como adjetivo). Es que la técnica, como recurso, nos permite hacer visible los aspectos del fenómeno (grupal). Por eso podemos definir a la “técnica del grupo operativo” como un dispositivo, ya que es una manera de disponer las cosas, de ordenar en relación con aquello que queremos producir y como producirlo.

La Experiencia Rosario, ya mencionada, fue realizada en esa ciudad en el año 1.958. La misma estuvo a cargo del Instituto Argentino de Estudios Sociales (IADES) , al momento en que el doctor Enrique Pichón Riviere era su director, contando con la colaboración de varias Universidades locales.

El “laboratorio” realizado, fue pensado en varias etapas y para probar la efectividad del espacio grupal: El primer paso fue reunir a personas de diferentes campos científicos y laborales en el aula magna, para comentar la experiencia y distribuir algunos temas que fueron debatido luego en los grupos.

Un segundo paso fue subdividir al grupo total en subgrupos de aproximadamente nueve integrantes cada uno, acompañados por un coordinador y uno o dos observadores, los que se reunirían en diversas oportunidades, para intercambiar sobre los temas propuestos. Como tercer paso, intercalando la frecuencia con las reuniones de los grupos para el debate, se reuniría el equipo de profesionales del IADES, formado por su director y los coordinadores y observadores de cada subgrupo, para evaluar la experiencia que se llevaba a cabo.
Nuevamente el doctor Pichón Riviere, expondrá ante los concurrentes, observando muy prontamente que la exposición era acompañada por un grupo de personas (que habían pensado sobre el tema que escuchaban) y no por público en general. Luego de esta exposición se rearmaron los subgrupos de trabajo, pero con homogeneidad de los integrantes: un subgrupo de profesionales de la medicina, otro de personas dedicadas al comercio, al deporte, etc.

Una nueva reunión del equipo IADES, se intercaló con los tiempos de trabajó de llos subgrupos.

Podríamos enumerar los pasos para una mejor comprensión:
1 , 6 y 9 Exposición del Doctor Enrique Pichón Riviere.
2 y 4 Reunión de grupos heterogéneos.
3 , 5 y 8 Reunión del equipo IADES.
7 y 8 Reunión de grupos homogéneos

En Rosario, se empleó una estrategia la creación de un laboratorio social, una táctica, la grupal, y como técnica la de los grupos de comunicación, discusión y tarea.

Esta experiencia sirvió para interrogar y probar la operatividad (como adjetivo) del espacio grupal, y la posibilidad de potenciar las capacidades de los integrantes del grupo que, partiendo de sus propios bagajes personales pueden construir nuevos aprendizajes personales y grupales. Pudo ser pensada una técnica específica para lograr un objetivo.

El grupo operativo cuenta con un encuadre específico, un tiempo de inicio y final, una tarea prescripta. Según Enrique Pichón Riviere, en su libro “EL PROCESO Grupal”

…”las finalidades y propósitos de los grupos operativos diciendo que la actividad está centrada en la movilización de estructuras estereotipadas, dificultades de aprendizaje y comunicación, debidas al monto de ansiedad que despierta todo cambio (…)
Dicha tarea depende del campo operativo del grupo que adquiere en cada miembro características particulares (…) El propósito general es el esclarecimiento, en término de las ansiedades básicas, aprendizaje, comunicación, esquema referencial, decisiones, etc. De ésta manera coinciden el aprendizaje, la comunicación y la resolución de la tarea, con la curación. Se ha creado un nuevo esquema referencial.” (…)

Profesora Fabiana Rodriguez.

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Chau Barbie, chau

Comparto un artículo de http://www.pagina12.com.ar

Lammily

Un norteamericano de 25 años lanzó al mercado una Barbie con curvas verdaderas. Y aunque estará lista recién en noviembre ¡ya es un éxito!

Por Guadalupe Treibel

Quien tenga la mirada atenta sabrá que, cada dos por tres, las noticias alrededor de la controvertida Barbie se multiplican. Sólo en los últimos meses se dio a conocer que la icónica muñequita estaba teniendo una crisis de mediana edad: después de cinco décadas de popularidad masiva, sus ventas del último cuarto del año pasado habían caído un 13 por ciento –sintomático de que ¡por fin! el interés de las niñas se le estaba escurriendo entre sus manitas de plástico–. La mayoría apuesta a que se trata de una reacción lógica a partir de la perjudicial y distorsionada imagen física que ofrece para las pequeñas, aunque eso no haya disparado ningún mea culpa de la compañía. Muy por el contrario, sus irreales estándares de belleza han sido reforzados por Mattel hace unas pocas semanas, cuando la vicepresidenta de diseño, Kim Culmone, declaró que “su cuerpo nunca tuvo la intención de ser realista, sino que pudiera ser vestido y desvestido fácilmente”. Mmm, dudas… ¿Cómo facilita al emperifollado sendos senos enormes? En fin, es evidentemente que el estudio de la Universidad de Sussex de 2006 que comprobaba que la cinturita imposible “contribuye al incremento de desórdenes alimentarios y obsesión con el peso de las niñas” no le pareció prueba suficiente.

Tampoco los casos de mujeres como la tal Blondie Bennet, una dama que, después de haber pasado cantidad de veces por el bisturí de su cirujano plástico, ahora está bajando su coeficiente intelectual ¡a propósito! para que la gente la vea como una Barbie por dentro y por fuera. O la archiconocida modelo ucraniana Valeria “Barbie Humana” Lukyanova, que admitió recientemente que su dieta para mantenerse “en forma” está compuesta por aire… y luz. Efectos colaterales injustificados, ¿cierto? Al fin y al cabo, la muñequita siempre enseñó a sus aficionadas a ser más que una cara bonita y las incentivó a convertirse en médicas, abogadas, chefs, etcétera… Pero, ¿cómo? ¿No? La pucha: acorde a un experimento realizado por la psicóloga Aurora Sherman, de la Oregon State University, “las aspiraciones vocacionales de las jovencitas se reducen considerablemente después de jugar con una Barbie cinco minutos”. “Es por el tipo de muñeca, no las características de las participantes”, especificó la especialista.

No hay respiro. Pero, ¡tranquilidad!. Que existe la famosa luz al final del túnel gracias a un muchacho, más atento él a las necesidades de las mocitas que la misma Mattel. Nickolay Lamm es el nombre del artista veinteañero de Pittsburgh que, bajo el lema “ser promedio es hermoso”, ha fundado una línea propia llamada “Lammily”. ¿De qué trata? Pues, básicamente, son versiones más bajas, rellenitas, saludables y “realistas” de la tradicional Barbie. El puntapié inicial fue el año pasado, cuando este hombre creó digitalmente una modelo 3D con las medidas reales de una joven de 19, la sentó al lado de Barbie y luego la photoshopeó para que se pareciera a la imposible chica Mattel. El gesto, además de evidenciar el horror de representatividad femenina que implica el esbelto figurín, entusiasmó al público internetiano, que empezó a enviarle correos preguntando dónde conseguía la muñeca “verdadera”.

De cara a la ilusión de la gente, Lamm decidió convertir su versión 3D en ejemplar de carne y hueso (o plástico, en fin…) y, con la meta entre ceja y ceja, pidió ayuda vía crowfunding. Insólitamente, en menos de 24 horas, su meta de 95 mil dólares fue ampliamente superada. De hecho, la gente sigue contribuyendo y el monto recaudado actualmente escala hasta los… 390 mil dólares. “Si hay al menos una pequeña chance de que Barbie en su forma presente esté influyendo de manera negativa a las chicas, y si una mujer de cuerpo promedio se ve tan bien, ¿qué detiene a Mattel de hacer una así?”, se preguntó el atento entrepreneur que supo canalizar una necesidad y volverla en oportunidad de mercado.

Con diferentes prototipos que ya ha testeado –exitosamente– entre sus primitas y una fecha de salida estipulada para noviembre, las versiones vienen con partes articuladas, promueven un estilo de vida sano (haciendo, por ejemplo, deporte), llevan mínimo maquillaje y están vestidas de forma sencillísima (una camisita floja, shorts, zapatillas). Además se pueden preordenar por valores que arrancan en los 17 dólares. Frente al manantial de solicitudes, el flamante empresario vuelve al signo de interrogación: “Hay cantidad de estudios que sugieren que los modelos que circulan afectan la imagen corporal positiva y llevan a la anorexia. ¿Cómo no crear una alternativa?”. Eso mismo se pregunta muchísima gente desde hace rato. Por lo menos, alguien se ha dispuesto a contestarla.

Curiosamente, no es la primera vez que el chico Lamm es noticia por sus simpáticas ocurrencias: el año pasado, sin ir más lejos, se asoció con un doctor en genómica computacional, Alan Kwan, para hipotetizar acerca de cómo se verá/vería el ser humano en 20 mil, 60 mil y 100 mil años, experimento especulativo ilustrado con seres de ojos ¡enormes! También en 2013, aunque lejos ya del asunto evolutivo, el joven de 25 se hizo una pregunta capital –y punchera–: “¿Qué ven los gatos?”. La respuesta llegó con imágenes comparativas de la visión felina y humana y –como cualquier proyecto bien encauzado que involucra mininos– no tardó en volverse viral. Por lo demás, Nickolay se ha ocupado de los cambios climáticos, la inequidad entre las clases sociales, lograr que veamos… las ondas de wifi, entre otros eclécticos tópicos de interés relativo. Las pistas, por tanto, lo dicen todo: el autodefinido “artista e investigador” tiene la curiosidad a flor de piel. Y ahora, gracias a la ayuda monetaria vía crowfunding, los billetes para capitalizar una Barbie –literalmente– como la gente. De modo que, ¡enhorabuena, mucha suerte, los mejores deseos! Y todo el abanico de saludos que las buenas –y saludables– iniciativas ameritan.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-8702-2014-03-14.html

¿Y si me permites caminar tranquila?

Comparto una nota publicada en http://anred.org

¿Son los “piropos” una forma de violencia normalizada e invisibilizada contra la mujer? ¿Sería mejor llamar acoso callejero machista a los “halagos”? Por Marta González y Paula Vilella / Ilustraciones: Nanu Kübler, para Brecha Digital / Video: Hugo Meyer.

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11 horas. Salgo de casa. Subo a pagar unas cuentas. A dos cuadras, tras una verja de metal opaca, oigo silbidos y jadeos de varios hombres a los que no veo. Aprieto el paso.

11.15 horas. Regreso de pagar las cuentas. A la misma altura de la obra, pero en la acera de enfrente, un señor de unos 70 años se acerca a mi rostro y me dice salivando: “Ay, cómo viene el verano”. Me giro y le digo que es imbécil. Me contesta: “Si no te dije nada”. “Sí, me dijo.” “¿Cómo te puede molestar algo lindo?” “Porque no tiene ningún derecho a decirme nada.” La conversación transcurre mientras me alejo.

18 horas. Salgo de la casa de una amiga. Voy caminando por los alrededores del Estadio Centenario. Me cruzo con un joven en ropa deportiva que parece un universitario de clase media. Me mira de lejos con una sonrisa y cuando nos cruzamos suelta: “Pero cómo estás, ¿puedo ir contigo?”. Me giro y le hago un corte de mangas. “¿Qué pasa? Amarga, qué amarga que sos, y encima fea. ¡Tomá esta!”, y mueve las caderas como si me estuviera cogiendo a la distancia.

20.30 horas. En los alrededores de la Sala Zitarrosa, donde vamos a ver una obra de teatro, un par de jóvenes que en apariencia se parecen bastante al tipo de gente con la que me muevo, me llaman desde la otra acera. Van con mochilas y fundas de guitarra. Me acerco un poco porque me parece conocerlos. A dos pasos me dicen: “Pero qué linda…”. Me enfado. Me dicen que no me enfade. Les digo que se vayan a la mierda.

23 horas. Voy con la bici por 18 de Julio. Es verano y no hay nadie. En la distancia, un grupo de tres jóvenes, aparentemente en situación de calle, me gritan que a ver si los llevo en la canastita. Paso. Estoy cansada y enfadada.

***

Valeria está a punto de cruzar el umbral de su casa. Sabe que hoy no es un día distinto a los demás desde que le brotaron dos pechos del torso. Antes aun, seguramente. No es un día distinto aunque sea invierno o verano. Aunque vista minifalda o buzo de cuello alto. Aunque esté de buen humor o enfadada con el mundo. Mientras camina por la calle haciendo su vida, sabe que algún hombre le dirá algo en algún momento. Si es un simple “Linda” o un desagradable “Te partiría al medio, mamita”, sí que puede depender del día. Pero sabe que hoy no es un día distinto.

Desde la mirada persistente o los silbidos, o incluso el contacto físico. Al menos siete de cada diez mujeres han experimentado alguna forma de acoso callejero por parte de desconocidos en los países en los que la organización Stop Street Harassment ha estudiado el tema. En una encuesta virtual realizada para este reportaje y a la que respondieron 211 mujeres de Montevideo, más del 90 por ciento señaló que alguna vez le habían silbado, dicho comentarios sexualmente explícitos, mirado persistentemente, y halagado. A más del 60 por ciento le habían enviado besos volados, seguido, tocado o frotado sin su consentimiento, o realizado gestos sexualmente explícitos. El 40 por ciento respondió que desconocidos se habían masturbado en su presencia. Muchas de las historias que aquí recogemos son fruto de esa encuesta, aunque los nombres sean aleatorios.

El constante “piropeo” puede llevar a que las mujeres se cuestionen su forma de vestir, que busquen compañía masculina para caminar por la calle, que se mantengan en estado de alerta ante el acercamiento de cualquier hombre, o que cambien el itinerario previsto para evitar pasar por ese conflictivo punto en el que se saben expuestas. Rabia, frustración, impotencia y asco fueron los sentimientos más repetidos en el sondeo. Para algunas mujeres resulta indiferente, y otras, como Julia, afirman que hay gradaciones. “Me da mucho asco y rabia cuando me dicen alguna guarangada fea, hay veces en que si salgo de pollera me siento muy observada e incómoda, y debo admitir que cuando me dicen un piropo en una buena me siento halagada también.”

¿Son los “piropos” una forma de violencia normalizada e invisibilizada contra la mujer? ¿Sería mejor llamar acoso callejero machista a los “halagos”?

Corto Humorístico dirigido por Hugo Meyer que aborda el tema:

EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA

Matilde apenas se acuerda de la primera vez que un desconocido la interpeló en la calle, pero desde entonces le ha pasado de todo. Aquel hombre que se masturbó en su presencia en la Estacada, de Punta Carretas. El trayecto a casa durante un caluroso diciembre en el que la atomizaron gritándole cosas de lejos. El día en que acabó llorando, cuando ese chico de la bici al que le preguntó una dirección a las dos cuadras intentó violarla. Primero se vive como un dato de la realidad. Simplemente sucede.

Seguidamente se naturaliza. “Si sos mujer, esperás que ocurra”, ese argumento forma parte de lo cotidiano. Por eso la línea entre el halago y la agresión es tan sutil y el nivel de tolerancia de las mujeres varía. La mayoría hace una distinción entre “el halago lindo que levanta el ánimo” y la grosería.

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Debés viajar para comprobar que algo existe de verdad: la montaña irreal que estuvo 100 años en los mapas

Comparto una nota de http://www.diariodelviajero.com

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Una de las razones que deben propulsar nuestros viajes, entre tantas otras, es la mera consignación de que lo que nos contaron es real. A veces, para demostrarnos que lo contado era exagerado (cuántas veces hemos descubierto que tal o cual lugar no era para tanto); otras veces para descubrir rincones de los que nadie habló. También para desmontar mitos o estereotipos (¿de verdad alguien que ha viajado al sur de Alemania puede afirmar que los alemanes son cuadriculados?).

Y en ocasiones, también, para descubrir sencillamente que lo que nos dijeron no está allí realmente. Que la gente repetía como loros porque nadie viajaba allí a comprobarlo.

Mapas que dicen mentiras

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De hecho, hay viajeros que se dedican a visitar lugares que en los mapas sí figuran, pero en el mundo real no existen. No se trata de errores de los mapas, al menos no son errores deliberados, sino pequeños gazapos que las editoriales que publican mapas introducen a fin de demostrar que otra editorial les ha copiado literalmente el contenido, incluyendo el gazapo, frente a un tribunal. Se llaman Trap Streets (calles trampa).

Los errores son mínimos, lo suficientemente pequeños como para no molestar a los usuarios. Un callejón que no existe, por ejemplo. O introduciendo unas curvas en una calle que no existen en la realidad. O dibujando un carril estrecho para una calle que en realidad es importante. O alterando algún nombre de la calle.

Si queréis visitar alguna calle trampa en España, el caso más célebre está en La Rioja. Tanto en Google Earth como en Google Maps, en el término municipal de Alfaro, aparece una población llamada Eixt. Sin embargo, que no se os ocurra acercaros hasta allí. En realidad, Eixt no existe (irónicamente su nombre casi puede leerse como «Existe»).

En Alemania también podéis encontrar muchas calles trampa. Sólo en Zeuthen, se reflejan cuatro calles que en realidad no existen (Wiesenstrasse, Adolph-Menzel-Ring, Otto-Nagel-Allee, Max-Liebermann-Strasse y Otto-Dix-Ring). Estas calles aparecen dibujadas en el interior de un bosque. Las calles reales, sin embargo, están más al norte.

Pero esto son minucias. Si realmente queréis ver (o no ver) algo grande deberéis ir a África. Imaginad toda una cordillera montañosa de mentira.

Las lengendarias montañas Kong

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En 1798, el cartógrafo inglés James Rennell inventó una cordillera entera de montañas que se extendía nada menos que miles de kilómetros en África occidental, de oeste a este desde la actual Nigeria hasta Sierra Leona. Una barrera que tiró para atrás a muchos exploradores europeos de la época. Las bautizó montañas Kong.

Lo más curioso es que tales montañas imaginarias se creyeron reales durante más de cien años. Hasta que un aventurero francés llamado Louis-Gustave Binger decidió ir a visitarlas por sí mismo. ¿Cómo es posible que el engaño durara tanto tiempo? En primer lugar, porque la gente viajaba poco… ahí reside la magia de viajar, en parte. Y, en segundo lugar, a causa de la falacia de autoridad: Rennell fue uno de los fundadores de la mítica Royal Geographical Society, de la que ya os hablé en otra ocasión en Conoce los secretos del mayor santuario de aventureros y viajeros de la historia (cuyo presidente es un famoso humorista). Abunda en ello Simon Garfield en su libro En el mapa:

Los especialistas estadounidenses Thomas Bassett y Philip Porter han identificado cuarenta mapas que muestran las montañas de Kong en distintas fases de desarrollo desde 1798 hasta 1892, llegando a formar una cordillera del tamaño de un estado pequeño africano. Ante la falta de testimonios que desmintieran su existencia, los cartógrafos se fueron copiando unos a otros, eso está claro. Pero el hecho de que algunas de las representaciones más convincentes de las montañas Kong aparecieran en los mapas muchos años después de que los hermanos Lander confirmaran que el Níger desembocaba en el golfo de Guinea ponía en entredicho la teoría de que habíamos entrado en una nueva era científica.

Hoy en día, los mapas son un poco más fiables, aunque todavía contienen imprecisiones (deliberadas o no), e incluso errores de bulto, como el reciente descubrimiento de que una isla del Pacífico Sur llamada Sandy no existe a pesar de que igura en mapas de hasta el año 2000.

Leer libros de viajes está bien para conocer la idiosincrasia de un lugar a través de los ojos de un viajero particular. Las guías de viajes son meras consignaciones de sitios célebres porque un grupo suficiente de gente ha decidido que sea así. Viajar por un mismo, con la mirada lo más clara y escrutadora posible, permite anular un poco, aunque solo sea un poco, todas las dioptrías propiciadas por lo anteriormente enumerado.

Viajad por vosotros mismos siempre. Viajad. Vuestra experiencia sensible vale más que lo referido por mil mapas, mil libros y mil habladurías. Viajad para derribar miedos y manías. Viajad por todo eso, y porque resulta tremendamente divertido.

Fuente: http://www.diariodelviajero.com/cajon-de-sastre/debeis-viajar-para-comprobar-que-algo-existe-de-verdad-la-montana-irreal-que-estuvo-100-anos-en-los-mapas?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+diariodelviajero+%28Diario+del+viajero%29