Apuntes Psicología Social – George Mead

Comparto apuntes de la matería “Teoría de los Grupos” del primer año de la carrera de Operador en Psicología Social

GEORGE MEAD

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Nacido en los Estados Unidos, en Massachusetts en 1.863, fue considerado como un “conductista social”. Filósofo de formación, trabajó y desarrolló la mayor parte de sus estudios en relación al sujeto y su conducta, considerando la importancia de los grupos sociales.

En uno de sus postulados afirma y …”considera el todo social por encima de los individuos … explica que la conducta organizada del sujeto se debe a la conducta organizada del grupo social y no al contrario”… Es decir en una época donde aun primaba el individualismo en los desarrollos científicos, él comenzó a considerar la influencia de la sociedad sobre el sujeto, tomando “el acto” y “el lenguaje” como conceptualización fundamental.

El acto es la unidad más primitiva de análisis y éste se da en cuatro fases: primero el impulso, que es la reacción ante un estímulo (por eso su consideración de conductista) influenciado por el medio, luego la percepción pensada como una posibilidad de seleccionar o descartar algunos de esos estímulos que brinda el ambiente, en tercer lugar la manipulación es decir la elaboración de hipótesis y la suposición de consecuencias en caso de proceder de una u otra forma. Por último la consumación como la acción en sí misma.

En cada uno de estos pasos, Mead muestra como la presencia de un otro y de los otros que integran el colectivo social, es fundamental. También “los gestos” son motivo de conceptualización para el filósofo, entendiéndolos como una serie de movimientos y expresiones que se concretan para dar lugar a la “interacción”. El significado de los gestos depende del contexto o marco de significaciones propios de la cultura. La función de los gestos, es permitir la adaptación de los sujetos en cada acto social. Para lo cual es necesario compartir un código de significaciones comunes, ya que un gesto o una palabra toman significado cuando es entendida por quien la emite y por quien la recibe.

Para G. Mead el sujeto es el …”único ser vivo capaz de pensarse a sí mismo … es decir que tiene la capacidad de ser objeto para sí mismo y observarse desde el exterior”… y esto es entendido desde un aspecto simbólico e interaccionista.

En cuanto al primero implica considerar como los sujetos hacen uso de gestos, lenguajes y símbolos, que conforman códigos comunes. Y desde la forma interaccionista es dar cuenta como el sujeto puede adaptarse a esos códigos y a las actitudes de los demás y éstos a sus actitudes propias. Esto constituye lo que el autor llama “self”, un proceso mental dentro de uno social, para que pueda darse es preciso que el sujeto, por medio de la refexión adquiera la capacidad de ponerse en el lugar del otro o de adelantarse a la manera en que actuarían los demas. Esta situación se da y perfecciona en la medida en que los sujetos socializan.

La socialización es un proceso dinámico en el cual cada sujeto se acomoda y puede crear, en la medida en que lo hace. Mead afirma que los objetos están en el afuera y los seres humanos significamos estos objetos y a partir de esta significación podemos relacionarnos con el mundo social, y ser activos en la posibilidad de elección de aquello que llame la atención o habilite la creación de nuevas significaciones …”los símbolos y su creación aumentan la capacidad de pensamiento”… En esta forma de pensamiento el lenguaje cobra un lugar de importancia y constituye el más grande sistema de símbolos. Es por medio del lenguaje que el sujeto no responde automáticamente ante algún estímulo, sino puede alternar sus formas de reacción según los símbolos conocidos y otros que podrá crear, siempre con la moderación del ambiente.

¿Por qué hay gente que se sacrifica por los demás? 4.096 estrategias para ser bueno o malo

Comparto un artículo de http://www.xatakaciencia.com

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Arrastramos la idea decimonónica de que la especie humana es una suerte de carnicería darwinista con salpicaduras hobbesianas, ya sabéis, el hombre es un lobo para el hombre, y demás. Sin embargo, la biología y la neurociencia nos está aportando cada vez más pruebas de que esto no es del todo cierto.

El ser humano es un lobo si el contexto le empuja a serlo. Sin embargo, de forma natural, el ser humano tiende a ser cooperador y altruista (aunque los motivos que puedan subyacer a este comportamiento sean egoístas; esto ya es harina de otro costal).

Una de las razones de que tendamos a la cooperación es que poseemos una empatía muy desarrollada, gracias a las neuronas espejo que, como vimos, se desarrollan al poco de haber nacido. Por otra parte, nuestra tendencia a ser animales sociales provoca que cuidemos sobremanera nuestra reputación: de ella depende la imagen que los demás se formarán de nosotros y, por ende, nuestra supervivencia en el grupo.

Calculando la bondad y la maldad

En un mundo simplificado, solo hay dos tipos de reputación, la buena y la mala. Frente a ello podemos actuar de cuatro formas distintas: pensar que el otro siempre es bueno, que el otro siempre es malo, que es malo si da y bueno si no da, y, finalmente, que es bueno si da y malo si no da. Solamente la última opción puede conducir a la cooperación basada en la buena reputación.

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No obstante, el mundo es mucho más complicado. Por ejemplo, también debemos tener en cuenta la reputación del receptor, de forma que pueda considerarse bueno negarse a ayudar a una mala persona. Tal y como explica Martin A. Nowak, profesor de Biología y Matemáticas en la Universidad de Harvard y director del Programa para Dinámicas Evolutivas, en su libro Supercooperadores:

Las reglas de segundo orden son dieciséis. También hay reglas de tercer orden, que dependen adicionalmente de la valoración del donante (después de todo, una persona con una reputación pobre podría intentar “comprar” a una buena siendo más generosa con los que tienen buena reputación”. Y así sucesivamente. En total, hay 256 reglas de tercer orden.

La cosa no se queda aquí, y se puede volver maquiavélicamente compleja si añadimos la decisión final, ayudar o no al prójimo, la llamada “regla de acción”, en función de la puntuación del receptor y de la propia (hay cuatro combinatorias posibles de las dos puntuaciones y, en consecuencia, existen diecisiete reglas de acción).

Por ejemplo, podemos decidir prestar ayuda si la puntuación del receptor es buena, o si la propia puntuación es mala. Es decir, podemos decidir ayudar a otro para incrementar nuestras posibilidades de ser ayudados en el futuro por el receptor o por otras personas que sepan de nuestra reputación.

Una estrategia posible es la combinación de una regla de acción y de una regla de evaluación. Dado lo anterior, obtenemos 16 veces 256, lo que resulta en 4.096 estrategias […] Ohtsuki e Iwasa analizaron las 4.096 posibles estrategias y probaron que solamente ocho de ellas son evolutivamente estables y pueden conducir a la cooperación. Las estrategias dominantes comparten ciertas características: la cooperación con una buena persona se considera buena, mientras que la deserción respecto de una buena persona se considera mala.

¿Sólo se reproducen los malos?

Ya Charles Darwin mostraba su preocupación por el hecho de que, en función de la lógica evolutiva, los egoístas se reproducirían más que los altruistas, compasivos y benevolentes, de modo que siempre habría más egoístas que altruistas. El que está dispuesto a sacrificar su vida por los demás, por ejemplo, tendrá menos probabilidades de reproducirse que los que quedan vivos.

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Pero las cosas no son exactamente así si introducimos el factor “reputación”. Las personas que se sacrifican por los demás adquieren mayor reputación, que se traduce en más regalos y admiración del sexo opuesto. De este modo, la selección natural podría favorecer la cooperación: grupos con normas sociales significativas superarían en competición a otros grupos.

Algunos biólogos consideran que la selección de grupo no es posible, pero, a medida que transcurre el tiempo, el rechazo a esta idea se ha ido flexibilizando. A esta teoría se la llama selección multinivel:

Para que se dé la selección de grupo se precisa competición entre grupos y algo de coherencia grupal. Diferentes grupos tienen diferentes aptitudes, según la proporción de altruistas que incluyan. Si el 80 % de un grupo es altruista, lo hace mejor que un grupo que solamente dispone de un 20 % de altruistas. De manera que mientras la selección en el interior de grupos favorece el egoísmo, estos grupos con muchos altruistas obtienen mejores resultados. Pero, como es natural, la extensión de la selección de grupos depende de importantes detalles, como la migración y coherencia del grupo. Dicho esto, la selección natural puede de verdad operar a niveles diferentes, desde el gen hasta grupos emparentados hasta especies y quizás incluso más allá.

Fuente: http://www.xatakaciencia.com/genetica/por-que-hay-gente-que-se-sacrifica-por-los-demas-4-096-estrategias-para-ser-bueno-o-malo?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+xatakaciencia+%28Xataciencia%29

Apuntes Psicología Social – Grupo – Enrique Pichón Rivière

Comparto apuntes de la materia “Teoría de los Grupos” del primer año de la carrera de Operador en Psicología Social.

TEORÍA DE LOS GRUPOS.

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Pichón inició su vida en Europa, y creció en el contexto del Chaco argentino. Este contraste marcó su vida y delineó su mirada teórica. EL encuentro contradictorio de estas dos culturas, y las características de su estructura familiar operaron como un desafío, alimentando su vocación humana y su necesidad de indagar.

Alrededor de 1.910, la familia se instala en un contexto particular, una zona semiselvática, en condiciones precarias, en medio de una plantación de algodón donde un grupo de indios de esa comunicad eran contratados como mano de obra. La lucha entre el blanco y el indio era característica de la época, los guaraníes eran prejuiciosamente considerados ladrones, agresivos y violadores mientras que los blancos eran vistos como hombres cultos y preparados para ejercer el poder. La experiencia de vida de Pichón, era totalmente diferente y opuesta, ya que los vivía como una comunidad pacífica y organizada, pero afectada por los prejuicios sociales y siendo víctimas de la exclusión y el maltrato.

Estos hechos direccionaron la mirada de Pichón Riviere hacia la población marginada, primero los indígenas, y más tarde ya dentro del ejercicio de su profesión de psiquiatra alrededor de la década del 40, su estancia en el Asilo de las Torres y el Hospicio de la Merced, lo pusieron nuevamente frente a este tema. El enfermo mental, como parte de las minorías, es mirado como “diferente”, peligroso y despojado de todo. La palabra del enfermo es desestimada por mentirosa y por ser una interpretación errónea de la realidad, sin embargo podemos pensar que así como en su relato el enfermo mental distorsiona la realidad (dado su padecimiento) también devela, denuncia y revela sobre el acontecer de su entorno.

Este prejuicio en la mirada hacia el diferente, obra como un obstáculo permanente en la comunicación entre los sujetos, y es aquí donde se anula y estanca la posibilidad de relación entre ellos. Pero esta situación prejuiciosa, no es una situación alojada en “la sociedad” sino en los pequeños grupos que la forman. La familia, la escuela, las fábricas y centros laborales o de descanso. El fenómeno de transculturación vivido por Pichón y los movimientos migratorios, fomentan esta situación, generando por parte del recién llegado, una adaptación pasiva basada en la identificación rápida con el entorno, o una más activa en un intento por ser parte pero sosteniendo la identidad propia y la cultura. Pero muchas veces “la enfermedad” o no adaptación es un resultado posible.

Enrique Pichón Riviere consideró a la familia como unidad básica de análisis, para pensar al interior de ella, las situaciones generales: la integración, la forma de comunicarse, la manera de enfermar y el trato para con los mismos. Los enfermos, al interior de un grupo familiar, solían ser internados y abandonados por sus familias. Alrededor del año 1.950 de unos 4.500 enfermos mentales alojados en el actual Hospital Borda, el 60% no recibían visita alguna de su entorno y del grupo de enfermeros que los atendían más de la mitad no estaban académicamente capacitados para la atención de la enfermedad mental, aunque sí contaban con una enorme fuerza de voluntad para hacerlo.

Podríamos evocar más experiencias en relación a la problemática de la marginación y la mirada de Pichón sobre ellas, pero nos adentraremos en la definición de GRUPO que él hace para descubrir en ella los elementos que marcaron la experiencia del autor.

Para la sociología el grupo es un objeto mirado desde afuera, poniendo el interés en la estructura (externa) del mismo. La psicología social a la que adherimos va a considerar al grupo desde su interioridad, como un espacio de interacción donde se despliega una dramática particular y donde los sujetos se mueven según sus matrices, entrelazándose a partir de las mismas.

Durante su residencia en el hospicio, y ante la problemática que se presentaba, Pichón pensó en una posible solución: el trabajo grupal, tomando como organizador la comunicación entre los integrantes heterogéneos del mismo, y la posibilidad de conocer sobre la enfermedad mental, conceptualizando sobre ella. Desde la experiencia, Pichón logra la comprensión de que ciertas condiciones de existencia condicionan a los sujetos, y que los sujetos no pueden ser comprendidos fuera de su cotidianidad.

Para Enrique Pichón Riviere un GRUPO es un
“Conjunto restringido de personas, que ligadas por constantes de tiempo y espacio y articuladas por su mutua relación interna se proponen, en forma explícita e implícita, la realización de una tarea que constituye su finalidad, interactuando a través de complejos mecanismos de asunción y adjudicación de roles”

La lectura de la definición nos pone delante del conjunto de conceptos fundamentales para la psicología social: Sujeto, tarea, mutua representación interna y roles.

Al mencionar al conjunto “restringido” Pichón no refiere a una condición numérica, sino a la posibilidad de interacción, es decir a la posibilidad de que entre los individuos se dé un intercambio no sólo de palabras y conceptos, sino de lograr la pertenencia a un determinado lugar. Así continúa la definición mencionando “constante de tiempo y espacio” que se relaciona con la el momento en que los integrantes del grupo comparten el cara a cara: un determinado día, a una determinada hora y por una cantidad de tiempo establecido.

Se da interacción en tanto se da un interjuego que se efectiviza cuando con la presencia de un sujeto y la respuesta del otro, y la posibilidad de anticiparla. El intercambio de mensajes permite afirmar la interacción, implica procesos de comunicación y vehiculiza el aprendizaje, en tanto promueve cambios internos en el sujeto.

Interesante son los planteos en relación a pensar la posibilidad de una trama vincular o campo de interacción entre quienes integran un grupo virtual. Marc Auge, define la posibilidad de los lugares y no lugares, refiriéndose a la existencia no sólo de lugares físicos sino también de …”espacios legitimados por un universo simbólico, un espacio que fija puntos de referencias que permite la identificación y la identidad relacional e histórica”… Así el sujeto se relaciona con otros, genera pertenencia y por medio de actos de locución (palabra escrita, entre otras posibilidades) se crea lo social, se intenta cambiar la realidad.

Pero no alcanza solamente con la presencia y/o la palabra, un elemento fundamental, organizador del grupo, es la posibilidad de internalización recíproca de los sujetos. La mutua representación interna es una operación psíquica por el cual cada uno de los integrantes ingresa al mundo interno de los otros sujetos, proceso que se dará de forma paulatina y sosteniéndose en la interacción que se dé entre las personas.

Pichón plantea que el “mundo interno” del sujeto es como un escenario donde se internalizan (se ubican) las representaciones de objetos y relaciones del mundo exterior. A partir de esta concepción las cosas de la realidad exterior, se escenifican en el interior de los sujetos, y luego a través de la conducta, las representaciones internas se representan exteriormente en los grupos a los que el sujeto pertenece, dando a los demás sujetos la posibilidad de internalizarlo también.

Podemos hablar de una estructura dialéctica, en la que se da un reconocimiento de sí y del otro, en un proceso en espiral, en el vínculo cada sujeto reconoce al otro como diferente de sí y articulándose en un relación permanente entre el mundo interno de cada sujeto y su contexto. Así el YO se transformará en un NOSOTROS, y va apareciendo la pertenencia, caracterizada por el sentimiento de integrar el grupo, de identificarse con los acontecimientos del grupo.

Otro elemento central de la conceptualización es “la tarea” que el grupo se propone de manera implícita y explícita. La tarea está dada por aquellas serie de acciones que el sujeto realiza para llegar al objetivo o meta que se propone, la misma es una situación dialéctica entre necesidad y satisfacción.

La tarea es proceso de interacción, dentro de un sistema donde los integrantes buscan cumplir un objetivo y satisfacer una necesidad. La tarea explícita es una función específica, cuando los integrantes están inmersos en el aprendizaje formal, propiamente dicho (en el caso de la carrera que los convoca) Al mismo tiempo subyace otra tarea, la implícita, que son aquellas acciones que están orientadas a la construcción del grupo como tal, es decir que permiten la formación de una trama vincular entre los integrantes, condición para que la tarea explícita puedan concretarse.

El grupo tiene, entonces, dos tareas: la explícita, que se relaciona con lo expresado o propuesto, llegar al objetivo final, en este caso “formarse como operadores en psicología social”. Y la tarea implícita que se relaciona con la conformación del grupo y la construcción de la trama vincular.

Queda mencionar entonces los complejos mecanismos de adjudicación y asunción de roles, los roles refieren en primera instancia, al lugar que cada integrante toma en la dinámica grupal. Los mismos se configuran en el cruce entre la verticalidad del sujeto, y la horizontalidad del grupo, en el entrecruzamiento con la situación actual (transversalidad). Es un proceso inconsciente que se da al interior del grupo, durante su dinámica.

Sin embargo, la cuestión del desempeño es decir, del lugar que cada sujeto toma o función que cumple hace referencia al concepto de “status”. Los roles son “situacionales”, es decir dependen de la dinámica del momento, de un aquí y ahora, en relación con la tarea que se cumple.

El grupo es un escenario donde se adjudican y asumen roles que pertenecen al grupo interno, o escena, de cada integrante. Pero también se ponen en juego escenas de situaciones sociales. En la dramatización de esas escenas cada sujeto ocupa un rol de la situación grupal.
Asume un rol, aquel que adopta un comportamiento similar al de los personajes de su escena interna. Y lo adjudica aquel que le atribuye a otro un comportamiento tal como el de algún personaje de dicha escena. Recordemos que este mecanismo es inconsciente, y se da en una relación de complementariedad. Yo te adjudico un rol y asumo el que lo complementa: Vos me proteges y yo soy tu protegido.

Conocer, deconstruir y volver a construir el concepto de GRUPO de Enrique Pichón Riviere, nos invita una vez más a pensar en la concepción de sujeto pichoniano, quien en el interjuego entre necesidad y satisfacción, fundante de toda tarea y del aprendizaje, será definido como sujeto activo, de la acción situándolo a partir de las tareas que resuelve, en su dimensión histórica, a partir de su cotidianidad.

Apuntes Psicología Social – Grupo

Comparto un apunte de la materia “Teoría de los Grupos” de Primer Año de la carrera de Operador en Psicología Social.

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TEORÍA DE LOS GRUPOS:

El recorrido teórico que iniciaremos tiene como objetivo conocer el significado del vocablo GRUPO, no sólo desde lo etimológico, sino también en cuanto a la carga de significación que fue tomando, en estricta relación con el contexto histórico social.

Cabe mencionar que el vocablo GRUPO es un término relativamente moderno, ya que en la antigüedad no se conoce un concepto que lo referencie y tampoco se manifiesta la necesidad de mencionarlo, de ponerle un nombre. No se da esto por la “no existencia” de situaciones colectivas o de grupo, sino por la invisibilidad con que se revestía a la situación.

Podemos pensar entonces que los pequeños grupos o colectivos no tenían la suficiente relevancia como para formar parte de la producción de representaciones del mundo social, es decir no merecían un nombre y su significación.

Tanto el término francés GROUPE como el castellano GRUPO, derivan del italiano GROPPO o GRUPPO, que hace referencia a un “conjunto de personas esculpidas o pintadas”. Tiempo después, se lo reconoce como “reunión de personas”, y con este significado se incorpora al lenguaje coloquial.

El GROPPO SCULTÓRICO refiere a las esculturas que durante la época medieval se mostraban adheridas, integradas al edificio y que a partir del Renacimiento cobran volumen, se separan de los mismos y pueden ser apreciadas caminando a su alrededor, cobrando sentido como conjunto y no de manera aislada.

El término GROPPO, podría derivar del antigua provenzal GROP, que significa NUDO, y del término germano KRUPPA como masa redondeada, aludiendo a la forma CIRCULAR.

Estas significaciones están presentes en la reflexión actual sobre lo grupal. NUDO puede remitir al grado de cohesión entre los miembros de un grupo, y podemos plantear un interrogante, que nos ayude en la elaboración de esta idea: ¿Qué anudamientos o desanudamientos se organizan al interior de un conjunto de personas?

La masa redondeada porta la idea de círculo, en sentido de reunión de personas y una particular estructuración de los intercambios entre ellas. Desde las tradiciones más antiguas, esta forma de ubicación es incorparada y pensada cuando los hombres se pueden pensar “a igual distancia de Dios”.

El GROPPO aparece en el renacimiento, momento de cambios políticos, económicos y sociales; momentos en que va tomando forma, haciéndose lugar las prefiguraciones del INDIVIDUO. También se produce un proceso de transformación que modifica los grandes agrupamientos de la sociedad feudal hasta la conformación de la familia nuclear moderna. Ya con la llegada de la sociedad industrial, surge la temática de la identidad personal, las diferenciaciones entre lo público y la privado y un cambio fundamental en la vida cotidiana, la consideración del libre albedrío y la felicidad personal.

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Enrique Pichón- Riviére El proceso grupal

Comparto uno de los escritos de Enrique Pichón Rivière.

2.6

PRÓLOGO
Connaissance de la mort
Je te salue
mon cher petit et vieux
cimetière de ma ville
où i’appris à jouer
avec les morts.
C’est ici où ¡’ai voulu
me révéler le secret de
notre courte existence à
travers les ouvertures
d’anciens cercueils solitaires.
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El sentido de este prólogo es el de esclarecer algunos aspectos de mi esquema referencial indagando su origen y su historia, en busca de la coherencia interior de una tarea que muestra en estos escritos, de temática y enfoques heterogéneos, sus distintos momentos de elaboración teórica.

Como crónica del itinerario de un pensamiento, será necesariamente autobiográfico, en la medida en que el esquema de referencia de un autor no se estructura sólo como una organización conceptual, sino que se sustenta en un fundamento motivacional, de experiencias vividas. A través de ellas, construirá el investigador su mundo interno, habitado por personas, lugares y vínculos, los que articulándose con un tiempo propio, en un proceso creador, configurarán la estrategia del descubrimiento.

Podría decir que mi vocación por las Ciencias del Hombre surge de la tentativa de resolver la oscuridad del conflicto entre dos culturas. A raíz de la emigración de mis padres desde Ginebra hasta el Chaco, fui desde los 4 años testigo y protagonista, a la vez, de la inserción de un grupo minoritario europeo en un estilo de vida primitivo. Se dio así en mí la incorporación, por cierto que no del todo discriminada, de dos modelos culturales casi opuestos. Mi interés por la observación de la realidad fue inicialmente de características precientíficas y, más exactamente, míticas y mágicas, El descubrimiento de la continuidad entre sueño y vigilia, presente en los mitos que acompañaron mi infancia y en los poemas que atestiguan mis primeros esfuerzos creativos, bajo la doble y fundamental influencia de Lautréamont y Rimbaud, favoreció en mí, desde la adolescencia, la vocación por lo siniestro.

La sorpresa y la metamorfosis, como elementos de lo siniestro, el pensamiento mágico, estructurado como identificación proyectiva, configuran una interpretación de la realidad característica de las poblaciones rurales influidas por la cultura guaraní, en las que viví hasta los 18 años. Allí toda aproximación a una concepción del mundo es de carácter mágico y está regida por la culpa.

Las nociones de muerte, duelo y locura forman el contexto general de la mitología guaraní. La internalización de estas estructuras primitivas orientó mi interés hacia la desocultación de lo implícito, en la certeza de que tras todo pensamiento que sigue las leyes de la lógica formal, subyace un contenido que, a través de distintos procesos de simbolización, incluye siempre una relación con la muerte en una situación triangular.

Ubicado en un contexto en el que las relaciones causales eran encubiertas por la idea de la arbitrariedad del destino, mi vocación analítica surge como necesidad de esclarecimiento de los misterios familiares y de indagación de los motivos que regían la conducta de los grupos inmediato y mediato. Los misterios no esclarecidos en el plano de lo inmediato (lo que Freud llama “la novela familiar”) Y la explicación mágica de las relaciones entre el hombre y la naturaleza determinaron en mí la curiosidad, punto de partida de mi vocación por las Ciencias del Hombre. El interés por la observación de los personajes prototípicos, que en las pequeñas poblaciones adquieren una significatividad particular, estaba orientado -aún no conscientemente- hacia el descubrimiento de los modelos simbólicos, por los que se hace manifiesto el interjuego de roles que configura la vida de un grupo social en su ámbito ecológico.

Algo de lo mágico y lo mítico desaparecía entonces frente a la desocultación de ese orden subyacente pero explorable: el de la interrelación dialéctica entre el hombre y su medio. Mi contacto con el pensamiento psicoanalítico fue previo al ingreso a la Facultad de Medicina y surgió como el hallazgo de una clave que permitiría decodificar aquello que resultaba incomprensible en el lenguaje y en los niveles de pensamiento habituales. Al entrar en la Universidad, orientado por una vocación destinada a instrumentarme en la lucha contra la muerte, el enfrentamiento precoz con el cadáver -que es paradójicamente el primer contacto del aprendiz de médico con su objeto de estudio- significó una crisis. Allí se reforzó mi decisión de indagar – en el,. campo de la locura ,que siendo una forma de muerte, puede resultar reversible. Las primeras aproximaciones a la psiquiatría clínica me abrieron el camino hacia un enfoque dinámico, el que me llevaría progresivamente, y a partir de la observación de los aspectos fenoménicos de la conducta desviada, al descubrimiento de elementos genéticos, evolutivos y estructurales que enriquecieron mi comprensión de la conducta como una totalidad en evolución dialéctica.

La observación, dentro del material aportado por los pacientes, de dos categorías de fenómenos netamente diferenciables para el operador: lo que se manifiesta explícitamente y lo que subyace como elemento latente, permitió incorporar en forma definitiva al esquema de referencia la problemática de una nueva psicología que desde un primer momento tendería hacia el pensamiento psicoanalítico.

El contacto con los pacientes, el intento de establecer con ellos un vínculo terapéutico confirmó lo que de alguna manera había intuido; que tras toda conducta “desviada” subyace una situación de conflicto, siendo la enfermedad la expresión de un fallido intento de adaptación al medio.

En síntesis, que la enfermedad era un proceso comprensible. Desde los primeros años de estudiante trabajé en clínicas privadas, adquiriendo experiencia en el campo de la tarea psiquiátrica, en la relación y convivencia con internados. Ése contacto permanente con todo tipo de pacientes y sus familiares me permitió conocer en su contexto el proceso de la enfermedad, particularmente los aspectos referentes a los mecanismos de segregación. Tomando como punto de partida los datos que sobre estructura y características de la conducta desviada me proporcionaba el tratamiento de los enfermos, y orientado por el estudio de las obras de Freud, comencé mi formación psicoanalítico. Ésta culminó, años más tarde, en mi análisis didáctico, realizado con el Dr. Garma.

Por la lectura del trabajo de Freud sobre “la Gradiva” de Tensen tuve la vivencia de haber encontrado el camino que me permitiría lograr una síntesis, bajo el común denominador de los sueños y el pensamiento mágico, entre el arte y la psiquiatría. En el tratamiento de pacientes psicóticos, realizado según la técnica analítica y por la indagación de sus procesos transferenciales, se hizo evidente para mí la existencia de objetos internos, múltiples “imago”, que se articulan en un mundo construido según un progresivo proceso de internalización. Ese mundo interno se configura como un escenario en el que es posible reconocer el hecho dinámico de la internalización de objetos y relaciones.

En este escenario interior se intenta reconstruir la realidad exterior, pero los objetos y los vínculos aparecen con modalidades diferentes por el fantaseado pasaje desde el “afuera” hacia el ámbito intrasubjetivo, el “adentro”. Es un proceso comparable al de la representación teatral, en el que no se trata de una siempre idéntica repetición del texto, sino que cada actor recrea, con una modalidad particular, la obra y el personaje. El tiempo y el espacio se incluyen como dimensiones en la fantasía inconsciente, crónica interna de la realidad.

La indagación analítica de ese mundo interno me llevó a ampliar el concepto de “relación de objeto”, formulando la noción de vínculo, al que defino como una estructura compleja, que incluye un sujeto, un objeto, su mutua interrelación con procesos de comunicación y
aprendizaje.

Estas relaciones intersubjetivas son direccionales y se establecen sobre la base de necesidades, fundamento motivacional del vínculo. Dichas necesidades tienen un matiz e intensidad particulares, en los que ya interviene la fantasía inconsciente. Todo vínculo, así entendido, implica la existencia de un emisor, un receptor, una codificación y decodificación del mensaje. Por este proceso comunicacional se hace manifiesto el sentido de la inclusión del objeto en el vínculo, el compromiso del objeto en una relación no lineal sino dialéctica con el sujeto. Por eso insistimos que en toda estructura vincular -y con el término estructura ya indicamos la interdependencia de los elementos- el sujeto y el objeto interactúan realimentándose mutuamente. En ese interactuar se da la internalización de esa estructura relacional, que adquiere una dimensión intrasubjetiva.

El pasaje o internalización tendrá características determinadas por el sentimiento de gratificación o frustración que acompaña a la
configuración inicial del vínculo, el que será entonces un vínculo “bueno” o un vínculo “malo”.

Las relaciones intrasubjetivas, o estructuras vinculares internalizadas, articuladas en un mundo interno, condicionarán las características del aprendizaje de la realidad. Este aprendizaje será facilitado u obstaculizado según que la confrontación entre el ámbito de lo intersubjetivo y el ámbito de lo intrasubjetivo resulte dialéctica o dilemática. Es decir, que el proceso de interacción funcione como un circuito abierto, de trayectoria en espiral, o como un circuito cerrado, viciado por la estereotipia.

El mundo interno se define como un sistema, en el que interactúan relaciones y objetos, en una mutua realimentación. En síntesis, la interrelación intrasistémica es permanente, a la vez que se mantiene la interacción con el medio. A partir de las cualidades de la interacción externa e interna, formularemos los criterios de salud y enfermedad.

Esta concepción del mundo interno, y la sustitución de la noción de instinto por la estructura vincular, entendiendo al vínculo como un protoaprendizaje, como el vehículo de las primeras experiencias sociales, constitutivas del sujeto como tal, con una negación del narcisismoprimario, conducían necesariamente a la definición de la psicología, en un sentido estricto, como psicología social.

Si bien estos planteos surgieron en una praxis y están sugeridos, en parte, en algunos trabajos de Freud (Psicología de las masas y análisis del Yo), su formulación implicaba romper con el pensamiento psicoanalítico ortodoxo, al que adherí durante los primeros años de mi tarea, y a cuya difusión había contribuido con mi esfuerzo constante. Pienso que esa ruptura significó un verdadero ,obstáculo epistemológico, una crisis profunda, cuya superación me llevó muchos años, y que quizá se logre recién hoy, con la publicación de estos escritos.

Esta hipótesis parecería confirmada por el hecho de que, a partir de la toma de conciencia de las significativas modificaciones de mi marco referencial, me volqué más intensamente a la enseñanza, interrumpiendo el ritmo anterior de mi producción escrita. Solo en 1962, en el trabajo sobre “Empleo del Tofranil en el tratamiento del grupo familiar”, en 1965 con “Grupo operativo y teoría de la enfermedad única”, y en 1967 con “Introducción a una nueva problemática para la psiquiatría”, logro una formulación más totalizadora de mi esquema conceptual, si bien algunos aspectos fundamentales se relacionan entre sí, y muy escuetamente, recién en “Propósitos y metodología para una escuela de psicólogos sociales” y “Grupo operativo y modelo dramático”. presentados respectivamente en Londres y Buenos Aires, Congreso Internacional de Psiquiatría Social y Congreso Internacional de Psicodrama, en el año 1969.

La trayectoria de mi tarea, que puede describirse como la indagación de la estructura y sentido de la conducta, en la que surgió el descubrimiento de su índole social, se configura como una praxis que se expresa en un esquema conceptual, referencial y operativo.

La síntesis actual de esa indagación puede señalarse por la postulación de una epistemología convergente, según la cual las ciencias del hombre conciernen a un objeto único: “el hombre en situación” susceptible de un abordaje pluridimensional.

Se trata de una interciencia, con una metodología interdisciplinaria, la que funcionando como unidad operacional permite un enriquecimiento de la comprensión del objeto de conocimiento y una mutua realimentación de las técnicas de aproximación al mismo.

E. P. -R.

Descargar texto completo: Apunte 6 – 26-05 – Pichon_Riviere_Enrique_-_El_Proceso_Grupal

Breve Guía para el Aprendizaje del Rol Observador de Grupos – Riviére-Quiroga

Comparto una guía muy útil para realizar una buena interpretación de una crónica de observación. Espero les sirva.

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Introducción

Este trabajo apunta a acompañar y ser referente en el proceso de aprendizaje para quienes se inician en la formación en la tarea de observación de grupos, particularmente cuando estos últimos son encuadrados desde la perspectiva teórico – técnica que uno de nosotros ha denominado grupo operativo. (E. Pichon – Riviére).

Por tanto, aunque se trate de un trabajo de aproximación al tema y un muy sintético – hasta podría decirse esquemático – ordenamiento de hechos que se suelen dar en el acontecer grupal y algunos de sus indicadores, está orientado a lograr una mayor comprensión de esos procesos, profundizado en un Esquema Conceptual, Referencial y Operativo, que da cuenta de las características y sentido de los mismos, privilegiando la relación de los grupos con sus objetivos (tarea).

La meta de profundización se cumplirá realmente en la medida en que se pueda articular esta guía inicial, con otras temáticas, por ejemplo: categorías de análisis de la interacción grupal (cono invertido) concepto de emergente, etc. (ver programa). Esa articulación y la práctica concreta del rol en un campo grupal permitirán, en un camino de aprendizaje, ir construyendo el modelo de mirada, de indagación del acontecer a observar.

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Ana María Fernández – El campo grupal – Notas para una genealogía

Comparto un texto de Ana María Fernández.

el-campo-grupal-notas-para-una-genealogiaEl libro que aquí se presenta tiene su antecedente en el trabajo original escrito como postulante al Concurso de la Cátedra de Teoría y Técnica de Grupos de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, sustanciado en 1985.

Aquella primera producción tenía como eje el tema solicitado en tal concurso: “¿Existen los grupos humanos. Fundamentaciones”. Sucesivas reelaboraciones han transformado aquel texto de setenta páginas en el volumen que se ofrece hoy a su publicación. Si bien luego de casi tres años de trabajo poco queda de aquel primer texto, el actual conserva un eje de ciertos recorridos temáticos y de autores, consecuencia del requisito académico en el marco del cual fueron pensados los problemas centrales de este libro.

Fuerte motor de sus distintas versiones ha sido el diálogo con los alumnos, quienes con sus preguntas e impresiones han orientado muchos de sus tramos. Al mismo tiempo, la discusión y la crítica del equipo docente de dicha cátedra han permitido su enriquecimiento y profundización.

Sin el estímulo de tal marco académico es probable que este libro no hubiera sido posible.

Sus páginas llevan la impronta de largos diálogos con Juan Carlos de Brasi, Marcelo Percia y José Antonio Castorina. Su presencia va mucho más allá de las citas en que son mencionados puntualmente. También llevan el afecto y la eficiencia de Mercedes López, Sandra Borakievich e Isabel Temprano, quienes realizaron el “invisible” trabajo mecanográfico.

A todos ellos, muchas gracias.

Ana María Fernández

Buenos Aires, diciembre de 1988.

Texto Completo: Fern_ndez_Ana_Mar_a_-_El_campo_grupal_doc_