¿Bruja? ¡Y a mucha honra!

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Fue a partir del feudalismo cuando el poder reinante se esforzó por hacer más visible lo que consideraba la naturaleza pecadora de la mujer. Comenzó a acusársela en público de sostener pactos con el diablo y de obrar contra la Iglesia. Mucho más cuando hacía gala de ciertos saberes, esencialmente vinculados a la curación de enfermedades o los misterios de la fertilidad, que le granjeaban el respeto y la admiración de las gentes de la comarca, pero también la inmediata y contundente condena eclesial, que no dudaba en darle el mote de hechicera al considerar que su trabajo era obra del Mal realizado con artes de brujería, afirmaciones que hacían despertar en el pueblo la desconfianza y el temor en su contra. La bruja no era sin embargo que intentaba romper el rústico corsé que las normas sociales le habían impuesto. Encarnaba en cierto sentido un espíritu de revuelta y subversión contra lo establecido tanto por el Estado como por la religión. Cuando esto se hizo más evidente, el hombre, como representante del poder, que veía en peligro su dominio y amenazados sus privilegios, la llamó bruja, no sólo para que apareciese como delegada o aliada de Lucifer, sino para dejarla fuera de una sociedad que no aceptaba desde ningún punto de vista ampliar su base de sustentación con otros protagonistas, ni mucho menos abrir un campo de discusión sobre sus decisiones

fuente: Osvaldo Tangir, introducción a Heinrich Kramer y Jacobus Sprenger, “Malleus Malleficarum”, Círculo Latino, Barcelona, 2005

Si ser bruja implica tener un “espíritu de revuelta y subversión”, ¡Soy una bruja y a mucha honra!

(in)Visibilizando la brecha digital por género

Comparto una nota del blog http://ensororidad.wordpress.com

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Si bien la brecha digital por género es un tema que me preocupa, apasiona, interesa y sobre el que vengo trabajando hace un tiempo, este post fue motivado especialmente por el suceso que protagonicé con un “Macho Progre” y sus súbditos en Twitter, quienes rotundamente niegan una desigualdad de género en este ámbito. A fin de contribuir con la instrucción de estos cyber-patoteros, sintetizo algunas de las principales características de este fenómeno que lxs representantes del pensamiento misógino y patriarcal pretenden continuar invisibilizando.

En la última década, lxs latinoamericanxs estamos siendo protagonistas de un gran proceso de fortalecimiento de derechos sociales. Uno de los avances más contundentes es, sin dudas, el fortalecimiento de distintas líneas de acción que contribuyen a facilitar un acceso más equitativo a las herramientas conocidas actualmente como TICs (Tecnologías de la Información y la Comunicación).

Con diferentes matices, varios países del cono sur han puesto en marcha políticas públicas destinadas a garantizar que en todos los hogares y escuelas “haya una computadora”. Desde el año 2009, Venezuela lleva adelante el desarrollo de Canaima Educativo. En 2010 Uruguay implementó el Plan Ceibal mientras que el mismo año en Argentina fue creado el Programa Conectar Igualdad. Y a partir del 2011 Ecuador impulsa un plan nacional para aumentar la conectividad mediante el Programa de Acceso Universal a las Tecnologías de Información y Comunicación en el marco de la Estrategia para el Buen Vivir.

Ahora bien, garantizado el acceso básico, ¿podemos afirmar que hay igualdad en el uso, apropiación y beneficio que usuarios y usuarias obtienen de la tecnología? Claramente, la respuesta es NO. Y en este punto vale llamar la atención sobre el uso tendencioso de las estadísticas que ocultan que, detrás de una distribución equitativa de recursos formales, existe aún una desigualdad real en el desarrollo tecnológico por parte de mujeres y varones.

En la XII Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe que se realizó en República Dominicana a fines del año pasado, se presentaron algunos datos que deberían al menos llamarnos la atención… Ya promediando la segunda década del siglo XXI, las dos terceras partes de la población analfabeta de Latinoamérica son mujeres.

A pesar de las múltiples iniciativas que promueven una mejor distribución de recursos tecnológicos entre la población, en la cultura latina las mujeres siguen siendo consideradas menos capaces que los hombres en materia de ciencia y tecnología. Por otra parte, no se cuestiona la división sexual de las tareas domésticas, que sigue redundando en “horas extra” de trabajo para las mujeres y, en consecuencia, menos tiempo libre para sentarse frente a una PC. Es decir que la brecha digital por género existe y persiste más allá de las políticas públicas bienintencionadas que intentan garantizar la igualdad en el acceso.

Por supuesto, esta desigualdad en el manejo de la tecnología aumenta a medida que se avanza en niveles de profesionalización. Lila Pagola señala que actualmente la participación de mujeres profesionales alcanza el 25% en el sector de las tecnologías de la información. Y aún peor,

“en algunas comunidades específicas, que es bastante paradójico respecto de su objetivo principal de existencia, como la comunidad de Software Libre, ese porcentaje baja al orden de entre el 2 y el 5% de mujeres participando como programadoras”

Como todo proceso social, las causas no son tan lineales como para encarar el problema desde un sólo frente. Hay muchos desafíos por delante, empezando por problematizar los prejuicios y sentidos comunes que relegan a las mujeres de los ámbitos científico-tecnológicos. Cuando buscamos un técnico, un programador, un ingeniero, ¿qué idea de ciencia y tecnología hay por detrás?

Volviendo a la idea inicial, para pensar en una construcción colectiva de una “solución” no se trata de aplicar una receta mágica. Pero sí hay un necesario punto de partida que es identificar, reconocer, visibilizar que la problemática existe. Sólo haciendo visibles las barreras sociales, económicas, políticas, educativas que limitan una igualdad real en términos de género, podemos empezar a vislumbrar formas de comunicación tecnológica basada en la justicia.

Fuente: http://ensororidad.wordpress.com/2014/03/11/brecha-digital-por-genero/

Campaña Nacional “Paremos la Trata”

Campaña de prevención sobre el delito de Trata de Personas

La Campaña Nacional “Paremos la Trata” es un trabajo conjunto entre la Secretaría de Comunicación Pública, el Programa Memoria en Movimiento y el Comité Ejecutivo para la Lucha contra la Trata y Explotación de Personas y para la Protección y Asistencia a las Victimas, dependientes de la Jefatura de Gabinete de Ministros de la Nación.

El objetivo de esta campaña es prevenir y concientizar a la población sobre el delito de trata de personas e instalar la línea nacional y gratuita 145, que atiende denuncias y brinda información los 365 días del año, las 24 horas del día.

Esta es la primera vez que el Estado nacional hace una campaña integral (audiovisual, gráfica, radial) sobre el tema, que abarca tanto la trata con fines de explotación sexual como con fines de explotación laboral. Las producciones abordan 3 ejes. En el caso de los spots de explotación sexual, las piezas audiovisuales dan a conocer los principales métodos de engaño que utilizan las redes de trata, de modo de prevenir a las potenciales víctima y alertar a la población en general. En el caso del spot de explotación laboral, el énfasis estuvo dirigido a la vinculación existente entre explotación laboral y trata.

El spot que se realizó en ocasión del Mundial de Fútbol 2014, busca desnaturalizar ciertos hábitos sociales y culturales que están en la base de este delito y garantizan su perpetuación. Es la primera vez que el Estado nacional explicita en una campaña los vínculos estructurales entre trata y prostitución, haciendo énfasis en las modalidades de explotación sexual que subyacen a la práctica de pagar por sexo.

Fuente: http://www.memoriaenmovimiento.gov.ar/index.php/audiovisuales2/paremos-la-trata

Mujeres, fútbol y publicidad: ¿fin del estereotipo?

Comparto una nota de http://blog.mediafem.com

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Hace casi medio siglo, el prestigioso relator y periodista argentino José María Muñoz fundó una de las frases más representativas del deporte por excelencia: “Fútbol, pasión de multitudes”. Pero dentro de esa establecida masa incontable y fanática, ¿están incluidas las mujeres o la multitud es un rejunte exclusivamente masculino?

En las calles, en las redes sociales, en los estadios, en una mesa de amigos, en las transmisiones deportivas y hasta en los campos de juego, muchas mujeres comenzaron a tomar un rol distintivo. Desplazarse del histórico e impuesto estereotipo se transformó en una nueva corriente para chicas que se apasionan por el fútbol.

Al mismo tiempo, la inminente inauguración de la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014, enciende el entusiasmo de otra gran parte del público femenino, que cada cuatro años toma posición de un lado del sillón frente a la tv, para disfrutar los partidos.

De acuerdo a una investigación de la firma Omnicom Media Group, integrada por agencias de medios, “las mundialistas” son las mujeres que siguen exclusivamente el evento y valorizan prácticas como los encuentros con amigos y familiares y el renacimiento del sentimiento nacional. Existen otros perfiles bien diferenciados: “las futboleras”, que comparten la misma pasión que los varones, y “las antifútbol”.

Pero dentro del mundo publicitario no sucede algo similar, las marcas vinculadas al fútbol y al deporte en general no apuntan directamente hacia el mercado de la mujer. Aún no encontramos anuncios que vinculen a balones y mujeres, todavía no abundan campañas dirigidas a las amantes del deporte número uno. Siquiera se destacan sitios deportivos femeninos.

Dentro de la publicidad relacionada al deporte el papel de la mujer sigue siendo secundario. Las marcas históricamente masculinas no esponsorizan a competidoras, jóvenes atletas ni a equipos femeninos. Una parte de la sociedad sigue creyendo en el estereotipo de que la mujer es más delicada, más sensible, más atractiva visualmente y no representa a dichas marcas. Hasta la indumentaria cambia de una categoría a otra.

Hoy en día las mujeres están batiendo récords que hace años eran de los hombres. El determinismo biológico no es tal si lo entendemos como una cuestión evolutiva en la que a la mujer le correspondían hábitos que no requerían del uso de la musculatura (supuestamente no salía a cazar, aunque hay instrumentos arqueológicos que apuntan a que sí). Esto ha cambiado.

Una porción importante de mujeres comenzó a incursionar en la práctica amateur, y hasta profesional, del fútbol o incluso en el arbitraje. Desde 1991, la Federación Internacional de Fútbol (FIFA) inauguró la copa mundial femenina, y en el mismo año la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) regularizó un campeonato femenino, en el que compiten 15 equipos. Según un estudio realizado por la agencia alemana Sport+Markt, el 42% de los aficionados al fútbol en el mundo son mujeres.

Hay otro interés, existe otro atractivo, las chicas también son consumidoras directas de deportes. Quizás tengamos que esperar cuatro años más, hasta la próxima copa del mundo, para corroborar si alguna marca toma las riendas y lanza publicidades de fútbol que apunten notoriamente hacia ellas. Mientras tanto, el debate continúa.

Nelson Laffitte, nelson.laffitte@mediafem.com

Account Executive, MediaFem Argentina.

 

Fuente: http://blog.mediafem.com/2014/04/mujeres-futbol-y-publicidad-fin-del-estereotipo/

El noviazgo y la violencia de género en adolescentes, de Tahira Vargas

Comparto una nota de http://altersexual.net

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Podcast Altersexual: Violencia en el noviazgo y roles de género

http://altersexual.net/2014/04/05/podcast-altersexual-10/

 

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El noviazgo es una etapa en las relaciones de pareja que presenta distintos matices culturales según el estrato social.

En los estratos pobres el noviazgo tiende a ser una etapa más corta y efimera mediada por las sanciones culturales a la actividad sexual en la que inmediatamente la familia conoce la existencia de actividad sexual en las jóvenes la expulsan de sus hogares y pasa a “vivir” con el novio.

El vivir con el novio tiene la connotación de que no necesariamente implica una convivencia residencial sino que se refiere a la existencia de relaciones sexuales que generan un cambio en el estatus de la relación de pareja que pasa a ser de “novios” a “marinovios” o simplemente “marío y mujer”.

Estas connotaciones vinculadas a las relaciones sexuales tienen un contenido patriarcal y de apropiación de la joven adolescente que pasa a “pertenecer” al novio inmediatamente ella decide establecer la relación de noviazgo aún cuando no han tenido relaciones sexuales.

La pertenencia al novio se muestra en frases como “esa mujer es mía y nadie me la quita” “cuidao con mirarla mucho que es mi mujer” “eso es mío no invente” “deja el coro con ella que es mía”.

Estas expresiones se presentan en los diálogos informales entre jóvenes adolescentes de sexo masculino donde se muestran las amenazas permanentes con relación a miradas, gestos que puedan interferir en el sentido de pertenencia o posesión de la joven en su condición de noviazgo.

La posesión se convierte así en el rasgo predominante en las relaciones de noviazgo entre adolescentes y aún cuando sean relaciones de “mangueo” o de “coro” hay en estas relaciones una cierta conexión con la posesión más aún cuando pasan de coro y mangueo ( si pasan) a un noviazgo.

Así en el noviazgo el joven se siente con todo el derecho de manejar el cuerpo de la joven adolescente en su condición de “poseedor” del mismo y con ello la reprime y sanciona cuando esta asume conductas inaceptables para él.

Los estilos de sanción que ejercen los adolescentes de sexo masculino contra las jóvenes adolescentes que son sus “novias” están mediados por la violencia verbal y física.

Así muchas jóvenes nos relatan que sus novios les pegan con cierta frecuencia cuando ellas “se portan mal”. “El me da mi galleta cuando yo no hago lo que él quiere”. “A mí me han dao mi bofetá porque me lo buqué”.

Estas expresiones son frecuentes entre las jóvenes adolescentes que tienden a legitimar la violencia que sufren por sus novios reproduciendo así los mismos patrones de legitimación de la violencia de género que se producen en las relaciones conyugales entre personas adultas.

La violencia de género se presenta así como una espiral que crece y se expande en todo tipo de relación entre hombre-mujer sobre todo cuando en estas relaciones existen dimensiones afectivas y sexuales. Esta violencia tiene sus raíces en los sustratos culturales del patriarcado que le da poder al hombre sobre la mujer y la convierte en su objeto y en su propiedad aún cuando no existe ningún acuerdo matrimonial como en el noviazgo.

[Vía acento.com.do]

Fuente: http://altersexual.net/2014/04/05/el-noviazgo-y-la-violencia-de-genero-en-adolescentes-de-tahira-vargas/

Búsquedas misóginas en Google: mucho que recorrer

Comparto una nota del blog http://www.dreig.eu

Vivimos en la Sociedad aumentada y aparecen en múltiples lugares indicadores de cuestiones que antes requerían de costosa investigación. Así es en el caso de la característica de autocompletar de Google, que cuando introducimos una palabra nos sugiere las que más frecuentemente acompañan las búsquedas.

El ejemplo que se está popularizando en la blogosfera anglo esta semana muestra la discriminación de la mujer aún existente. El tema es idea de los creativos de Ogiilvy & Mather Dubai y es publicada en primer lugar por UN Women (via Adweek):

Veamos los resultados, con la precaución de que se trata de una muestra estadounidense. Con el ánimo de aliviar este sesgo reproduzco el tema para España. No sé si no resulta aún peor…

¿Qué es lo que no debería la mujer (en EEUU)?

-Tener derechos
-Votar
-Trabajar
-Boxear

la mujer

¿Y qué es lo que tenemos que hacer?

-Ser puestas en nuestro sitio.
-Saber cuál es nuestro lugar.
-Ser controladas.
-Ser disciplinadas.

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En España el tema “varía” del siguiente modo:

La mujer debe:

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La mujer no debe:

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¿Asustados/as? Pues continuemos… que todo puede ir a peor:

¿Qué es lo que no podemos?

-Conducir
-Ser sacerdote
-Ser dignas de confianza
-Hablar en la iglesia

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De nuevo aparece el susto si realizamos la búsqueda en otros ámbitos:

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Por último, deberíamos tener claro lo que tenemos que hacer…

-Quedarnos en casa
-Ser esclavas
-Estar en la cocina
-No hablar en la iglesia

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Eso en Norteamérica, porque en España….

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Antes de indignarnos más, creo, deberíamos poner en perspectiva la metodología… ¿Quién realiza este tipo de búsquedas sobre lo que la mujer debe o no debe hacer? Probablemente los más machistas. El sesgo es evidente y creo que lo que demuestra es cuáles son los prejuicios aún existentes en el misógino acérrimo.

Curioso método y sorprendentes resultados, de todos modos

Fuente: http://www.dreig.eu/caparazon/2013/10/22/misoginia-google/

Actualmente, éstos son los resultados del día 14/05/2014:

la mujer debe

la mujer no debe

la mujer no puede

la mujer tiene que

Machismo en el trabajo o el morbo de la secretaria

Comparto una nota del blog http://mujerteniasqueser.wordpress.com

Estoy un poco enfadada con un tema que quizá hace diez años no hubiera ni imaginado.

La historia comienza con que he tenido hoy una entrevista de trabajo para el puesto de scretariA. Y pongo la A en mayúscula por no ponerla a tamaño ochenta. SecretariA. Como podéis imaginar allí no estaba yo sola, sino unas veinte chicas más, entre las que se iban, las que venían y las que estábamos. Las había de todo tipo pero todas mujeres. No es la primera vez que me encuentro con esto: se desea una mujer para ser la que atienda las llamadas, para que sea la primera persona de contacto, jamás un hombre. ¿ Cuántos secretarios hay? Y es que ahora que lo pienso, yo, al menos, no he conocido a ninguno. No recuerdo llegar a un sitio y que sea un hombre quien me abra la puerta.

Quieren siempre una mujer, porque queda mejor. Pero digo yo ¿ y un hombre no puede hacer este mismo trabajo? ¿ O es que ellos no están igual de capacitados?

La secretaria que yo imagino

Total, que cuando viene el hombre que nos entrevista me siento como si estuviera en un casting porno. Sinceramente. No quiero decir con esto que haya sucedido nada extraño. Para nada. Todo ha sido cordial y normal, sin una palabra fuera de lugar. Es la situación en sí lo que me enfada. Me enfada que alguien pida sólo mujeres para un puesto de trabajo. Me jode que estemos todas allí, con nuestras falditas y lo voy a decir, con nuestros diplomas de licenciadas, esperando a que un hombre vea el ganado y decida con quien se queda. ¿ O soy yo la sensible? No lo sé, pero la situación me repatea.

¿ Qué se pasa por la cabeza de alguien cuando pone una oferta de secretaria para pedir exclusivamente mujeres? Pues primero de todo un machismo antiguo y anclado en los estereotipos de los años cincuenta de las oficinistas americanas de que la mujer es la que está al servicio del hombre. La cosa bonita que cuando la gente vea será agradable con ellos. Eso sí, en la oferta pone buena presencia.

Quizá sea porque el puesto de secretaria no ha sido sólo una cosa tradicionalmente femenina, sino que a la mujer se le puede pedir que sea esa persona al servicio de los demás, un trabajador que más allá de ser una persona al servicio de la empresa como otros, sea la persona que arregle cosas, la que más recados acepte, la que esté más subordinada a los demás. Porque a la secretaria cualquiera le puede pedir fotocopias, el café o  cualquier mierda. Pero a un hombre…. ¿ a un hombre no?

¿ Un hombre no podría ser secretario de esta oferta, por ejemplo? Un hombre con buena presencia, amable… no, es que verán ustedes, se presupone que la mujer ya va a ser amable con todo el mundo. Lo será porque está acostumbrada a complacer a los demás. Porque ya lo hace en su día a día, ya atiende a los demás, ya está acostumbrada a que la miren como algo bonito que dirá que sí cuando le llamen.

Total, que yo me he ido antes de tiempo porque estaba hasta el choto. Y es que sinceramente, me quería ir. Todo me estaba pareciendo deprimente. Quizá hace tiempo no hubiera caído en esto. Quizá no me hubiera dado cuenta de que qué hacemos allí las mujeres, por el mero hecho de ser mujeres, en un puesto donde sólo se piden mujeres pero porque es un puesto femenino. Luego me ha asaltado otro pensamiento: ¿ es que no le dirán a un hombre licenciado ser secretario porque es como “rebajarse” demasiado? En cambio, una mujer licenciada entenderá que ese puesto le viene como anillo al dedo porque está en su naturaleza. La mujer siempre ha sido secretaria, para regocijo de los empresarios babosos. Siempre ha sido la división de poder: el hombre por encima tiene a su “sirvienta” a una mujer. No quiero con esto desprestigiar la labor de la secretaria sino preguntarme por qué ese puesto está siempre dispuesto para una mujer y no para un hombre.

¿ La secretaria que ellos ven?

Así que recuerdo las razones más clásicas para que una mujer ocupe este lugar. ¿ O puede ser también que se considere que una mujer no tiene ambición y puede ser secretaria toda la vida pero un hombre, al tener más ambición no se conforme con un puesto similar? No lo sé, se aceptan apuestas.

Lo que me queda muy claro es que, mirad, yo no quiero pensar mal, pero a mí esto me ha sonado a “voy a ver quién está más buena” y luego ya si eso, la contrato. Porque para lo que nos han hecho hacer hoy, como lo hemos hecho y todo, no suena a otra cosa. Suena a esas secretarias que colmaban los despachos cuando los ordenadores no existían y todo se copiaba con papel de calcar sobre la máquina de escribir.

¿ Estaré paranoica o habré visto algo que queda oculto y que otras no ven? ¿ Soy tan sensible de sentirme así en una entrevista?

 

Fuente: http://mujerteniasqueser.wordpress.com/2013/07/31/machismo-en-el-trabajo-o-el-morbo-de-la-secretaria/

Chau Barbie, chau

Comparto un artículo de http://www.pagina12.com.ar

Lammily

Un norteamericano de 25 años lanzó al mercado una Barbie con curvas verdaderas. Y aunque estará lista recién en noviembre ¡ya es un éxito!

Por Guadalupe Treibel

Quien tenga la mirada atenta sabrá que, cada dos por tres, las noticias alrededor de la controvertida Barbie se multiplican. Sólo en los últimos meses se dio a conocer que la icónica muñequita estaba teniendo una crisis de mediana edad: después de cinco décadas de popularidad masiva, sus ventas del último cuarto del año pasado habían caído un 13 por ciento –sintomático de que ¡por fin! el interés de las niñas se le estaba escurriendo entre sus manitas de plástico–. La mayoría apuesta a que se trata de una reacción lógica a partir de la perjudicial y distorsionada imagen física que ofrece para las pequeñas, aunque eso no haya disparado ningún mea culpa de la compañía. Muy por el contrario, sus irreales estándares de belleza han sido reforzados por Mattel hace unas pocas semanas, cuando la vicepresidenta de diseño, Kim Culmone, declaró que “su cuerpo nunca tuvo la intención de ser realista, sino que pudiera ser vestido y desvestido fácilmente”. Mmm, dudas… ¿Cómo facilita al emperifollado sendos senos enormes? En fin, es evidentemente que el estudio de la Universidad de Sussex de 2006 que comprobaba que la cinturita imposible “contribuye al incremento de desórdenes alimentarios y obsesión con el peso de las niñas” no le pareció prueba suficiente.

Tampoco los casos de mujeres como la tal Blondie Bennet, una dama que, después de haber pasado cantidad de veces por el bisturí de su cirujano plástico, ahora está bajando su coeficiente intelectual ¡a propósito! para que la gente la vea como una Barbie por dentro y por fuera. O la archiconocida modelo ucraniana Valeria “Barbie Humana” Lukyanova, que admitió recientemente que su dieta para mantenerse “en forma” está compuesta por aire… y luz. Efectos colaterales injustificados, ¿cierto? Al fin y al cabo, la muñequita siempre enseñó a sus aficionadas a ser más que una cara bonita y las incentivó a convertirse en médicas, abogadas, chefs, etcétera… Pero, ¿cómo? ¿No? La pucha: acorde a un experimento realizado por la psicóloga Aurora Sherman, de la Oregon State University, “las aspiraciones vocacionales de las jovencitas se reducen considerablemente después de jugar con una Barbie cinco minutos”. “Es por el tipo de muñeca, no las características de las participantes”, especificó la especialista.

No hay respiro. Pero, ¡tranquilidad!. Que existe la famosa luz al final del túnel gracias a un muchacho, más atento él a las necesidades de las mocitas que la misma Mattel. Nickolay Lamm es el nombre del artista veinteañero de Pittsburgh que, bajo el lema “ser promedio es hermoso”, ha fundado una línea propia llamada “Lammily”. ¿De qué trata? Pues, básicamente, son versiones más bajas, rellenitas, saludables y “realistas” de la tradicional Barbie. El puntapié inicial fue el año pasado, cuando este hombre creó digitalmente una modelo 3D con las medidas reales de una joven de 19, la sentó al lado de Barbie y luego la photoshopeó para que se pareciera a la imposible chica Mattel. El gesto, además de evidenciar el horror de representatividad femenina que implica el esbelto figurín, entusiasmó al público internetiano, que empezó a enviarle correos preguntando dónde conseguía la muñeca “verdadera”.

De cara a la ilusión de la gente, Lamm decidió convertir su versión 3D en ejemplar de carne y hueso (o plástico, en fin…) y, con la meta entre ceja y ceja, pidió ayuda vía crowfunding. Insólitamente, en menos de 24 horas, su meta de 95 mil dólares fue ampliamente superada. De hecho, la gente sigue contribuyendo y el monto recaudado actualmente escala hasta los… 390 mil dólares. “Si hay al menos una pequeña chance de que Barbie en su forma presente esté influyendo de manera negativa a las chicas, y si una mujer de cuerpo promedio se ve tan bien, ¿qué detiene a Mattel de hacer una así?”, se preguntó el atento entrepreneur que supo canalizar una necesidad y volverla en oportunidad de mercado.

Con diferentes prototipos que ya ha testeado –exitosamente– entre sus primitas y una fecha de salida estipulada para noviembre, las versiones vienen con partes articuladas, promueven un estilo de vida sano (haciendo, por ejemplo, deporte), llevan mínimo maquillaje y están vestidas de forma sencillísima (una camisita floja, shorts, zapatillas). Además se pueden preordenar por valores que arrancan en los 17 dólares. Frente al manantial de solicitudes, el flamante empresario vuelve al signo de interrogación: “Hay cantidad de estudios que sugieren que los modelos que circulan afectan la imagen corporal positiva y llevan a la anorexia. ¿Cómo no crear una alternativa?”. Eso mismo se pregunta muchísima gente desde hace rato. Por lo menos, alguien se ha dispuesto a contestarla.

Curiosamente, no es la primera vez que el chico Lamm es noticia por sus simpáticas ocurrencias: el año pasado, sin ir más lejos, se asoció con un doctor en genómica computacional, Alan Kwan, para hipotetizar acerca de cómo se verá/vería el ser humano en 20 mil, 60 mil y 100 mil años, experimento especulativo ilustrado con seres de ojos ¡enormes! También en 2013, aunque lejos ya del asunto evolutivo, el joven de 25 se hizo una pregunta capital –y punchera–: “¿Qué ven los gatos?”. La respuesta llegó con imágenes comparativas de la visión felina y humana y –como cualquier proyecto bien encauzado que involucra mininos– no tardó en volverse viral. Por lo demás, Nickolay se ha ocupado de los cambios climáticos, la inequidad entre las clases sociales, lograr que veamos… las ondas de wifi, entre otros eclécticos tópicos de interés relativo. Las pistas, por tanto, lo dicen todo: el autodefinido “artista e investigador” tiene la curiosidad a flor de piel. Y ahora, gracias a la ayuda monetaria vía crowfunding, los billetes para capitalizar una Barbie –literalmente– como la gente. De modo que, ¡enhorabuena, mucha suerte, los mejores deseos! Y todo el abanico de saludos que las buenas –y saludables– iniciativas ameritan.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-8702-2014-03-14.html

¿Y si me permites caminar tranquila?

Comparto una nota publicada en http://anred.org

¿Son los “piropos” una forma de violencia normalizada e invisibilizada contra la mujer? ¿Sería mejor llamar acoso callejero machista a los “halagos”? Por Marta González y Paula Vilella / Ilustraciones: Nanu Kübler, para Brecha Digital / Video: Hugo Meyer.

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11 horas. Salgo de casa. Subo a pagar unas cuentas. A dos cuadras, tras una verja de metal opaca, oigo silbidos y jadeos de varios hombres a los que no veo. Aprieto el paso.

11.15 horas. Regreso de pagar las cuentas. A la misma altura de la obra, pero en la acera de enfrente, un señor de unos 70 años se acerca a mi rostro y me dice salivando: “Ay, cómo viene el verano”. Me giro y le digo que es imbécil. Me contesta: “Si no te dije nada”. “Sí, me dijo.” “¿Cómo te puede molestar algo lindo?” “Porque no tiene ningún derecho a decirme nada.” La conversación transcurre mientras me alejo.

18 horas. Salgo de la casa de una amiga. Voy caminando por los alrededores del Estadio Centenario. Me cruzo con un joven en ropa deportiva que parece un universitario de clase media. Me mira de lejos con una sonrisa y cuando nos cruzamos suelta: “Pero cómo estás, ¿puedo ir contigo?”. Me giro y le hago un corte de mangas. “¿Qué pasa? Amarga, qué amarga que sos, y encima fea. ¡Tomá esta!”, y mueve las caderas como si me estuviera cogiendo a la distancia.

20.30 horas. En los alrededores de la Sala Zitarrosa, donde vamos a ver una obra de teatro, un par de jóvenes que en apariencia se parecen bastante al tipo de gente con la que me muevo, me llaman desde la otra acera. Van con mochilas y fundas de guitarra. Me acerco un poco porque me parece conocerlos. A dos pasos me dicen: “Pero qué linda…”. Me enfado. Me dicen que no me enfade. Les digo que se vayan a la mierda.

23 horas. Voy con la bici por 18 de Julio. Es verano y no hay nadie. En la distancia, un grupo de tres jóvenes, aparentemente en situación de calle, me gritan que a ver si los llevo en la canastita. Paso. Estoy cansada y enfadada.

***

Valeria está a punto de cruzar el umbral de su casa. Sabe que hoy no es un día distinto a los demás desde que le brotaron dos pechos del torso. Antes aun, seguramente. No es un día distinto aunque sea invierno o verano. Aunque vista minifalda o buzo de cuello alto. Aunque esté de buen humor o enfadada con el mundo. Mientras camina por la calle haciendo su vida, sabe que algún hombre le dirá algo en algún momento. Si es un simple “Linda” o un desagradable “Te partiría al medio, mamita”, sí que puede depender del día. Pero sabe que hoy no es un día distinto.

Desde la mirada persistente o los silbidos, o incluso el contacto físico. Al menos siete de cada diez mujeres han experimentado alguna forma de acoso callejero por parte de desconocidos en los países en los que la organización Stop Street Harassment ha estudiado el tema. En una encuesta virtual realizada para este reportaje y a la que respondieron 211 mujeres de Montevideo, más del 90 por ciento señaló que alguna vez le habían silbado, dicho comentarios sexualmente explícitos, mirado persistentemente, y halagado. A más del 60 por ciento le habían enviado besos volados, seguido, tocado o frotado sin su consentimiento, o realizado gestos sexualmente explícitos. El 40 por ciento respondió que desconocidos se habían masturbado en su presencia. Muchas de las historias que aquí recogemos son fruto de esa encuesta, aunque los nombres sean aleatorios.

El constante “piropeo” puede llevar a que las mujeres se cuestionen su forma de vestir, que busquen compañía masculina para caminar por la calle, que se mantengan en estado de alerta ante el acercamiento de cualquier hombre, o que cambien el itinerario previsto para evitar pasar por ese conflictivo punto en el que se saben expuestas. Rabia, frustración, impotencia y asco fueron los sentimientos más repetidos en el sondeo. Para algunas mujeres resulta indiferente, y otras, como Julia, afirman que hay gradaciones. “Me da mucho asco y rabia cuando me dicen alguna guarangada fea, hay veces en que si salgo de pollera me siento muy observada e incómoda, y debo admitir que cuando me dicen un piropo en una buena me siento halagada también.”

¿Son los “piropos” una forma de violencia normalizada e invisibilizada contra la mujer? ¿Sería mejor llamar acoso callejero machista a los “halagos”?

Corto Humorístico dirigido por Hugo Meyer que aborda el tema:

EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA

Matilde apenas se acuerda de la primera vez que un desconocido la interpeló en la calle, pero desde entonces le ha pasado de todo. Aquel hombre que se masturbó en su presencia en la Estacada, de Punta Carretas. El trayecto a casa durante un caluroso diciembre en el que la atomizaron gritándole cosas de lejos. El día en que acabó llorando, cuando ese chico de la bici al que le preguntó una dirección a las dos cuadras intentó violarla. Primero se vive como un dato de la realidad. Simplemente sucede.

Seguidamente se naturaliza. “Si sos mujer, esperás que ocurra”, ese argumento forma parte de lo cotidiano. Por eso la línea entre el halago y la agresión es tan sutil y el nivel de tolerancia de las mujeres varía. La mayoría hace una distinción entre “el halago lindo que levanta el ánimo” y la grosería.

Sigue leyendo

Maltratadas – Violencia de Género en las Relaciones de Pareja

Comparto una nota de http://www.pagina12.com.ar

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Maltratadas. Violencia de género en las relaciones de pareja (Aguilar) es el nuevo libro de la periodista de Página/12. Con prólogo de Eva Giberti, la autora reconstruye el mapa social sobre el que se edifica la violencia de los hombres hacia las mujeres y desarma las mitos que persisten en la sociedad: que “es cosa de pobres”, que “no hay que meterse”, que “sólo les pasa a las sumisas”, que “si no hay golpes, no es violencia”, entre otros. También analiza las respuestas, no siempre efectivas, que brinda el Estado a las víctimas. Aquí se reproduce parte del capítulo que refuta la creencia de que “los hombres son violentos por naturaleza”.

Juan nació en La Paz, Bolivia. Es ayudante de albañil. A principios de julio de 2013, Raquel, su pareja, le anunció que quería terminar la relación. Hacía seis años que convivían en una casilla de una de las villas de la Ciudad de Buenos Aires, con los dos hijos pequeños de ambos. Al escuchar la noticia, Juan reaccionó con violencia. Le ató las manos con sogas a la esquina de la cama durante media hora para impedir que se fuera, y la amenazó con un cuchillo advirtiéndole que, si lo dejaba, la iba a matar. Raquel no se fue.

A los pocos días, la vio conversando en su casa con un amigo del barrio y le pegó patadas en la cara, le dio golpes de puño y, después, tomó una soga y se la enrolló con fuerza en el cuello, sin dejarla respirar por unos minutos. Luego, Juan se subió sobre Raquel e intentó ahorcarla con las manos. No se detuvo ahí. Delante de los hijos la desvistió por la fuerza y la violó. Para que nadie notara las marcas que le había dejado en la cara, por tres días no la dejó salir de la casa.

Tres meses después, el 23 de octubre, la encontró charlando con dos amigos en su casa y volvió a atacarla con golpes de puño en el rostro. Ese mismo día, un rato más tarde, cuando quedaron solos, la empujó sobre la cama, le quitó la ropa, se colocó sobre ella sin dejar que pudiera moverse y volvió a abusar sexualmente de Raquel. Al día siguiente, discutieron. Ella insistía en que quería separarse. Juan la agarró con fuerza del brazo y le dijo: “Te voy a matar, volvé conmigo o vas a ver lo que te pasa”. Raquel sintió pánico y se fue de la casa. Regresó alrededor de las diez de la noche. Juan dijo que se iba a dormir a la casa de su hermana, pero sigilosamente regresó y se escondió detrás de la heladera. Y cuando Raquel se acercó, la agarró por sorpresa. Ella logró zafarse y salió a la calle. Juan la siguió y apoyándole un cuchillo en el abdomen, le exigió que regresara con él a la casa. Raquel empezó a gritar y logró que su pareja se fuera. A unos metros, Juan la miró fijo y le hizo un claro gesto –pasando un dedo por su cuello–, dándole a entender que se lo cortaría. El volvió ese día cerca de las once de la noche y Raquel, por temor, decidió irse a dormir a otro lado. Los hijos quedaron con Juan en la casa.

La sucesión de episodios de violencia estremece. ¿Por qué un hombre ejerce tanta violencia contra la mujer que dice amar? La pregunta es recurrente cuando se analizan estos casos y no deja de rondarme.

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