¿Y si me permites caminar tranquila?

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¿Son los “piropos” una forma de violencia normalizada e invisibilizada contra la mujer? ¿Sería mejor llamar acoso callejero machista a los “halagos”? Por Marta González y Paula Vilella / Ilustraciones: Nanu Kübler, para Brecha Digital / Video: Hugo Meyer.

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11 horas. Salgo de casa. Subo a pagar unas cuentas. A dos cuadras, tras una verja de metal opaca, oigo silbidos y jadeos de varios hombres a los que no veo. Aprieto el paso.

11.15 horas. Regreso de pagar las cuentas. A la misma altura de la obra, pero en la acera de enfrente, un señor de unos 70 años se acerca a mi rostro y me dice salivando: “Ay, cómo viene el verano”. Me giro y le digo que es imbécil. Me contesta: “Si no te dije nada”. “Sí, me dijo.” “¿Cómo te puede molestar algo lindo?” “Porque no tiene ningún derecho a decirme nada.” La conversación transcurre mientras me alejo.

18 horas. Salgo de la casa de una amiga. Voy caminando por los alrededores del Estadio Centenario. Me cruzo con un joven en ropa deportiva que parece un universitario de clase media. Me mira de lejos con una sonrisa y cuando nos cruzamos suelta: “Pero cómo estás, ¿puedo ir contigo?”. Me giro y le hago un corte de mangas. “¿Qué pasa? Amarga, qué amarga que sos, y encima fea. ¡Tomá esta!”, y mueve las caderas como si me estuviera cogiendo a la distancia.

20.30 horas. En los alrededores de la Sala Zitarrosa, donde vamos a ver una obra de teatro, un par de jóvenes que en apariencia se parecen bastante al tipo de gente con la que me muevo, me llaman desde la otra acera. Van con mochilas y fundas de guitarra. Me acerco un poco porque me parece conocerlos. A dos pasos me dicen: “Pero qué linda…”. Me enfado. Me dicen que no me enfade. Les digo que se vayan a la mierda.

23 horas. Voy con la bici por 18 de Julio. Es verano y no hay nadie. En la distancia, un grupo de tres jóvenes, aparentemente en situación de calle, me gritan que a ver si los llevo en la canastita. Paso. Estoy cansada y enfadada.

***

Valeria está a punto de cruzar el umbral de su casa. Sabe que hoy no es un día distinto a los demás desde que le brotaron dos pechos del torso. Antes aun, seguramente. No es un día distinto aunque sea invierno o verano. Aunque vista minifalda o buzo de cuello alto. Aunque esté de buen humor o enfadada con el mundo. Mientras camina por la calle haciendo su vida, sabe que algún hombre le dirá algo en algún momento. Si es un simple “Linda” o un desagradable “Te partiría al medio, mamita”, sí que puede depender del día. Pero sabe que hoy no es un día distinto.

Desde la mirada persistente o los silbidos, o incluso el contacto físico. Al menos siete de cada diez mujeres han experimentado alguna forma de acoso callejero por parte de desconocidos en los países en los que la organización Stop Street Harassment ha estudiado el tema. En una encuesta virtual realizada para este reportaje y a la que respondieron 211 mujeres de Montevideo, más del 90 por ciento señaló que alguna vez le habían silbado, dicho comentarios sexualmente explícitos, mirado persistentemente, y halagado. A más del 60 por ciento le habían enviado besos volados, seguido, tocado o frotado sin su consentimiento, o realizado gestos sexualmente explícitos. El 40 por ciento respondió que desconocidos se habían masturbado en su presencia. Muchas de las historias que aquí recogemos son fruto de esa encuesta, aunque los nombres sean aleatorios.

El constante “piropeo” puede llevar a que las mujeres se cuestionen su forma de vestir, que busquen compañía masculina para caminar por la calle, que se mantengan en estado de alerta ante el acercamiento de cualquier hombre, o que cambien el itinerario previsto para evitar pasar por ese conflictivo punto en el que se saben expuestas. Rabia, frustración, impotencia y asco fueron los sentimientos más repetidos en el sondeo. Para algunas mujeres resulta indiferente, y otras, como Julia, afirman que hay gradaciones. “Me da mucho asco y rabia cuando me dicen alguna guarangada fea, hay veces en que si salgo de pollera me siento muy observada e incómoda, y debo admitir que cuando me dicen un piropo en una buena me siento halagada también.”

¿Son los “piropos” una forma de violencia normalizada e invisibilizada contra la mujer? ¿Sería mejor llamar acoso callejero machista a los “halagos”?

Corto Humorístico dirigido por Hugo Meyer que aborda el tema:

EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA

Matilde apenas se acuerda de la primera vez que un desconocido la interpeló en la calle, pero desde entonces le ha pasado de todo. Aquel hombre que se masturbó en su presencia en la Estacada, de Punta Carretas. El trayecto a casa durante un caluroso diciembre en el que la atomizaron gritándole cosas de lejos. El día en que acabó llorando, cuando ese chico de la bici al que le preguntó una dirección a las dos cuadras intentó violarla. Primero se vive como un dato de la realidad. Simplemente sucede.

Seguidamente se naturaliza. “Si sos mujer, esperás que ocurra”, ese argumento forma parte de lo cotidiano. Por eso la línea entre el halago y la agresión es tan sutil y el nivel de tolerancia de las mujeres varía. La mayoría hace una distinción entre “el halago lindo que levanta el ánimo” y la grosería.

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Debés viajar para comprobar que algo existe de verdad: la montaña irreal que estuvo 100 años en los mapas

Comparto una nota de http://www.diariodelviajero.com

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Una de las razones que deben propulsar nuestros viajes, entre tantas otras, es la mera consignación de que lo que nos contaron es real. A veces, para demostrarnos que lo contado era exagerado (cuántas veces hemos descubierto que tal o cual lugar no era para tanto); otras veces para descubrir rincones de los que nadie habló. También para desmontar mitos o estereotipos (¿de verdad alguien que ha viajado al sur de Alemania puede afirmar que los alemanes son cuadriculados?).

Y en ocasiones, también, para descubrir sencillamente que lo que nos dijeron no está allí realmente. Que la gente repetía como loros porque nadie viajaba allí a comprobarlo.

Mapas que dicen mentiras

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De hecho, hay viajeros que se dedican a visitar lugares que en los mapas sí figuran, pero en el mundo real no existen. No se trata de errores de los mapas, al menos no son errores deliberados, sino pequeños gazapos que las editoriales que publican mapas introducen a fin de demostrar que otra editorial les ha copiado literalmente el contenido, incluyendo el gazapo, frente a un tribunal. Se llaman Trap Streets (calles trampa).

Los errores son mínimos, lo suficientemente pequeños como para no molestar a los usuarios. Un callejón que no existe, por ejemplo. O introduciendo unas curvas en una calle que no existen en la realidad. O dibujando un carril estrecho para una calle que en realidad es importante. O alterando algún nombre de la calle.

Si queréis visitar alguna calle trampa en España, el caso más célebre está en La Rioja. Tanto en Google Earth como en Google Maps, en el término municipal de Alfaro, aparece una población llamada Eixt. Sin embargo, que no se os ocurra acercaros hasta allí. En realidad, Eixt no existe (irónicamente su nombre casi puede leerse como «Existe»).

En Alemania también podéis encontrar muchas calles trampa. Sólo en Zeuthen, se reflejan cuatro calles que en realidad no existen (Wiesenstrasse, Adolph-Menzel-Ring, Otto-Nagel-Allee, Max-Liebermann-Strasse y Otto-Dix-Ring). Estas calles aparecen dibujadas en el interior de un bosque. Las calles reales, sin embargo, están más al norte.

Pero esto son minucias. Si realmente queréis ver (o no ver) algo grande deberéis ir a África. Imaginad toda una cordillera montañosa de mentira.

Las lengendarias montañas Kong

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En 1798, el cartógrafo inglés James Rennell inventó una cordillera entera de montañas que se extendía nada menos que miles de kilómetros en África occidental, de oeste a este desde la actual Nigeria hasta Sierra Leona. Una barrera que tiró para atrás a muchos exploradores europeos de la época. Las bautizó montañas Kong.

Lo más curioso es que tales montañas imaginarias se creyeron reales durante más de cien años. Hasta que un aventurero francés llamado Louis-Gustave Binger decidió ir a visitarlas por sí mismo. ¿Cómo es posible que el engaño durara tanto tiempo? En primer lugar, porque la gente viajaba poco… ahí reside la magia de viajar, en parte. Y, en segundo lugar, a causa de la falacia de autoridad: Rennell fue uno de los fundadores de la mítica Royal Geographical Society, de la que ya os hablé en otra ocasión en Conoce los secretos del mayor santuario de aventureros y viajeros de la historia (cuyo presidente es un famoso humorista). Abunda en ello Simon Garfield en su libro En el mapa:

Los especialistas estadounidenses Thomas Bassett y Philip Porter han identificado cuarenta mapas que muestran las montañas de Kong en distintas fases de desarrollo desde 1798 hasta 1892, llegando a formar una cordillera del tamaño de un estado pequeño africano. Ante la falta de testimonios que desmintieran su existencia, los cartógrafos se fueron copiando unos a otros, eso está claro. Pero el hecho de que algunas de las representaciones más convincentes de las montañas Kong aparecieran en los mapas muchos años después de que los hermanos Lander confirmaran que el Níger desembocaba en el golfo de Guinea ponía en entredicho la teoría de que habíamos entrado en una nueva era científica.

Hoy en día, los mapas son un poco más fiables, aunque todavía contienen imprecisiones (deliberadas o no), e incluso errores de bulto, como el reciente descubrimiento de que una isla del Pacífico Sur llamada Sandy no existe a pesar de que igura en mapas de hasta el año 2000.

Leer libros de viajes está bien para conocer la idiosincrasia de un lugar a través de los ojos de un viajero particular. Las guías de viajes son meras consignaciones de sitios célebres porque un grupo suficiente de gente ha decidido que sea así. Viajar por un mismo, con la mirada lo más clara y escrutadora posible, permite anular un poco, aunque solo sea un poco, todas las dioptrías propiciadas por lo anteriormente enumerado.

Viajad por vosotros mismos siempre. Viajad. Vuestra experiencia sensible vale más que lo referido por mil mapas, mil libros y mil habladurías. Viajad para derribar miedos y manías. Viajad por todo eso, y porque resulta tremendamente divertido.

Fuente: http://www.diariodelviajero.com/cajon-de-sastre/debeis-viajar-para-comprobar-que-algo-existe-de-verdad-la-montana-irreal-que-estuvo-100-anos-en-los-mapas?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+diariodelviajero+%28Diario+del+viajero%29

National Geographic y pseudociencia para niños

Comparto una nota de http://www.xatakaciencia.com

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Al consumir contenidos procedentes de medios generalistas, estamos acostumbrados a que dichos contenidos bordeen la pseudociencia o directamente que se enfanguen hasta las rodillas. No solo lo observamos en los principales periódicos de tirada nacional, donde se da voz de forma completamente acrítica e irresponsable a vendedores de humo. También lo observamos en los libros, e incluso en resvistas de divulgación científica, que en aras de vender más ejemplares deben tomar una deriva, digamos, punsetiana.

Por eso no deberíamos sorprendernos demasiado la portada que os muestro en esta entrada. Aunque quizá duela un poco más por dos motivos: el primero, que procede de National Geographic, la que abandera el lema “Atrévete a explorar”. El segundo, que está dirigido a los niños y adolescentes. Estamos hablando de la edición de febrero de 2014 de National Geographic Kids (versión en inglés).

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El tema que aborda la revista de marras es nada menos que determinar lo que dicen las piedras acerca de las personas, sobre todo si son piedras que corresponden con tu fecha de nacimiento. Sí, no tiene sentido. Y los de National Geographic deben de ser conscientes de ello, porque han añadido una advertencia al comienzo del artículo: “Si estas descripciones no coinciden, está bien. Éstas son sólo por diversión.”

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O sea, que lo que vais a leer es mentira, o puede ser verdad. Quién sabe. Si no concuerda nada de lo que leas, tampoco importa demasiado, no hace falta darle más vueltas, lo importante es pasarlo bien leyendo una lista con cada mes del año y su piedra preciosa correspondiente, y en cada piedra una breve descripción de lo que representa, todo mezclado con mitos y datos científicos. No se aclara cuál es cuál. ¿Para qué? Solo es para divertirse.

National Geographic publica un reportaje divulgativo sobre gemología, pero mezcla realidad y ficción indiscriminadamente porque es divertido. Y, sospecho, porque hace vender más ejemplares. Y posiblemente la mayoría de los niños sí sean capaces de distinguir qué partes de lo publicado son reales y qué partes son ficción. Lo verdaderamente preocupante es que no estamos ante un libro de fantasía de Harry Potter, sino ante una decisión editorial de la National Geographic Society, una de las mayores instituciones científicas y educativas más respetadas del mundo.

Uno se preogunta si es necesario recurrir a la pseudociencia para ser rentable, y hasta qué punto eso es bueno o malo a nivel social. También se pregunta uno si, como le sucedió a Punset, nos iremos quedando sin argumentos para defender una publicación si permite que se vayan infiltrando mitos y creencias no solo de forma sutil, sino como principal reclamo publicitario en la portada de la revista. Y sin olvidar a Punset, que ahora se retira de la divulgación para dedicarse en exclusiva a la autoayuda, no podéis dejar de leer esta lúcida reflexión al respecto por parte de Antonio Martínez Ron.

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Y si tenéis más tiempo, el libro de Richard Dawkins Destejiendo el arco iris, que demuestra de una forma profundamente pedagógica cómo la ciencia, si está bien explicada, resulta mucho más asombrosa y poética que cualquier otra manifestación artística. Como la ciencia, sin añadiduras, sin guiños pseudocientíficos (o reclamos a toda página), puede resultar igualmente atractiva y seductora, sobre todo para un niño.

Y no importa si entonces le arrebatamos a ese niño la magia, Santa Claus o las gemas místicas. Todos somos capaces de diferenciar realidad de ficción, y la ficción es igualmente disfrutable en su condición de ficción: no es necesario mentir para hacerla más espectacular. Con un añadido nada desdeñable, que separando magia y superstición de ciencia, la gente descubriría que es mucho más gratificante vivir en un mundo donde no existen los ogros ni las brujas, ni los monstruos de armario; dónde el trapo que guarda tu osito de peluche en las entrañas ha sido sustituido por un cerebro que piensa; donde existen millones de planetas y galaxias; donde los regalos que recibes proceden de alguien que te quiere (o quiere cumplir con los mandatos del convencionalismo social) y no de unos seres fantásticos que jamás has visto y que se olvidan de ti cuando realmente tienes un problema. Donde existe la incertidumbre y la duda y puedes investigarla, experimentar la satisfactoria sensación de la búsqueda; donde los fenómenos naturales nos revelan aspectos más sorprendentes que cualquier fértil imaginación pueda concebir. Y todo eso os lo dice un soñador que disfruta enormemente consumiendo ficción fantástica a espuertas.

Dicho lo cual, enmudezco mi parte de pitufo gruñón y os cedo la palabra: ¿qué opináis vosotros?

Fuente: http://www.xatakaciencia.com/no-te-lo-creas/national-geographic-y-la-pseudociencia?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+xatakaciencia+%28Xataciencia%29

Seis mitos sobre los estudiantes con discapacidades

Comparto una nota del Blog Banco Interamericano de Desarrollo

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Foto: Lauren Conn

El acceso a la educación ha mejorado en América Latina, ahora la educación primaria es prácticamente universal en toda la región. Aún así, casi 1 de cada 2 estudiantes no termina la secundaria. Las grietas en el acceso a la educación persisten entre los grupos socioeconómicos y étnicos, así como entre las comunidades urbanas y rurales.

Incluso teniendo todo esto en cuenta, tener una discapacidad es uno de los mayores predictores de exclusión del sistema educativo. Los niños con discapacidad tienen menos probabilidad de asistir a la escuela. Se estima que tan sólo entre el 20 y el 30% de los niños y jóvenes con discapacidad en la región acuden a clase.

Tener una discapacidad puede ser una mayor barrera contra el acceso a la educación que el lugar de residencia, el género o la situación socioeconómico. Pero no hay razón para que esto sea así. Para romper esta tenemos que acabar con los mitos y miedos que rodean a las personas con discapacidad. Aquí van 7 mitos que se escuchan frecuentemente:

1. Las personas con discapacidad representan un segmento muy pequeño de la población

No es cierto. Se estima que 50 millones de personas en América Latina y el Caribe – un 10% del total de la población – vive con discapacidad. En el mundo el número de niños (0-14 años) que viven con discapacidad oscila entre 93 y 150 millones.

2. Las personas con discapacidad pueden acceder y permanecer en la escuela fácilmente

Los números demuestran otra realidad. En América Latina, los niños y las niñas con discapacidad se encuentran entre los más marginados. Se estima que tan sólo entre el 20 y el 30% de todos los niños y jóvenes con discapacidad asiste a clase.

3. Niños con discapacidad y sin ella no pueden aprender juntos

Las investigaciones demuestran que, cuando los estudiantes con discapacidad son incluidos, todos los estudiantes aprenden más y consiguen mayores logros. La educación inclusiva es considerada la mejor opción por razones éticas y educativas. La inclusión de niños y jóvenes con discapacidad en escuelas regulares inclusivas puede mejorar la calidad de la educación de todos los estudiantes.

4. La educación inclusiva es de ¨talla única¨

La filosofía de la educación inclusiva significa que para educar con éxito a todos los estudiantes el sistema debe responder a la diversidad.  Por lo tanto, la inclusión no es de ¨talla única¨ sino que se sustenta en sistemas y metodologías que identifican las necesidades de todos los estudiantes. Es importante que los maestros estén capacitados para ensenar a todos los estudiantes y que ofrezcan una instrucción diferenciada con apoyos individuales cuando sea necesario.

5. No hay base legal de apoyo para la educación inclusiva

La educación como un derecho para todos los niños y las niñas se ha consagrado en instrumentos internacionales empezando con la Declaración Universal de 1948. En 2006 la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad afirmó que las personas con discapacidad tienen derecho a la educación a la que deben acceder en base a una igualdad de oportunidades.

6. Con la discapacidad se nace

Se estima que un 50% de las discapacidades están directamente relacionadas con la pobreza y podrían evitarse. Los factores ambientales tienen un gran impacto sobre el nivel de discapacidad. Una mala nutrición, condiciones de vida y de trabajo peligrosas, acceso limitado a programas de vacunación y a los servicios de salud y cuidados de maternidad, violencia y desastres naturales pueden ser causas de discapacidad.

Muchos niños nacen sin discapacidad pero durante el transcurso de su vida escolar adquieren la discapacidad. Las causas más comunes de discapacidad física incluyen lesiones producidas por accidente, violencia, traumatismos de nacimiento y enfermedades infecciosas.

Fuente: http://blogs.iadb.org/educacion/2013/12/06/siete-mitos-sobre-los-estudiantes-con-discapacidades-en-america-latina/