Apuntes Psicología Social – Grupo Operativo

Comparto los apuntes de la materia “Teoría de los Grupos” de primer año de la carrera Operador en Psicología Social

GRUPO OPERATIVO

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Partiendo de la experiencia de vida de Enrique Pichón Riviere, podremos rastrear los orígenes del Grupo Operativo en la teorización pichoniano.

Comentamos en reiteradas oportunidades que Pichón Riviere, observó, al interior de los grupos donde se desempeñaba profesionalmente, dificultades que se relacionaban con el desconocimiento de la enfermedad mental, por parte de las familias y los enfermeros que acompañaban a los internos. Lo que generaba dificultades de relación entre ellos, las familias muchas veces abandonaban a los enfermos en el hospicio, y los enfermeros atendían a los pacientes de forma distante, a veces violenta.

Además de estas observaciones, también pensó una posibilidad de modificación para esa situación: la reunión de los sujetos involucrados en la situación, en grupos. Para preparar teóricamente hablando a los profesionales sobre el tema, y permitiendo la expresión de los miedos, dudas y sentimientos por parte de familiares y enfermeros. Los resultados fueron positivos, o mejor dicho, fueron operativos. Lograron el objetivo que buscaban.

Otro punto importante que podemos indicar como situación de origen de la teoría se da, cuando Pichón Riviere, en el Hospicio de la Mercedes, implementa sus conocimientos sobre los grupos, ante una situación de emergencia implementa un “curso de enfermería” entre los pacientes en mejores condiciones. Nuevamente los resultados fueron positivos, operativos.

En 1.958, Enrique Pichón Riviere organiza y lleva a cabo la llamada “experiencia Rosario”, donde se formaron grupos heterogéneos para reflexionar sobre temas cotidianos, que más tarde serán debatidos en el grupo general, coordinados por un equipo. Los resultados obtenidos dan cuenta de la importancia y los efectos de la situación grupal. Fueron resultados operativos. Allí nace entonces, no sólo buena parte de la conceptualización teórica pichoniana, sino la técnica que la caracteriza: el grupo operativo

En reiteradas oportunidades incluí el término operativo, para mencionar los resultados obtenidos. Nos detendremos en el concepto, para desmenuzarlo y poder utilizarlo de manera acertada. Cuando hablamos de GRUPO OPERATIVO, de que hablamos? A qué nos referimos con el término operativo?

El diccionario lo define como: “que logra hacer efectivo un intento o propósito”

Allí lo leemos como un adjetivo; es decir que un grupo puede ser adjetivado como operativo, si cumple con su propósito, es decir el adjetivo apunta a la eficiencia. Podemos ejemplificarlo pensando en un grupo de trabajo en una oficina, un equipo de futbol, un aula de la escuela media.

Enrique Pichón Riviere decía que todo grupo es una estructura, que intenta satisfacer las necesidades de sus miembros y por ello tiene una potencialidad operativa. Es una capacidad, una posibilidad que le permite ser eficientes. Es una situación en “potencia” ya que puede o no cumplirse. La operatividad es la virtud o facultad de lograr un efecto determinado. Si el objetivo se cumple nos permitirá pensar en la operatividad del grupo, es decir que han cumplido con su tarea de manera eficaz.

Pero el concepto “operativo” también puede considerarse como un sustantivo, en tanto es una “técnica”. Podemos pensar “lo operativo” como el nombre o denominación de la técnica.

Así hablamos de operativo como un instrumento, una herramienta que se da con un modo de trabajo específico. Técnica como “conjunto de procedimientos y recursos de que se sirve una ciencia o un arte”

Hablar de “grupo operativo” implica hablar del uso de ciertos procedimientos y recursos, para potenciar la capacidad de operatividad que todo grupo tiene. Es decir que un motivo para la utilización de la técnica de grupo operativo, tendría como posible objetivo: lograr que los integrantes del grupo sean conscientes de sus capacidades, y restablecerlas si se las percibiera obstaculizadas.

Un grupo que trabaja con “técnica de grupo operativo” (como sustantivo) puede no ser operativo (como adjetivo). Es que la técnica, como recurso, nos permite hacer visible los aspectos del fenómeno (grupal). Por eso podemos definir a la “técnica del grupo operativo” como un dispositivo, ya que es una manera de disponer las cosas, de ordenar en relación con aquello que queremos producir y como producirlo.

La Experiencia Rosario, ya mencionada, fue realizada en esa ciudad en el año 1.958. La misma estuvo a cargo del Instituto Argentino de Estudios Sociales (IADES) , al momento en que el doctor Enrique Pichón Riviere era su director, contando con la colaboración de varias Universidades locales.

El “laboratorio” realizado, fue pensado en varias etapas y para probar la efectividad del espacio grupal: El primer paso fue reunir a personas de diferentes campos científicos y laborales en el aula magna, para comentar la experiencia y distribuir algunos temas que fueron debatido luego en los grupos.

Un segundo paso fue subdividir al grupo total en subgrupos de aproximadamente nueve integrantes cada uno, acompañados por un coordinador y uno o dos observadores, los que se reunirían en diversas oportunidades, para intercambiar sobre los temas propuestos. Como tercer paso, intercalando la frecuencia con las reuniones de los grupos para el debate, se reuniría el equipo de profesionales del IADES, formado por su director y los coordinadores y observadores de cada subgrupo, para evaluar la experiencia que se llevaba a cabo.
Nuevamente el doctor Pichón Riviere, expondrá ante los concurrentes, observando muy prontamente que la exposición era acompañada por un grupo de personas (que habían pensado sobre el tema que escuchaban) y no por público en general. Luego de esta exposición se rearmaron los subgrupos de trabajo, pero con homogeneidad de los integrantes: un subgrupo de profesionales de la medicina, otro de personas dedicadas al comercio, al deporte, etc.

Una nueva reunión del equipo IADES, se intercaló con los tiempos de trabajó de llos subgrupos.

Podríamos enumerar los pasos para una mejor comprensión:
1 , 6 y 9 Exposición del Doctor Enrique Pichón Riviere.
2 y 4 Reunión de grupos heterogéneos.
3 , 5 y 8 Reunión del equipo IADES.
7 y 8 Reunión de grupos homogéneos

En Rosario, se empleó una estrategia la creación de un laboratorio social, una táctica, la grupal, y como técnica la de los grupos de comunicación, discusión y tarea.

Esta experiencia sirvió para interrogar y probar la operatividad (como adjetivo) del espacio grupal, y la posibilidad de potenciar las capacidades de los integrantes del grupo que, partiendo de sus propios bagajes personales pueden construir nuevos aprendizajes personales y grupales. Pudo ser pensada una técnica específica para lograr un objetivo.

El grupo operativo cuenta con un encuadre específico, un tiempo de inicio y final, una tarea prescripta. Según Enrique Pichón Riviere, en su libro “EL PROCESO Grupal”

…”las finalidades y propósitos de los grupos operativos diciendo que la actividad está centrada en la movilización de estructuras estereotipadas, dificultades de aprendizaje y comunicación, debidas al monto de ansiedad que despierta todo cambio (…)
Dicha tarea depende del campo operativo del grupo que adquiere en cada miembro características particulares (…) El propósito general es el esclarecimiento, en término de las ansiedades básicas, aprendizaje, comunicación, esquema referencial, decisiones, etc. De ésta manera coinciden el aprendizaje, la comunicación y la resolución de la tarea, con la curación. Se ha creado un nuevo esquema referencial.” (…)

Profesora Fabiana Rodriguez.

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Apuntes Psicología Social – Grupo

Comparto un apunte de la materia “Teoría de los Grupos” de Primer Año de la carrera de Operador en Psicología Social.

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TEORÍA DE LOS GRUPOS:

El recorrido teórico que iniciaremos tiene como objetivo conocer el significado del vocablo GRUPO, no sólo desde lo etimológico, sino también en cuanto a la carga de significación que fue tomando, en estricta relación con el contexto histórico social.

Cabe mencionar que el vocablo GRUPO es un término relativamente moderno, ya que en la antigüedad no se conoce un concepto que lo referencie y tampoco se manifiesta la necesidad de mencionarlo, de ponerle un nombre. No se da esto por la “no existencia” de situaciones colectivas o de grupo, sino por la invisibilidad con que se revestía a la situación.

Podemos pensar entonces que los pequeños grupos o colectivos no tenían la suficiente relevancia como para formar parte de la producción de representaciones del mundo social, es decir no merecían un nombre y su significación.

Tanto el término francés GROUPE como el castellano GRUPO, derivan del italiano GROPPO o GRUPPO, que hace referencia a un “conjunto de personas esculpidas o pintadas”. Tiempo después, se lo reconoce como “reunión de personas”, y con este significado se incorpora al lenguaje coloquial.

El GROPPO SCULTÓRICO refiere a las esculturas que durante la época medieval se mostraban adheridas, integradas al edificio y que a partir del Renacimiento cobran volumen, se separan de los mismos y pueden ser apreciadas caminando a su alrededor, cobrando sentido como conjunto y no de manera aislada.

El término GROPPO, podría derivar del antigua provenzal GROP, que significa NUDO, y del término germano KRUPPA como masa redondeada, aludiendo a la forma CIRCULAR.

Estas significaciones están presentes en la reflexión actual sobre lo grupal. NUDO puede remitir al grado de cohesión entre los miembros de un grupo, y podemos plantear un interrogante, que nos ayude en la elaboración de esta idea: ¿Qué anudamientos o desanudamientos se organizan al interior de un conjunto de personas?

La masa redondeada porta la idea de círculo, en sentido de reunión de personas y una particular estructuración de los intercambios entre ellas. Desde las tradiciones más antiguas, esta forma de ubicación es incorparada y pensada cuando los hombres se pueden pensar “a igual distancia de Dios”.

El GROPPO aparece en el renacimiento, momento de cambios políticos, económicos y sociales; momentos en que va tomando forma, haciéndose lugar las prefiguraciones del INDIVIDUO. También se produce un proceso de transformación que modifica los grandes agrupamientos de la sociedad feudal hasta la conformación de la familia nuclear moderna. Ya con la llegada de la sociedad industrial, surge la temática de la identidad personal, las diferenciaciones entre lo público y la privado y un cambio fundamental en la vida cotidiana, la consideración del libre albedrío y la felicidad personal.

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Enrique Pichón- Riviére El proceso grupal

Comparto uno de los escritos de Enrique Pichón Rivière.

2.6

PRÓLOGO
Connaissance de la mort
Je te salue
mon cher petit et vieux
cimetière de ma ville
où i’appris à jouer
avec les morts.
C’est ici où ¡’ai voulu
me révéler le secret de
notre courte existence à
travers les ouvertures
d’anciens cercueils solitaires.
E. Pichon-Rivière 1

El sentido de este prólogo es el de esclarecer algunos aspectos de mi esquema referencial indagando su origen y su historia, en busca de la coherencia interior de una tarea que muestra en estos escritos, de temática y enfoques heterogéneos, sus distintos momentos de elaboración teórica.

Como crónica del itinerario de un pensamiento, será necesariamente autobiográfico, en la medida en que el esquema de referencia de un autor no se estructura sólo como una organización conceptual, sino que se sustenta en un fundamento motivacional, de experiencias vividas. A través de ellas, construirá el investigador su mundo interno, habitado por personas, lugares y vínculos, los que articulándose con un tiempo propio, en un proceso creador, configurarán la estrategia del descubrimiento.

Podría decir que mi vocación por las Ciencias del Hombre surge de la tentativa de resolver la oscuridad del conflicto entre dos culturas. A raíz de la emigración de mis padres desde Ginebra hasta el Chaco, fui desde los 4 años testigo y protagonista, a la vez, de la inserción de un grupo minoritario europeo en un estilo de vida primitivo. Se dio así en mí la incorporación, por cierto que no del todo discriminada, de dos modelos culturales casi opuestos. Mi interés por la observación de la realidad fue inicialmente de características precientíficas y, más exactamente, míticas y mágicas, El descubrimiento de la continuidad entre sueño y vigilia, presente en los mitos que acompañaron mi infancia y en los poemas que atestiguan mis primeros esfuerzos creativos, bajo la doble y fundamental influencia de Lautréamont y Rimbaud, favoreció en mí, desde la adolescencia, la vocación por lo siniestro.

La sorpresa y la metamorfosis, como elementos de lo siniestro, el pensamiento mágico, estructurado como identificación proyectiva, configuran una interpretación de la realidad característica de las poblaciones rurales influidas por la cultura guaraní, en las que viví hasta los 18 años. Allí toda aproximación a una concepción del mundo es de carácter mágico y está regida por la culpa.

Las nociones de muerte, duelo y locura forman el contexto general de la mitología guaraní. La internalización de estas estructuras primitivas orientó mi interés hacia la desocultación de lo implícito, en la certeza de que tras todo pensamiento que sigue las leyes de la lógica formal, subyace un contenido que, a través de distintos procesos de simbolización, incluye siempre una relación con la muerte en una situación triangular.

Ubicado en un contexto en el que las relaciones causales eran encubiertas por la idea de la arbitrariedad del destino, mi vocación analítica surge como necesidad de esclarecimiento de los misterios familiares y de indagación de los motivos que regían la conducta de los grupos inmediato y mediato. Los misterios no esclarecidos en el plano de lo inmediato (lo que Freud llama “la novela familiar”) Y la explicación mágica de las relaciones entre el hombre y la naturaleza determinaron en mí la curiosidad, punto de partida de mi vocación por las Ciencias del Hombre. El interés por la observación de los personajes prototípicos, que en las pequeñas poblaciones adquieren una significatividad particular, estaba orientado -aún no conscientemente- hacia el descubrimiento de los modelos simbólicos, por los que se hace manifiesto el interjuego de roles que configura la vida de un grupo social en su ámbito ecológico.

Algo de lo mágico y lo mítico desaparecía entonces frente a la desocultación de ese orden subyacente pero explorable: el de la interrelación dialéctica entre el hombre y su medio. Mi contacto con el pensamiento psicoanalítico fue previo al ingreso a la Facultad de Medicina y surgió como el hallazgo de una clave que permitiría decodificar aquello que resultaba incomprensible en el lenguaje y en los niveles de pensamiento habituales. Al entrar en la Universidad, orientado por una vocación destinada a instrumentarme en la lucha contra la muerte, el enfrentamiento precoz con el cadáver -que es paradójicamente el primer contacto del aprendiz de médico con su objeto de estudio- significó una crisis. Allí se reforzó mi decisión de indagar – en el,. campo de la locura ,que siendo una forma de muerte, puede resultar reversible. Las primeras aproximaciones a la psiquiatría clínica me abrieron el camino hacia un enfoque dinámico, el que me llevaría progresivamente, y a partir de la observación de los aspectos fenoménicos de la conducta desviada, al descubrimiento de elementos genéticos, evolutivos y estructurales que enriquecieron mi comprensión de la conducta como una totalidad en evolución dialéctica.

La observación, dentro del material aportado por los pacientes, de dos categorías de fenómenos netamente diferenciables para el operador: lo que se manifiesta explícitamente y lo que subyace como elemento latente, permitió incorporar en forma definitiva al esquema de referencia la problemática de una nueva psicología que desde un primer momento tendería hacia el pensamiento psicoanalítico.

El contacto con los pacientes, el intento de establecer con ellos un vínculo terapéutico confirmó lo que de alguna manera había intuido; que tras toda conducta “desviada” subyace una situación de conflicto, siendo la enfermedad la expresión de un fallido intento de adaptación al medio.

En síntesis, que la enfermedad era un proceso comprensible. Desde los primeros años de estudiante trabajé en clínicas privadas, adquiriendo experiencia en el campo de la tarea psiquiátrica, en la relación y convivencia con internados. Ése contacto permanente con todo tipo de pacientes y sus familiares me permitió conocer en su contexto el proceso de la enfermedad, particularmente los aspectos referentes a los mecanismos de segregación. Tomando como punto de partida los datos que sobre estructura y características de la conducta desviada me proporcionaba el tratamiento de los enfermos, y orientado por el estudio de las obras de Freud, comencé mi formación psicoanalítico. Ésta culminó, años más tarde, en mi análisis didáctico, realizado con el Dr. Garma.

Por la lectura del trabajo de Freud sobre “la Gradiva” de Tensen tuve la vivencia de haber encontrado el camino que me permitiría lograr una síntesis, bajo el común denominador de los sueños y el pensamiento mágico, entre el arte y la psiquiatría. En el tratamiento de pacientes psicóticos, realizado según la técnica analítica y por la indagación de sus procesos transferenciales, se hizo evidente para mí la existencia de objetos internos, múltiples “imago”, que se articulan en un mundo construido según un progresivo proceso de internalización. Ese mundo interno se configura como un escenario en el que es posible reconocer el hecho dinámico de la internalización de objetos y relaciones.

En este escenario interior se intenta reconstruir la realidad exterior, pero los objetos y los vínculos aparecen con modalidades diferentes por el fantaseado pasaje desde el “afuera” hacia el ámbito intrasubjetivo, el “adentro”. Es un proceso comparable al de la representación teatral, en el que no se trata de una siempre idéntica repetición del texto, sino que cada actor recrea, con una modalidad particular, la obra y el personaje. El tiempo y el espacio se incluyen como dimensiones en la fantasía inconsciente, crónica interna de la realidad.

La indagación analítica de ese mundo interno me llevó a ampliar el concepto de “relación de objeto”, formulando la noción de vínculo, al que defino como una estructura compleja, que incluye un sujeto, un objeto, su mutua interrelación con procesos de comunicación y
aprendizaje.

Estas relaciones intersubjetivas son direccionales y se establecen sobre la base de necesidades, fundamento motivacional del vínculo. Dichas necesidades tienen un matiz e intensidad particulares, en los que ya interviene la fantasía inconsciente. Todo vínculo, así entendido, implica la existencia de un emisor, un receptor, una codificación y decodificación del mensaje. Por este proceso comunicacional se hace manifiesto el sentido de la inclusión del objeto en el vínculo, el compromiso del objeto en una relación no lineal sino dialéctica con el sujeto. Por eso insistimos que en toda estructura vincular -y con el término estructura ya indicamos la interdependencia de los elementos- el sujeto y el objeto interactúan realimentándose mutuamente. En ese interactuar se da la internalización de esa estructura relacional, que adquiere una dimensión intrasubjetiva.

El pasaje o internalización tendrá características determinadas por el sentimiento de gratificación o frustración que acompaña a la
configuración inicial del vínculo, el que será entonces un vínculo “bueno” o un vínculo “malo”.

Las relaciones intrasubjetivas, o estructuras vinculares internalizadas, articuladas en un mundo interno, condicionarán las características del aprendizaje de la realidad. Este aprendizaje será facilitado u obstaculizado según que la confrontación entre el ámbito de lo intersubjetivo y el ámbito de lo intrasubjetivo resulte dialéctica o dilemática. Es decir, que el proceso de interacción funcione como un circuito abierto, de trayectoria en espiral, o como un circuito cerrado, viciado por la estereotipia.

El mundo interno se define como un sistema, en el que interactúan relaciones y objetos, en una mutua realimentación. En síntesis, la interrelación intrasistémica es permanente, a la vez que se mantiene la interacción con el medio. A partir de las cualidades de la interacción externa e interna, formularemos los criterios de salud y enfermedad.

Esta concepción del mundo interno, y la sustitución de la noción de instinto por la estructura vincular, entendiendo al vínculo como un protoaprendizaje, como el vehículo de las primeras experiencias sociales, constitutivas del sujeto como tal, con una negación del narcisismoprimario, conducían necesariamente a la definición de la psicología, en un sentido estricto, como psicología social.

Si bien estos planteos surgieron en una praxis y están sugeridos, en parte, en algunos trabajos de Freud (Psicología de las masas y análisis del Yo), su formulación implicaba romper con el pensamiento psicoanalítico ortodoxo, al que adherí durante los primeros años de mi tarea, y a cuya difusión había contribuido con mi esfuerzo constante. Pienso que esa ruptura significó un verdadero ,obstáculo epistemológico, una crisis profunda, cuya superación me llevó muchos años, y que quizá se logre recién hoy, con la publicación de estos escritos.

Esta hipótesis parecería confirmada por el hecho de que, a partir de la toma de conciencia de las significativas modificaciones de mi marco referencial, me volqué más intensamente a la enseñanza, interrumpiendo el ritmo anterior de mi producción escrita. Solo en 1962, en el trabajo sobre “Empleo del Tofranil en el tratamiento del grupo familiar”, en 1965 con “Grupo operativo y teoría de la enfermedad única”, y en 1967 con “Introducción a una nueva problemática para la psiquiatría”, logro una formulación más totalizadora de mi esquema conceptual, si bien algunos aspectos fundamentales se relacionan entre sí, y muy escuetamente, recién en “Propósitos y metodología para una escuela de psicólogos sociales” y “Grupo operativo y modelo dramático”. presentados respectivamente en Londres y Buenos Aires, Congreso Internacional de Psiquiatría Social y Congreso Internacional de Psicodrama, en el año 1969.

La trayectoria de mi tarea, que puede describirse como la indagación de la estructura y sentido de la conducta, en la que surgió el descubrimiento de su índole social, se configura como una praxis que se expresa en un esquema conceptual, referencial y operativo.

La síntesis actual de esa indagación puede señalarse por la postulación de una epistemología convergente, según la cual las ciencias del hombre conciernen a un objeto único: “el hombre en situación” susceptible de un abordaje pluridimensional.

Se trata de una interciencia, con una metodología interdisciplinaria, la que funcionando como unidad operacional permite un enriquecimiento de la comprensión del objeto de conocimiento y una mutua realimentación de las técnicas de aproximación al mismo.

E. P. -R.

Descargar texto completo: Apunte 6 – 26-05 – Pichon_Riviere_Enrique_-_El_Proceso_Grupal

Roles en Psicología Social

Para empezar es importante tener en cuenta que la palabra “rol” viene del término francés “róle”. Es una palabra que nace en el campo teatral y alude al rollo de papiro que los actores medievales usaban para leer su parlamento, y que luego usaba el apuntador para seguir la letra detrás del escenario. El término refiere a la noción de máscara o personaje.

Según Enrique Pichón Riviere …”el rol es un modelo organizado de conducta relativa a cierta posición del individuo en una real interacción ligadas a expectativas propias de los otros”…

Modelo organizado de conducta: Consideramos así a la conducta que se considera y espera deben cumplir cada sujeto en la sociedad que habita. Cada grupo social establece un modelo o una manera de ser, por ejemplo, madre, padre, hijo, etc. Si consideramos el rol de “padre” hace 50 años atrás, podremos relacionarlo con la idea del hombre como proveedor y sostén de la familia, lejos de las tareas de crianza de los hijos o tareas hogareñas. Hoy sin embargo ser “padre” incluye estos últimos aspectos, e incluso supone la posibilidad del padre sólo con los hijos, sin la imagen de una “mujer-madre” con él.

Esto se debe a los cambios culturales que, al interior de la sociedad, se producen y modifican entre otras cosa la noción de los roles, o modelos de conducta que se piensan para los sujetos que la integran. Este modelo hace al rol prescripto, por lo cual cada sociedad establece las pautas de control y sanción de sus miembros, según se ajusten o no al modelo vigente. La posibilidad de sanción es una de las formas con las que un sistema social lleva a sus miembros a la trasmisión, repetición y cumplimiento de lo establecido: lo instituído, y evita la aparición de posibles instituyentes.

La “teoría del rol”, propuesta por George H. Mead, desde la psicología social estadounidense, permitió explicar muchos aspectos de la vida social de los sujetos, desde la consideración de la interacción ente los sujetos y la influencia que el contexto produce en cada uno.

Pichón Riviere toma aspectos de esta teoría y las enriquece con sus propios aportes, pensando al rol como un instrumento de interacción, que da cuenta de la complementariedad posible entre los sujetos: por eso hay padres y hay hijos, médicos y pacientes. Afirma, entonces, que…”el rol es un modelo organizado de conducta relativa a una cierta posición del individuo en una red de interacción: la sociedad”….

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Vectores del Cono Invertido

Cono Invertido

El Grupo Operativo, tal como le hemos descripto, es una técnica, un dispositivo que Pichón usa para denominar a los grupos que nacen en un ambiente de “tarea concreta”.

Alrededor de 1.945 ante el cese total del personal de enfermería del hospicio, Pichón se encuentra ante una situación determinada, una necesidad que requirió de una solución alternativa y operativa, que él mismo piensa al interior de una situación grupal. El grupo operativo.

Los mismos se describen como grupos centrado en la tarea, ya que implementarlos es poner la mirada en la relación “sujeto – grupo”, verticalidad y horizontalidad, dando así lugar central al “proceso” del grupo en relación a la TAREA. La técnica apunta a posibilitar un “aprendizaje” de carácter grupal, a partir del aprendizaje personal, lo que podría ser pensado también en forma inversa. Esta posibilidad de pensamiento nos permite definir al aprendizaje, al desarrollo de la tarea en el ámbito del grupo operativo, como una relación dialéctica mutuamente modificante de los integrantes del grupo entre sí , en una praxis permanente en relación con el medio: el grupo.

En qué consiste la técnica del grupo operativo? en hacer explícito, lo implícito. En trabajar desde lo manifiesto para llegar a lo latente, en el acontecer de un grupo en cuestión; a partir del movimiento espiralado que se produce en la dinámica, en el proceso.

Es la tarea, entonces, el abordaje del objeto de conocimiento de manera explícita, el entendimiento de la teoría previa expuesta antes de la reunión grupal, durante el cual se presentaran ciertas dificultades. Las mismas se relacionan con la comunicación y en cuanto a la manera de abordaje de dicho objeto. Estos obstáculos que emergen de lo teórico propiamente dicho, son los obstáculos epistemofílicos, que ponen de manifiesto lo que Pichón llamó “miedos básicos”.

Los obstáculos se manifiestan como una “resistencia” al cambio, una negación ante la nueva propuesta de aprendizaje, y transformación. Siendo nuestros objetivos, como profesionales de la psicología social, ser promotores del cambio, es que la implementación del dispositivo, del grupo operativo, habilitará la posibilidad de hacer explícitos los miedos y proponer retrabajar sobre ellos para superarlos.

Pensar el por qué de estas resistencias que aparecen ante la nueva situación de aprendizaje, es pensar “Qué significa el cambio” para cada uno de nosotros como sujetos. Los miedos básicos, son dos, el miedo a la pérdida y el miedo al ataque. La aparición de una nueva posibilidad, de una situación que desconocemos por poco cotidiana o innovadora, genera en cada uno de nosotros: el miedo a la “perdida” está relacionado con el temor a la pérdida de los instrumentos, las formas, conocidos que tenemos y utilizamos para ver y conocer la realidad. Con estos instrumentos nos sentimos seguros y capaces de continuar en nuestro aprendizaje.

El miedo al “ataque” proviene de los sentimientos de temor que se producen ante la des instrumentación vivida, la vulnerabilidad se acentúa ante la posibilidad de ser atacado por lo desconocido, quedando sin posibilidades de adaptación.

El miedo a la pérdida es el sentimiento de angustia por las herramientas que se pierden, el temor al ataque, el sentimiento de sentirse indefenso ante lo nuevo del medio: la tarea, resolver las situaciones estereotipadas (fijas, repetidas) que surgen y se intensifican ante la situación de aprendizaje. Nos enfrentamos con algo nuevo que hay que aprender, lo que implica que algo hay que abandonar. Cuando se está en el proceso de aprendizaje, surgen los obstáculos epistemofílicos, en relación a lo inconsciente, a aquello que está latente y sólo se manifiesta ante lo explícito, la tarea de reelaboración de conceptos teóricos.

En la dinámica grupal, contribuyen a la tarea todos los que están comprometidos en el grupo, cada uno desde su experiencia personal, por su forma de ser y la interrelación que se da ante ellos, se logra en un momento dado un pasaje de la situación estancada, de miedos, a la etapa de movimiento o dialéctica.

En ese movimiento dialéctico de indagación y esclarecimiento es que se puede avanzar de lo explícito a lo implícito. Lo explícito es lo que vemos, lo manifiesto y a partir de ello es posible pensar y trabajar, para llegar a lo latente, lo implícito. En este lugar implícito se encuentran los miedos básicos que operan como resistencia.

A partir de sus experiencias grupales, Enrique Pichón Riviere, observa la presencia de ciertos fenómenos, o situaciones redundantes. Al ordenar y repensar los mismos, surge lo que conocemos como es “esquema del cono invertido”. Que constituye una escala de evaluación de la interacción, del proceso grupal en un momento determinado, en un aquí y ahora. Este método de evaluación es operativo porque posibilita la evaluación del proceso para evaluar el aprendizaje, es decir dar cuenta de los cambios, las modificaciones cualitativas, en relación a la forma de vincularse de los sujetos del grupo.

Este esquema es representado por un cono invertido recorrido en su interior por una espiral, y atravesado por los siete vectores descriptos por Pichón. Los vectores son un concepto que la psicología toma de la matemática y la física, utilizado para representar las fuerzas con una dirección, un sentido y una intensidad. Se puede pensar que el cono es la representación de un campo de acción, donde a partir de las variables de análisis que son los vectores, es posible dar cuenta de cómo circula el intercambio entre los sujetos, y pensar tácticas de acción futura.

Este esquema puede aplicarse en relación a cualquier situación grupal, donde la evaluación de la interacción es importante y valiosa para pensar una estrategia de acción, para acompañar e incentivar el aprendizaje, o apropiación instrumental de la realidad para transformarla.

Los vectores que Pichón describe son: la afiliación, la pertenencia, cooperación, comunicación, aprendizaje, cooperación y telé. Los vectores están ordenados de manera tal que aparecen en forma cronológica y continuada, aunque no continua, pero sí en relación dialéctica.

En la materia Psicología Social, trabajamos sobre la comunicación y el aprendizaje, aquí desarrollaremos aquellos que marcan las diferencias en el estar en el grupo, por parte de los sujetos en cuanto al proceso del grupo.

AFILIACIÓN – PERTENENCIA:

Podemos definirlos en cuanto al “grado de ligazón que los integrantes tienen entre sí y con la tarea”. Es decir hacer referencia a la cohesión grupal.

Si recordamos los conceptos de serie y grupo, descriptos por J.P.Sartre, podremos decir que la afiliación se da en los momentos en que los sujetos aun se consideran “no” significativos entre ellos, la afiliación corresponde a un incipiente sentimiento de pertenencia, y va desde el momento de alteridad hasta la instancia en que algo de la identificación aparece aunque aun de bajo compromiso. Los otros no son totalmente indiferentes, pero todavía no son particularmente significativos.

Podríamos ejemplificar este vector, pensando en el momento en que un sujeto se “afilia” a un club de futbol donde comienza a asistir periódicamente. En un primer momento desea asistir, lo hace con cierta distancia, tratando de reconocer el lugar y a los demás asistentes, poco a poco logrará ir reconociéndolos por sus nombres o su desempeño y comenzará a sentir el deseo de asistir y ser parte del grupo con el que se identifica.

Si fuera posible utilizar una escala para medir estos vectores, la afiliación correspondería al “cero” como ausencia total de relación entre los integrantes. Así esta escala llegará a su punto máximo cuando el grupo se observa en estado de “aglutinamiento” e indiscriminación.

Siguiendo esta línea, la pertenencia implica un grado mayor de cohesión, de identificación con los otros. El objetivo es que los sujetos sean capaces de integrarse al grupo, planificar las acciones para concretar la tarea, ser parte del proceso grupal.

Podríamos pensar la pertenencia en etapas en relación a los organizadores grupales Tarea y Mutua representación interna. En la primera etapa, el grupo es vivenciado como impacto, por la co-presencia de la mirada de los otros. La situación de desconocimiento produce un elevado nivel de desconfianza, provocando resistencias que se manifiestan como imposibilidades de comunicarse, de parálisis o disociación como mecanismos para controlar la ansiedad. Es una etapa de autocentramiento, es decir el sujeto se encuentra mirándose a sí mismo y vive al grupo como preexistente, es decir como una “formación” previa a su llegada, sin sentirse parte del proceso de construirlo. La mutua representación interna, aun no existe y los roles no son claros, salvo la presencia del líder.

Una segunda etapa, se caracteriza por el inicio de la integración, donde la situación grupal es más conocida y los acercamientos se dan por subgrupos, hay mayor familiaridad entre los sujetos y comienzan a gestarse alianzas. Los mecanismos de control aún se observan, de manera menos extrema, y tomando la forma de enunciación de reglas o normas de funcionamiento. Si bien en la etapa anterior las necesidades son comunes (no en común, con los otros) es en esta instancia donde pueden ser escuchadas las necesidades del otro y registradas por lo menos como parecidas a las propias.

Todo esto pone de manifiesto cierta cohesión mayor, se vislumbra la “ilusión grupal” expresado en cierta euforia y con frases como “estamos muy bien en este grupo” “somos el mejor grupo” etc. Surge la posibilidad de un proyecto grupal, aumenta el compromiso y la autonomía, los sujetos del grupo van reconociendo sus potencialidades y limitaciones y así va conformándose la mutua representación interna.

La tercera etapa, a partir de la interacción sostenida, es el momento del fortalecimiento del proceso, y a partir del proyecto dar cuenta y trabajar sobre la “finitud” del grupo. Hay una imagen grupal de cada uno “síntesis policéntrica”, las necesidades han sido puestas en común, son necesidades compartidas y la tarea redefinida y asumida desde el mayor compromiso y protagonizada por los integrantes.

Podemos afirmar que junto con la integración se debe producir la desilusión y posibilitar un proceso de discriminación en el que cada uno se reconozca como sujeto portador de características diferentes, que en pos del aprendizaje logrado podrá llevarse consigo al momento que el tiempo grupal llegue a su fin.

COOPERACIÓN:

El aporte individual hecho a la tarea grupal, consiste en una contribución que se establece sobre la base de roles diferenciados.

En el planteo tradicional de la formación, hay un grupo o un sujeto que enseña y un grupo que aprende. La utilización de la técnica de Grupos operativos, propone desterrar esta dicotomía para asumir otro planteamiento del proceso de enseñar-aprender. Este reajuste en la manera de encarar la situación genera miedos y ansiedades que obstaculizan la tarea. Desde la psicología social apuntamos al proceso de aprendizaje mutuo y recíproco, a la relación dialéctica entre los sujetos desde el cual cada integrante puede reconocerse en sus conocimientos simples, para conformar juntos el pensamiento complejo como construcción científica. Es un punto clave, aquel en el que es posible admitir que “no sabemos”, sea desde los integrantes o desde el equipo, es manifestación de la posibilidad de renuncia a la omnipotencia del saberlo todo y reducción del narcisismo. Es la adopción de una actitud de indagación y de reconocimientos de los otros como importantes en mi proceso.

Lo importante en el camino del conocimiento y proceso grupal no es disponer de toda la información en relación al contenido temático o académico, sino poseer instrumentos para resolver los problemas propios de la interacción en el campo dinámicos de los grupos. Ante esta falta la interacción y COOPERACIÓN entre los sujetos permitirá aprehender esta instrumentación a partir de los aportes de cada uno y la construcción de una síntesis grupal, en intercambios problematizadores y no dilemáticos.

PERTINENCIA:

Consiste en la posibilidad de que el sujeto se centre e incluya en la tarea prescripta, y en el esclarecimiento de la misma. Esta situación es posible cuando los integrantes dan cuenta de un sentimiento de utilidad, y de centralidad sobre el trabajo a realizar de manera colectiva y cooperante.

La pertinencia será posible cuando la pertenencia y la cooperación se instalen, reconociéndola como parte necesaria del proceso de aprendizaje, vehiculizado por la comunicación. El código común en proceso de construcción o ajuste, da cuenta de la interrelación de los vectores al interior del acontecer del grupo.

TELÉ:

Es un término que Pichón Riviere toma de la conceptualización de Jacob Moreno, que expresa la disposición positiva o negativa para trabajar con cada miembro del grupo. Asi va generándose el “clima” grupal y se fundan los fenómenos transferenciales, que operan entre los integrantes en relación al equipo de coordinación. Uno de los objetivos del dispositivo es que cada integrante pueda hacerse cargo de las situaciones transferenciales que se tejen y sus efectos.

No debe confundirse la telé con la cooperación, la primera es una predisposición, ligada la primera impresión que el otro produce en mí. Mientras que la cooperación es el aporte efectivo para la concreción de la tarea. Aunque es válido destacar que si se produce la telé negativa la tarea se verá obstaculizada. Sin embargo una telé positiva, no garantiza un mejor rendimiento grupal, ya que el clima afectivo y cordial que ésta instituye, alberga y coexiste con las ansiedades y los miedos que también se manifiestan como resistencias.

Además de estos vectores Pichón describe la presencia de otros “universales grupales” o situaciones universales que rigen la vida de los grupos, y se tornaran operativos cuando, desde el equipo de coordinación, puedan ser captados, puestos a trabajar y pensados para la realización del proyecto grupal.

Fabiana Rodriguez.

Breve Guía para el Aprendizaje del Rol Observador de Grupos – Riviére-Quiroga

Comparto una guía muy útil para realizar una buena interpretación de una crónica de observación. Espero les sirva.

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Introducción

Este trabajo apunta a acompañar y ser referente en el proceso de aprendizaje para quienes se inician en la formación en la tarea de observación de grupos, particularmente cuando estos últimos son encuadrados desde la perspectiva teórico – técnica que uno de nosotros ha denominado grupo operativo. (E. Pichon – Riviére).

Por tanto, aunque se trate de un trabajo de aproximación al tema y un muy sintético – hasta podría decirse esquemático – ordenamiento de hechos que se suelen dar en el acontecer grupal y algunos de sus indicadores, está orientado a lograr una mayor comprensión de esos procesos, profundizado en un Esquema Conceptual, Referencial y Operativo, que da cuenta de las características y sentido de los mismos, privilegiando la relación de los grupos con sus objetivos (tarea).

La meta de profundización se cumplirá realmente en la medida en que se pueda articular esta guía inicial, con otras temáticas, por ejemplo: categorías de análisis de la interacción grupal (cono invertido) concepto de emergente, etc. (ver programa). Esa articulación y la práctica concreta del rol en un campo grupal permitirán, en un camino de aprendizaje, ir construyendo el modelo de mirada, de indagación del acontecer a observar.

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Algo sobre Psicología Social…

Les voy a dar un pantallazo sobre la carrera de Psicología Social: de qué trata y cuáles son las incumbencias… Yo estoy cursando en la modalidad “a distancia” y aunque parece complicada, la carrera se hace muy llevadera porque tenemos a nuestra disposición foros de comunicación para mantenernos en contacto constantemente con profesores y alumnos y cualquier consulta es respondida por cualquier miembro del grupo. Mi experiencia hasta ahora fue muy gratificante y la recomiendo por completo.

 

Sus Fundamentos:

La Psicología Social posee un sólido marco teórico y práctico que le permite a sus Operadores trabajar potenciando la acción y la producción creativa de las personas reunidas en distintos ámbitos, como el familiar, grupal, institucional, comunitario, (en todos los ámbitos donde haya interacción humana).

La sociedad en la que vivimos atraviesa por momentos de transformaciones vertiginosas. Está marcada por profundos cambios que implican la ruptura de esquemas y referentes previos con los consecuentes desequilibrios que sufren los sujetos en sus distintos grupos de pertenencia.

De ahí la importancia de conocer la compleja trama social para abordar sus conflictos y procesos de comunicación generando herramientas que favorezcan el logro de adaptaciones y transformaciones positivas. Las mismas se sustentan en el conocimiento de las necesidades propias y de la comunidad para encontrar los caminos que lleven a satisfacerlas.

Esto implica generar espacios de aprendizaje en los que se aprende a aprender y a pensar, transformándose para transformar. Promoviendo así el protagonismo y la participación activa de los sujetos en la sociedad, mejorando la calidad de vida.

Ejercicio Profesional:

El egresado podrá desempeñarse en forma independiente o en relación de dependencia en organismos Oficiales y/o Privados.

En campo de interacción entre sujetos con conflictivas diversas, en función de la promoción social, entre ellas:

· Coordinando y/u observando grupos en el área institucional, comunitaria y social. Trabajando en equipo con otros profesionales de la Salud, Educación, Promoción Comunitaria, Investigación Social y Cultural, etc.

· En situaciones de crisis, emergencia sociales y conflictos en grupos, instituciones y sectores de la comunidad.

· Operando en el área de la prevención en relación con áreas tales como: educación, tiempo libre, trabajo, hospitales, promoción y acción social.

· Colaborando y/o potenciando la producción en cualquier tipo de proceso comunicacional y de aprendizaje.

· Diseñar y realizar tareas de desarrollo social y prevención.

· Generando nuevas estrategias en las áreas de la problemática de la Psicología Social: Violencia familiar, Problemática del niño y el adolescente, Tercera edad ,Salud comunitaria, Capacitación laboral, Adicciones.

Bueno, esta fue una pequeña muestra de qué trata la carrera. Realmente es muy interesante y hay muchísimo material para leer. En los links de mi página de inicio van a encontrar algunos sitios con libros y documentos y por este medio voy a compartir lo que vayamos trabajando en la Escuela. Por cualquier duda o consulta, dejen un comentario que les responderé a la brevedad. ¡Saludos!