El secreto de la felicidad

 

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Fuente: http://mundoconsejos.com/la-felicidad-segun-mahatma-gandhi/

Comparto una nota publicada en el blog http://motivacion.about.com

Muchas personas se preguntan qué pueden hacer para ser más felices o cuál es el secreto de la felicidad, si es que existe algún secreto que puedan descubrir y poner en práctica para cambiar sus vidas y sentirse más satisfechos y felices.

Para alcanzar la felicidad, muchos tienden a mirar hacia el futuro, piensan en lo que no tienen y desearían tener, en cómo lograr ese objetivo les haría sentirse felices, y tratan de luchar con uñas y dientes por alcanzar esa meta que, supuestamente, traerá la felicidad a sus vidas.

Otros miran hacia el pasado, lamentando oportunidades perdidas, errores cometidos, culpándose y castigándose por no haber actuado de otra forma y pensando que, si lo hubieran hecho, ahora serían mucho más felices; de ese modo se torturan dando vueltas en su mente a sus errores pasados, aquellos que ya nunca podrán cambiar.

El problema es que la felicidad no existe ni en el futuro ni en el pasado. Es un estado emocional, un estado interno, que solo puedes sentir en el presente. Puedes recordar un suceso pasado que fue positivo y sentirte contento al recordarlo, pero esa felicidad la estás sintiendo ahora, la vives ahora, la experimentas en el momento presente, no en el pasado, y eso es lo que le da valor, lo que la hace real y lo que todo el mundo busca cuando afirma que quiere ser feliz.

¿Existe el secreto de la felicidad?

En realidad sí que parece existir, o al menos eso es lo que nos dicen los investigadores que han estudiado este tema. Y lo mejor de todo es que el secreto de la felicidad es algo muy simple y está al alcance de cualquiera, en todo momento o situación.

Lo que los investigadores han visto es que la felicidad de las personas aumenta cuando suceden cambios importantes en sus vidas, como iniciar una relación de pareja, conseguir el trabajo deseado o hacer ese ansiado viaje al extranjero pero, con el tiempo, el nivel de felicidad vuelve a ser el mismo de antes del cambio para la mayoría de las personas. Sin embargo, no era así para todos. Hay algunas personas que sí parecen conocer el secreto de la felicidad. Estas personas buscan activamente y experimentan esos cambios en sus vidas pero, lo más importante, saben apreciar lo que tienen durante mucho más tiempo que los demás y no empiezan a desear otras cosas enseguida. Cuanto antes te hartes de lo que tienes ahora en tu vida (en tu momento presente) y empieces a desear cosas nuevas, menos feliz serás.

En un estudio realizado por la Universidad de California entrevistaron a 481 personas acerca de su felicidad. Aquellos que experimentaron un cambio positivo en sus vidas se sintieron más felices. Sin embargo, tan solo seis semanas después, sus niveles de felicidad volvían a ser los mismos de antes. Por tanto, si crees que alcanzar eso que tanto deseas te traerá la felicidad, piensa que es posible que así sea, pero también es posible que esa felicidad que deseas te dure tan solo seis semanas, a no ser que seas capaz de seguir apreciando, valorando y siendo consciente de lo que tienes conforme pase el tiempo. Eso solo se consigue viviendo en el presente, disfrutando de lo positivo que existe en tu vida y no ocupando demasiado tiempo en soñar con algo mejor.

Por supuesto, esto no significa que no haya que tener sueños, ni desear cambios. No olvidemos que son esos cambios y experiencias positivas los que hacen que aumente la felicidad, pero para mantenerla solo tienes dos opciones: o buscas un cambio importante cada seis semanas (algo que puede ser muy estresante para muchos y probablemente bastante complicado para la mayoría) o aprendes a valorar lo que tienes durante el mayor tiempo posible.

En la investigación de la Universidad de California, la mayoría de las personas estudiadas se acostumbran a ese cambio que les ha hecho felices y “dejan de ser felices porque siguen queriendo más y aumentando sus estándares o porque el cambio ha dejado de aportarles nuevas experiencias positivas. Por ejemplo, dejan de hacer cosas divertidas con su nuevo novio y empiezan a desear que fuese más atractivo”. Pero unos pocos eran capaces de apreciar lo que tenían y continuar teniendo nuevas experiencias. Eran, por ejemplo, aquellos que seguían haciendo cosas nuevas y divertidas con sus parejas, en vez de acostumbrarse a un estatus quo en la relación y empezar a preocuparse por lo que falta, como hacen aquellos que no son capaces de mantener ese aumento de la felicidad que sintieron en un principio.

En gran parte, esto se debe a una actitud pasiva respecto a la propia felicidad. Cuando sucede un cambio positivo en tu vida que te hace feliz, no puedes esperar que tu felicidad siga igual sin hacer nada para mantenerla, sino que has de tener una actitud activa, encontrando la manera de experimentar cada día de un modo nuevo eso que has conseguido y apreciar cada día lo que te aporta. Tanto si se trata de una relación nueva como de una casa nueva, si quieres mantener la felicidad que te aportan, deberás disfrutarlas, tener con tu pareja o en esa casa todas las experiencias que puedas y no compararte con lo que tienen los demás.

Fuente: http://motivacion.about.com/od/psicologia_positiva/a/El-Secreto-De-La-Felicidad.htm

La dicha de la vida consiste en tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar.

– Thomas Chalmers

Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace.

– Jean Paul Sartre

La felicidad es interior, no exterior; por lo tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos.

– Henry Van Dyke

Mi felicidad consiste en que sé apreciar lo que tengo y no deseo con exceso lo que no tengo.

– Leon Tolstoi

La felicidad es la certeza de no sentirse perdido.

– Jorge Bucay

La suprema felicidad de la vida es saber que eres amado por ti mismo o, más exactamente, a pesar de ti mismo.

– Victor Hugo

La felicidad de cada uno no consiste en esto ni en aquello sino en conseguir y gozar cada uno de lo que le gusta.

– Baltasar Gracián

Felicidad es el sueño del amor y tristeza su despertar.

– Madame Basta

La felicidad es no tener que pensar en ella.

– Séneca

La felicidad para mi consiste en gozar de buena salud, en dormir sin miedo y despertarme sin angustia.

– Françoise Sagan

Decide ahora mismo ser feliz porque la felicidad es una adquisición.

– Facundo Cabral

La felicidad es amor, no otra cosa. El que sabe amar es feliz.

– Hermann Hesse

Fuente: http://pensamientos.cc/pensamientos-del-significado-de-la-felicidad/

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¿Por qué hay gente que se sacrifica por los demás? 4.096 estrategias para ser bueno o malo

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Arrastramos la idea decimonónica de que la especie humana es una suerte de carnicería darwinista con salpicaduras hobbesianas, ya sabéis, el hombre es un lobo para el hombre, y demás. Sin embargo, la biología y la neurociencia nos está aportando cada vez más pruebas de que esto no es del todo cierto.

El ser humano es un lobo si el contexto le empuja a serlo. Sin embargo, de forma natural, el ser humano tiende a ser cooperador y altruista (aunque los motivos que puedan subyacer a este comportamiento sean egoístas; esto ya es harina de otro costal).

Una de las razones de que tendamos a la cooperación es que poseemos una empatía muy desarrollada, gracias a las neuronas espejo que, como vimos, se desarrollan al poco de haber nacido. Por otra parte, nuestra tendencia a ser animales sociales provoca que cuidemos sobremanera nuestra reputación: de ella depende la imagen que los demás se formarán de nosotros y, por ende, nuestra supervivencia en el grupo.

Calculando la bondad y la maldad

En un mundo simplificado, solo hay dos tipos de reputación, la buena y la mala. Frente a ello podemos actuar de cuatro formas distintas: pensar que el otro siempre es bueno, que el otro siempre es malo, que es malo si da y bueno si no da, y, finalmente, que es bueno si da y malo si no da. Solamente la última opción puede conducir a la cooperación basada en la buena reputación.

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No obstante, el mundo es mucho más complicado. Por ejemplo, también debemos tener en cuenta la reputación del receptor, de forma que pueda considerarse bueno negarse a ayudar a una mala persona. Tal y como explica Martin A. Nowak, profesor de Biología y Matemáticas en la Universidad de Harvard y director del Programa para Dinámicas Evolutivas, en su libro Supercooperadores:

Las reglas de segundo orden son dieciséis. También hay reglas de tercer orden, que dependen adicionalmente de la valoración del donante (después de todo, una persona con una reputación pobre podría intentar “comprar” a una buena siendo más generosa con los que tienen buena reputación”. Y así sucesivamente. En total, hay 256 reglas de tercer orden.

La cosa no se queda aquí, y se puede volver maquiavélicamente compleja si añadimos la decisión final, ayudar o no al prójimo, la llamada “regla de acción”, en función de la puntuación del receptor y de la propia (hay cuatro combinatorias posibles de las dos puntuaciones y, en consecuencia, existen diecisiete reglas de acción).

Por ejemplo, podemos decidir prestar ayuda si la puntuación del receptor es buena, o si la propia puntuación es mala. Es decir, podemos decidir ayudar a otro para incrementar nuestras posibilidades de ser ayudados en el futuro por el receptor o por otras personas que sepan de nuestra reputación.

Una estrategia posible es la combinación de una regla de acción y de una regla de evaluación. Dado lo anterior, obtenemos 16 veces 256, lo que resulta en 4.096 estrategias […] Ohtsuki e Iwasa analizaron las 4.096 posibles estrategias y probaron que solamente ocho de ellas son evolutivamente estables y pueden conducir a la cooperación. Las estrategias dominantes comparten ciertas características: la cooperación con una buena persona se considera buena, mientras que la deserción respecto de una buena persona se considera mala.

¿Sólo se reproducen los malos?

Ya Charles Darwin mostraba su preocupación por el hecho de que, en función de la lógica evolutiva, los egoístas se reproducirían más que los altruistas, compasivos y benevolentes, de modo que siempre habría más egoístas que altruistas. El que está dispuesto a sacrificar su vida por los demás, por ejemplo, tendrá menos probabilidades de reproducirse que los que quedan vivos.

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Pero las cosas no son exactamente así si introducimos el factor “reputación”. Las personas que se sacrifican por los demás adquieren mayor reputación, que se traduce en más regalos y admiración del sexo opuesto. De este modo, la selección natural podría favorecer la cooperación: grupos con normas sociales significativas superarían en competición a otros grupos.

Algunos biólogos consideran que la selección de grupo no es posible, pero, a medida que transcurre el tiempo, el rechazo a esta idea se ha ido flexibilizando. A esta teoría se la llama selección multinivel:

Para que se dé la selección de grupo se precisa competición entre grupos y algo de coherencia grupal. Diferentes grupos tienen diferentes aptitudes, según la proporción de altruistas que incluyan. Si el 80 % de un grupo es altruista, lo hace mejor que un grupo que solamente dispone de un 20 % de altruistas. De manera que mientras la selección en el interior de grupos favorece el egoísmo, estos grupos con muchos altruistas obtienen mejores resultados. Pero, como es natural, la extensión de la selección de grupos depende de importantes detalles, como la migración y coherencia del grupo. Dicho esto, la selección natural puede de verdad operar a niveles diferentes, desde el gen hasta grupos emparentados hasta especies y quizás incluso más allá.

Fuente: http://www.xatakaciencia.com/genetica/por-que-hay-gente-que-se-sacrifica-por-los-demas-4-096-estrategias-para-ser-bueno-o-malo?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+xatakaciencia+%28Xataciencia%29

‘Olvídate de mí’ es real: podremos borrar y restaurar recuerdos

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En la película Olvídate de mí, obra maestra pergeñada por la iconoclasta mente de Charlie Kaufman, se plantea la posibilidad de borrar selectivamente recuerdos luctuosos como, por ejemplo, a una ex que nos ha hecho trizas el corazón. En la película no se profundizaba apenas sobre la tecnología empleada para conseguir tal cosa, más bien era la excusa para explicar una historia, casi el Deus ex machina.

Sin embargo, los recientes avances en neurociencia podrían hacer realidad la premisa de Olvídate de mí. Sobre todo a raíz de un nuevo estudio pionero llevado a cabo por investigadores de la Universidad de California, que borraron y luego reactivaron recuerdos mediante la estimulación de las neuronas en los cerebros de ratas genéticamente modificadas con una serie de pulsos de luz.

Borrando el trauma

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El médico y farmacólogo escocés James W. Black desarrolló el propranolol en la década de 1960. La invención del propranolol fue recibida como el mayor avance en la lucha contra las enfermedades cardíacas desde el descubrimiento de las propiedades de la Digitalis purpurea en el siglo XVIII. Recibió el premio Nobel de Medicina en 1988 “por el descubrimiento de importantes principios en el tratamiento con fármacos”.

Pero también servía para borrar el dolor de un recuerdo. Al parecer, dicha sustancia, un beta-bloqueante que neutraliza los efectos de las hormonas del estrés, no eliminaba los sucesos de nuestra memoria, pero sí sus peores efectos: las trazas emocionales. Así pues, se continuaría recordando el hecho, pero no el dolor que nos provoca. Después de todo, el propranolol resulta más efectivo que la técnica empleada en Olvídate de mí, pues al eliminar todo lo que le recuerde a su pareja, el protagonista también borraba los buenos recuerdos. Propranolol sólo borraría el trauma y dejaría el poso.

Consumido por millones de hipertensos en el mundo, el propranolol actúa sobre los receptores beta-adrenérgicos de la amígdala (estructura cerebral relacionada con el aprendizaje emocional y la modulación de la memoria) durante el procesamiento de información emocional, como sugirieron Merel Kindt y sus colegas del Departamento de Psicología Clínica de la Universidad de Amsterdam en un estudio publicado en la revista Nature Neuroscience. Su hipótesis fue que propranolol puede que “interrumpa la síntesis de proteínas de la memoria amigdalar del miedo, provocando la alteración de ese recuerdo”.

Borrando y restaurando recuerdos

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Ahora nos llega el primer estudio, publicado en la revista Nature y dirigido por el neurocientífico Roberto Manilow (Universidad de California), que sugiere directamente que el fortalecimiento o debilitamiento de las sinapsis es la base fundamental para la memoria, y que por tanto podríamos borrar o recordar de nuevo cualquier recuerdo. No solo sus trazas emocionales, sino el recuerdo por entero, como si nunca hubiese ocurrido. Tal y como ha señalado Manilow:

Podemos formar un recuerdo, borrarlo y luego reactivarlo, a voluntad, aplicando un estímulo que selectivamente refuerza o debilita las conexiones sinápticas (entre neuronas).

El estudio, de momento, solo se ha realizado en ratas modificadas genéticamente para que sus células cerebrales produjeran una proteína sensible a la luz que podría ser activada por un pulso de luz emitido por una fibra óptica implantada en el cerebro. A continuación, les enseñaron a asociar estímulos luminosos sobre estas células nerviosas con descargas eléctricas y dolorosas en sus patas. Las ratas, de esta forma, aprendieron a tener miedo a los estímulos luminosos. Este aprendizaje se produjo en parte por el fortalecimiento de ciertas conexiones sinápticas, así que las debilitaron con unos impulsos luminosos distintos.

Finalmente, las ratas olvidaron asociar la luz con el dolor, es decir, que olvidaron tener miedo. Como Juan Sin Miedo. Lo más interesante es que el proceso es reversible: reactivaron el recuerdo del dolor y las ratas volvieron a tener miedo a las descargas, aunque no hubieran sufrido de nuevo el dolor.

Si los resultados obtenidos se logran reproducir, quizás su metodología podría servir para estudiar algunos mecanismos para fortalecer las conexiones sinápticas en personas que sufren Alzheimer.

Fuente: http://www.xatakaciencia.com/psicologia/olvidate-de-mi-es-real-podremos-borrar-y-restaurar-recuerdos?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+xatakaciencia+%28Xataciencia%29

Los perros de terapia – El poder de la terapia asistida con animales (TAA)

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Cuando yo estaba en la universidad mis compañeros y yo organizamos un evento que sabíamos relajaría a los estudiantes durante la peor temporada del año, cuando era hora de tomar esos exámenes decisivos que podían ser el punto clave para aprobar la materia. Durante su tiempo libre, los estudiantes venían a una habitación en la residencia estudiantil donde vivíamos en el Distrito Financiero de Manhattan. En la habitación los esperaban perros tranquilos y socializados, a quienes ellos podían acariciar sin temor. Durante el tiempo que los estudiantes pasaban con los perros no había que pensar en exámenes y deberes, solo en el hecho de estar junto a un animal cariñoso y calmado. El evento fue todo un éxito.

Muchos son los beneficios de tener un perro. Por eso no extraña que los perros puedan ser de gran ayuda al ser humano y participar en sesiones terapéuticas. La terapia asistida con animales (TAA) es una forma de terapia que consiste de un animal (perro, gato, pájaro, etc.) ayudando de alguna forma a un ser humano a sentirse o desenvolverse mejor. Los perros y otros animales de terapia mejoran la calidad de vida de los seres humanos. Esto animales son sobre todo indispensables para aliviar el proceso curativo de las personas.

El trabajo de los perros de terapia

Han habido casos de psicólogos que utilizan perros de terapia en sus sesiones profesionales. Pero usualmente un perro de terapia suele ser un perro normal, un animal de compañía, que junto a su humano, o guía, ha recibido el entrenamiento requerido según una organización de calidad y reputación para proveer servicios en facilidades de salud, comunitarias, educacionales y de servicio social. Estos perros además acuden a lugares de desastres para ayudar a las víctimas a curar emocionalmente.

El perro y su guía trabajan de manera gratuita, como voluntarios cuyo único objetivo es ayudar. Las actividades que llevan a cabo pueden variar, desde visitas a una biblioteca donde los niños leen un libro y por lo tanto se relajan y se sienten mejor mientras están junto al perro de terapia o ir a un hospital donde los pacientes acarician al perro.

Los beneficios que brindan los perros de terapia

Aprendizaje. Ayuda en el aprendizaje y lectura en niños que se sienten más calmados y hasta seguros de sí mismos en presencia de un animal que los escucha con paciencia.

Desarrollo social. Gracias a estos perros los niños pueden desarrollar cierto nivel de empatía hacia los animales y las personas, evitando o mejorando así comportamiento tan desagradable con el bullying.

Nivel psicológico y emocional. Los animales proveen alivio de estrés y dolor emocional en pacientes, personas de la tercera edad y gente que está sobrellevando algún problema.

Los perros de terapia y los momentos de crisis.

En momentos desastrosos y devastadores como los ataques del 11 de septiembre y el huracán Katrina, los perros de terapia han estado presentes. Ellos han brindado apoyo y ayuda en momentos de crisis. Su presencia es fija, paciente y libre de estrés, mostrando que en momentos cruciales como estos es posible mantener la calma y encontrar apoyo.

La diferencia entre un perro de terapia y un perro de asistencia

Un perro de terapia ha sido certificado para trabajar de voluntario junto a su humano en centros y cuya presencia enriquece las vidas de las personas a quienes visita. Es distinto a un perro de asistencia. Este último es un perro entrenado para hacer actividades específicas porque su humano tiene una incapacidad, ya sea física o mental; por ejemplo, personas que sufren de ceguera o epilepsia. Puede acompañar a su humano adondequiera que va, incluso a lugares donde no aceptan perros como restaurantes y hoteles.

Esta de más decir que no es nada ético hacer pasar a un perro de terapia como perro de asistencia. Tampoco es adecuado preguntarle a alguien qué tipo de perro de asistencia tiene. Sería como preguntarle, “¿Tú de que mal sufres?’’

Los perros que califican para ser perros de terapia

Un dueño interesado en brindar tiempo, por poco que sea, para ayudar a los demás podría certificar a su can para que sea un perro de terapia. Es importante que el perro esté socializado, que no sea tímido, nervioso, hiperactivo ni agresivo, que no ladre excesivamente ni tenga costumbres como saltarle encima a las personas. No tiene que ser extrovertido, pero sí aceptar que lo toquen, que le hablen y jueguen con él. Tiene que ser un perro a quien le guste estar con las personas y con otros perros.

Qué puedes hacer si quieres certificar a tu perro como perro de terapia

Tu perro debe calificar como perro de terapia, por lo que socializar a tu perro desde temprana edad es lo primordial. Esto no solo contribuirá para que sea un perro de terapia, sino para que sea un perro feliz, equilibrado, libre de miedos o agresividad.

Un perro de terapia y su humano o guía primero deben ser entrenados profesionalmente y certificados como equipo para que puedan participar. Por lo tanto, lo segundo es encontrar un organización donde certificar a tu perro. La Fundación Good Dog, por ejemplo, ofrece servicios de terapia asistida con animales en Nueva York, Nueva Jersey, Connecticut y Massachusetts y otros lugares de los Estados Unidos. Tras una evaluación inicial para denominar cómo se comporta el perro, la relación que existe entre él y su dueño y otros factores, el perro y su dueño pueden ser invitados a inscribirse en clases de terapia. Las clases duran unas 11 semanas y el dueño del perro debe pagar una cuota para inscribirse. Tras completar las clases exitosamente el equipo asiste y trabaja voluntariamente, brindando unas horas a la semana o al mes, en unos de los centros donde se ofrece terapia asistida con animales.

Las organizaciones para certificar a un perro de terapia

Si tienes tiempo, motivación, quieres hacer una diferencia en tu entorno y piensas que tu perro califica como perro de terapia averigua si existe una organización como Good Dog en tu comunidad. Investiga a fondo y comunícate con ellos. Una organización de buena reputación te invitará a una evaluación inicial y si tu perro califica, podrás inscribirte en una clase para la certificación. Es importante que la organización que elijas ofrezca entrenamiento y apoyo profesional a fondo y que requiera que te inscribas junto a tu perro en entrenamiento terapéutico. No debes fiarte de una organización que simplemente te da el sí. Tu perro y tú necesitarán de profesionales con años de experiencia. Los perros de terapia y sus dueños se exponen a muchas situaciones, por lo que además es necesario que la organización ofrezca algún tipo de seguro que los proteja cuando estén trabajando como voluntarios.

Los beneficios de certificar a tu perro

Además de ayudar a gente que de verdad lo necesita, esa será una experiencia que solo fortalecerá el vínculo que te une a tu perro. Estarás participando junto a tu perro por una buena causa, lo estarás socializando y sacando a que conozca al mundo y haga algo por la sociedad. Definitivamente será una oportunidad grandiosa, que te hará sentir muy bien y que no tiene precio.

Fuente: http://perros.about.com/od/Leyessobreperros/a/losperrosdeterapia.htm

¿Es útil desahogarse si estamos enfadados?

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Una de las ideas más arraigadas en la cultura popular, sobre todo a raíz del estreno de películas, es que la forma más adecuada de reconducir la ira o el enfado es a través de una catarsis en forma de golpes, patadas o un ejercicio físico considerable. De ese modo, agotándonos, sudando, y poniendo en marcha todos nuestros músculos, parece que nos desahogamos, que la ira disminuye, que la paz llega a nosotros. Si estás enfadado, busca un punching ball, en definitiva.

Otra variable a esta catarsis es gritar con todas nuestras fuerzas, gritar hasta que los planetas cambien de órbita. O dejándonos atrapar por el arte: quizá escribiendo toda nuestra frustración. Pero ¿hasta qué punto esta idea tiene algún sustento científico?

La verdad es que la grioterapia o la destructoterapia tienen más de mito que de ciencia. De hecho, más bien es al contrario. Diversos estudios llevados a cabo desde 1959 sugieren que dar rienda suelta a la ira, uno acaba sintiéndose peor, como éste. El más célebre sociólogo que se ha pronunciado al respecto de ello se realizó es Albert Bandura, conocido por el experimento del muñeco Bobo, que sugería como la agresión es aprendida por la imitación.

Según Bandura, expresar la ira puede reforzar sin quererlo tendencias agresivas. Incluso si simplemente salimos a correr porque estamos enojados con algo y necesitamos sacarlo fuera. Incluso si uno cree que realmente se siente mejor después. Lo cual puede ser cierto a corto plazo, pero ello no resuelve el problema, y a largo plazo no reduce la agresividad.

Lo cierto es que estos temas son difíciles de desentrañar y la literatura científica al respecto acostumbra a ser contradictoria, porque a menudo no se controlan todas las variables. Pero en lo tocante a airear la ira, en general, los psicólogos tienden a cierto consenso en su falta de utilidad. Parece más útil tratar de relajarse, contar hasta diez, enfrentarse a los problemas con temple.

 

Fuente: http://www.xatakaciencia.com/psicologia/es-util-desahogarse-si-estamos-enfadados?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+xatakaciencia+%28Xataciencia%29

Jugar al Tetris durante tres minutos reduce los antojos de comida y alcohol

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Algunas personas calman su ansiedad o segregan adrenalina poniendo su vida en peligro, como los que se lanzaron con traje aerodinámico para filmar el Cristo de Corcovado. Pero la mayoría de nosotros somos de sofá, y si hacemos algo espectacular es a través de un videojuego. Aunque sea al Tetris. Porque una singular investigación realizada por el estudiante de doctorado Jessica Skorka-Brown, junto a profesores Jackie Andrade y Jon May, de la Universidad de Plymouth, sugiere que la estimulación visual proporcionada por el videojuego Tetris puede reducir los antojos de alimentos, cigarrillos y alcohol. La investigación se publica en la revista científica Appetite.

Tetris, pues, obra en parte como un coach o la vocecita de nuestra conciencia a fin de proporcionarnos un añadido de fuerza de voluntad. Aunque lo que de verdad ocurre es que Tetris nos distrae y consigue que sintamos que tomamos el control de nosotros mismos.

En el estudio, se les pidió a los participantes (119) que detallaran sus antojos, así como una valoración de la ansiedad respecto al mismo. A continuación, un grupo luego jugó Tetris. Un segundo grupo se sentó frente a una pantalla y se dijo que se estaba tratando descargar el videojuego, pero finalmente no jugaron.

Después de sólo tres minutos, se les pidió los participantes que calificaran de nuevo sus antojos. Los que jugaron a Tetris experimentaron antojos 24% más débiles que los que no lo hicieron. Jackie Andrade lo explica así:

Sentir control es una parte importante de mantenerse motivado, y jugando Tetris se puede potencialmente ayudar a la persona a conservar el control cuando la ansiedad hace acto de presencia.

Además, los investigadores apuntan que al ganar o pasar de nivel, el cerebro nos recompensa como si hubiésemos ingerido algún alimento. Estos hallazgos podrían ofrecer una solución fácil y rápida para las personas que están intentando seguir una dieta para perder peso o bien que están tratando de dejar de fumar o de beber.

Fuente: http://www.xatakaciencia.com/psicologia/jugar-al-tetris-durante-tres-minutos-reduce-los-antojos-de-comida-y-alcohol?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+xatakaciencia+%28Xataciencia%29

¿La venganza es un alivio?

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Alrededor de la venganza se aglutina mucho conocimiento popular, del tipo “la venganza es un plato que se sirve frío” u “ojo por ojo, diente por diente” hasta el “alégrame el día” de Harry el Sucio. Pero ¿qué nos dicen los estudios sobre la venganza al respecto? ¿Realmente resulta una tarea satisfactoria? ¿Alivia o resulta improductiva? ¿La venganza es dulce?

Lo que indica la investigación al respecto, sin embargo, parece indicar que, si bien la venganza resulta dulce mientras se planea, su consecución no reporta beneficios destacables, lo que confirmaría lo de que la venganza es un plato que se sirve frío.

Evolutivamente, parece que la venganza ha nacido más como un mecanismo de control social de la comunidad que de satisfacción individual. Quien se venga está realizando una suerte de castigo altruista, sacrifica su bienestar con objeto de penalizar a quien se ha comportado mal. Un estudio realizado en Suiza y publicado en la revista Science parece corroborar esta hipótesis.

Investigadores de la Universidad de Zúrich realizaron con diversos voluntarios un juego con dinero real en el que se forzaba a que uno de los participantes traicionara al grupo, rompiera la baraja social. Al escanear sus cerebros, se observó que mientras aplicaban las medidas punitivas al traidor social se activaban en su cerebro las áreas relativas a los mecanismos de recompensa. Dominique de Quervain, director del experimento, lo explica así:

El hecho de que la gente encuentre placer en castigar las malas acciones ajenas puede que sea un mecanismo evolutivo que se generó hace miles de años. Cuando aún no existían organizaciones encargadas de impartir justicia, la venganza era un arma necesaria para la supervivencia.

En el plano individual, no colectivo, la venganza no produce un beneficio. Lo que sucede realmente es que al evitar la venganza, contribuimos a olvidar el agravio sufrido, trivializándolo, mientras que si nos vengamos, ya no será algo trivial, y no lo podremos olvidar, a pesar de que hayamos hecho pagar a quien nos causó un daño. Además, la venganza puede llegar a producirnos remordimientos, porque en ocasiones resulta más cruenta que el daño sufrido.

Dejar pasar el tiempo facilita que nos olvidemos del agravio, e incluso que nos reconciliemos con el agraviador, tal y como han explicado Crombag, Rassin y Horselenberg en su estudio International Journal of Offender Therapy and Comparative Criminology. Algo que ocurre en realidad en la mayoría de casos: solemos tener fantasías de venganza, pero la venganza raramente se lleva a la práctica. Por eso disfrutamos tanto de novelas como El conde de Montecristo o de películas como Venganza. Es nuestra forma de catarsis.

Con todo, muchos seguimos vengándonos como si de tal forma pudiéramos calmar nuestro dolor, como un náufrago que se muere de sed y debe beber agua de mar. Tal y como afirmaba el experto en leyes Donald Black en su influyente artículo El crimen como control social, casi todo lo que llamamos crimen es, desde el punto de vista del perpetrador, búsqueda de justicia.

Sólo una minoría de los homicidios se comenten con una finalidad práctica. Los criminólogos suelen barajar el 10 %. El 90 % restante de homicidios, pues, son de carácter moral. Es decir: celos, venganza y defensa propia. Individuos que se vengan pero que finalmente no logran, al parecer en la mayoría de los casos, calmar su dolor.

Fuente: http://www.xatakaciencia.com/psicologia/la-venganza-es-un-alivio?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+xatakaciencia+%28Xataciencia%29